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Tres imágenes que ilustran la tensión en Brasil antes del Mundial (BBC Mundo)

Gerardo Lissardy

BBC Mundo, Brasil

30 Mayo 2014

Maracaná

Las imágenes de esta semana difieren radicalmente del mensaje oficial respecto del Mundial.

Tres imágenes de Brasil esta semana parecieron convertir en un abismo la distancia que separa la realidad de algunos mensajes oficiales sobre el Mundial que comienza en 13 días.

Una de ellas mostró a un grupo de profesores en huelga rodeando el autobús de la selección brasileña en Río de Janeiro el lunes, reclamando por los costos astronómicos de la Copa. Otra imagen salió de Brasilia cuando policías a caballo lanzaron gas lacrimógeno a activistas anti-Mundial e indígenas con arcos y flechas cerca del moderno estadio mundialista.

La tercera apareció en las redes sociales: un texto compartido por la directora ejecutiva del Comité Organizador Local (COL) de la Copa diciendo que “lo que había de ser gastado, robado, ya fue”.

¿Qué dicen estas imágenes acerca del Mundial que llega a Brasil?

1. Falla de seguridad

Profesores en huelga protestan frente al bus de la selección de Brasil

El cerco de manifestantes al bus de la selección brasileña fue considerado una falla de seguridad

De pronto, decenas de manifestantes rodearon el vehículo, lo tapizaron de adhesivos con reclamos gremiales y algunos llegaron a golpearlo. La situación demoró varios minutos el avance del bus.

La protesta buscó mostrar “el tamaño de la crisis que existe en Brasil en relación a la educación”, declaró allí Vera Nepomuceno, miembro del sindicato de profesores de Río. Uno de los gritos de los manifestantes decía que “un educador vale más que Neymar”.

Pero la escena también expuso fallas en el operativo de seguridad montado para proteger a las estrellas verde-amarelas, que fue fácilmente vulnerado por los docentes.

“El sistema de seguridad no esperaba semejante osadía por parte de los manifestantes”, dijo Paulo Storani, experto en seguridad pública y exdirector del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) de Río, a BBC Mundo.

Este hecho llevó al gobierno de Dilma Rousseff a pedir al Ejército que asuma la seguridad de aeropuertos, hoteles y calles donde pasarán las 32 selecciones del Mundial, informó el jueves el diario O Globo.

Los ministros de Rousseff insisten en que los extranjeros que vengan a la Copa estarán seguros.

Pero Storiani sostuvo que la imagen de esta semana fue preocupante. “Si hubiera alguna manifestación que pueda llegar a algo próximo o peor de lo que ocurrió el lunes, hay posibilidades de crear una crisis en la Copa, porque es lógico que cualquier delegación extranjera va a exigir un mínimo de seguridad”, indicó.

2. Gases, arcos y flechas

Indígena apunta su arco y flecha en una protesta en Brasilia

Una imagen impensable a días del Mundial en Brasil

Cuando Brasil fue elegido en 2007 como sede del Mundial de este año, sus autoridades esperaban que el evento proyectase al planeta la imagen de un país pujante y en desarrollo.

Pero la foto que salió el martes de Brasilia, con policías montados lanzando gases lacrimógenos a activistas anti-Copa e indígenas apuntando con arcos y flechas a los uniformados, muestra otra cosa.

Fue una de las tantas protestas de grupos sociales en Brasil por los US$11.000 millones que costó organizar el Mundial. Y los indígenas, que estaban en la capital para oponerse a un proyecto que cambia las reglas de demarcación de sus tierras, se unieron en el momento a la marcha.

La confrontación ocurrió cuando más de 1.000 manifestantes intentaron acercarse al Estadio Nacional de Brasilia y la policía lo impidió con gases lacrimógenos.

En medio de la confusión, algunos indígenas llegaron a lanzar flechas, una de las cuales hirió levemente a un policía.

Los incidentes obligaron a cancelar la exhibición de la Copa del Mundo en el estadio, el cual tendrá un costo cercano a US$850 millones, cerca del triple de lo proyectado inicialmente.

“Brasil fue muy ingenuo con el Mundial: se creía que sólo iba a ganar”, dijo Renzo Taddei, un antropólogo de la Universidad Federal de São Paulo especializado en conflictos sociales.

Pero agregó que imágenes como las del martes en Brasilia muestran otra cosa y, respecto a los indígenas, exponen un viejo conflicto acerca de sus derechos “que nunca se resolvió”.

3. Copa y corrupción

El mensaje en Instagram

Este mensaje en Instagram desató un debate.

Esta imagen de un texto contra las protestas en el Mundial apareció en la red social Instagram y rápidamente se volvió viral y polémica.

Quien la publicó en su cuenta personal el martes fue Joana Havelange, directora ejecutiva del COL del Mundial, nieta del expresidente de la FIFA Joao Havelange e hija del expresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Teixeira.

“Lo que había de ser gastado, robado, ya fue. Si era para protestar, tenía que haberse hecho antes”, se lee en un pasaje del texto.

La controversia por la referencia a robos llevó a un diputado estatal de Río, Marcelo Freixo, a solicitar al Ministerio Público que exija explicaciones a Havelange.

El COL indicó luego que la autoría de la carta no habría sido de su directora y ésta negó vía internet que haya prestado atención a la frase sobre los robos, que negó compartir y retiró del texto.

Pero la imagen del texto inicial rozó un nervio sensible en un país donde muchos creen que el Mundial fue aprovechado por corruptos y descreen del discurso oficial sobre el “legado” del evento.

“Cualquiera que haya acompañado la Copa sabe que la probabilidad de tener mucho robo de recursos públicos en esas obras de infraestructura y demás es muy alta”, dijo Claudio Abramo, director ejecutivo de Transparencia Brasil.

Abramo señaló que el COL no manejó dinero público para el Mundial, pero dijo que “por la posición que ocupa tal vez (Havelange) sepa cosas que sería bueno que explicase”.

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Índios e policiais se enfrentam em estádio da Copa em Brasília (AFP)

Por Por Yana MARULL | AFP – 27 mai 2014

27 de maio – Brasília, Brasil – Os manifestantes fizeram um ato em frente à rodoviária e, em seguida, decidiram seguir em direção ao estádio com uma taça alternativa da Copa do Mundo para substituir o troféu original, que está em exibição em Brasília, na área externa da arena.

A polícia dispersou com bombas de gás lacrimogênio um protesto pacífico contra a Copa de indígenas e movimentos sociais, nesta terça-feira, em frente ao estádio Mané Garrincha, que vai ser o palco de vários jogos do Mundial em Brasília, constatou a AFP.

A apenas 16 dias do início da competição, policiais da tropa de choque lançaram gases contra cerca de mil manifestantes, inclusive idosos e crianças, para impedir que se aproximassem do estádio.

Alguns manifestantes responderam atirando pedras contra os cerca de 500 agentes que cercavam o estádio.

Pouco antes, cerca de quinhentos chefes indígenas de cem etnias de todo o Brasil – inclusive o cacique Raoni, de 84 anos, um ícone da defesa da Amazônia – subiram no teto do Congresso para reivindicar políticas para seus povos.

“Subir no Congresso foi um ato de coragem, demonstração de que somos guerreiros e defendemos nossos direitos”, disse à AFP Tamalui Kuikuru, da região do Xingu, no Mato Grosso (centro-oeste).

Os índios, que estavam pintados, usando plumas, arcos e flechas tradicionais, desceram pacificamente do teto do Congresso logo depois, percorreram a Esplanada dos Ministérios e, em seguida, juntaram-se às centenas de manifestantes contrários à Copa e ao movimento dos sem-teto que marchavam na direção do estádio.

Duzentos policiais acompanham o protesto e o mesmo número resguarda o estádio Mané Garrincha, onde está o troféu da Copa, em exibição para o público nas cidades sede antes do torneio.

“A Copa é para quem? Não é para nós!”, clamava um manifestante com um alto-falante. “Não quero a Copa, quero esse dinheiro para a saúde e a educação”, gritava.

O protesto acontece em um contexto de protestos contra a Copa do Mundo e greves em vários setores às vésperas do Mundial, que se estenderá entre 12 de junho e 13 de julho.

Uma greve de motoristas de ônibus paralisou nesta terça Salvador (nordeste), uma das 12 cidades-sede da Copa, e o policiamento foi reforçado para garantir a segurança das unidades em circulação.

– “Espantar o mal” –

Em Brasília, os indígenas iniciaram seu protesto com orações tradicionais, ao ritmo de chocalhos, na Praça dos Três Poderes, cercada pelo Palácio do Planalto – sede da Presidência -, pelo Congresso e pelo Supremo Tribunal Federal.

Alguns mais velhos usavam fumaça para “espantar o mal”, explicaram à AFP.

“Antes de fazer a Copa do Mundo, o Brasil devia pensar melhor na saúde, na educação, na moradia. Vemos manifestações dos povos: não se gastam tantos milhões para um evento que não traz benefícios”, disse o indígena Neguinho Truká, da etnia Truká de Pernambuco (nordeste), com um cocar tradicional de plumas azuis e vermelhas na cabeça.

Os indígenas multiplicaram seus protestos na capital durante o governo da presidente Dilma Rousseff, a quem acusam de deter a demarcação de suas terras ancestrais e de favorecer os grandes agricultores.

 

– Onda de greves –

O Brasil foi sacudido por uma onda de protestos em junho do ano passado, durante a Copa das Confederações, contra os elevados gastos públicos nos estádios.

Os protestos, que continuaram durante meses, embora com menos intensidade, têm sido mais vinculados nas últimas semanas a movimentos sociais organizados, de sindicatos a partidos radicais de esquerda, ONGs críticas ao Mundial, o Movimento de Camponeses Sem-terra ou os Sem-teto.

Vários setores, de policiais a professores, passando pelos motoristas de ônibus de várias cidades como Rio, São Paulo, Salvador e São Luís do Maranhão, têm aproveitado a proximidade da Copa para pedir aumentos salariais e fazer greves.

Os trabalhadores do metrô de São Paulo, que transporta diariamente 4,5 milhões de pessoas, devem votar nesta terça-feira se entram em greve. “O mais provável é que aprovemos a greve. Só teríamos que definir a data”, declarou à AFP um porta-voz do sindicato.

Os motoristas de ônibus de São Paulo fizeram uma greve de dois dias na semana passada, que afetou mais de um milhão de pessoas e provocou engarrafamentos gigantescos.

Os professores da rede de ensino público do município e do estado do Rio também estão em greve e na segunda-feira, 200 deles bloquearam rapidamente a saída do ônibus que transportava a seleção brasileira até a concentração, em Teresópolis. “Não vai ter Copa; vai ter greve”, diziam alguns cartazes.

Trabalhadores dos setores de transporte e saúde do Rio de Janeiro também estudavam entrar em greve. Os vigilantes bancários do Rio estão paralisados há quase um mês.

Índice de suicídios entre indígenas no MS é o maior em 28 anos (Combate Racismo Ambiental)

Por , 23/05/2014 14:06

Por Carolina Fasolo, de Brasília (DF), no Cimi

No dia 3 de abril, quando amanheceu em uma aldeia Guarani-Kaiowá, localizada no sul do estado de Mato Grosso do Sul, a mãe de três filhos abriu a porta de casa e paralisou ao ver o corpo frágil de sua menina mais nova suspenso pelo lençol, amarrado à árvore por um nó que parecia firme. No dia anterior, a garota havia completado 13 anos.

“A mãe disse que ela chegou da escola muito triste e reclamando de dores na cabeça”, conta Otoniel, liderança Guarani-Kaiowá. “Depois que todos foram dormir ela amarrou o lençol na árvore e se matou. Um primo dela de 12 anos tinha se enforcado uma semana antes. E uns dias depois que ela morreu outro adolescente, de 16 anos, também se suicidou na mesma aldeia. Fui até lá para saber o que estava acontecendo”.

Os três enforcamentos em menos de duas semanas fazem parte de uma estatística que no ano de 2013 ganhou contornos históricos. Foram contabilizados 73 casos de suicídios entre os indígenas de Mato Grosso do Sul. De acordo com registros do Conselho Indigenista Missionário (Cimi), é o maior número em 28 anos. Os dados, apurados pelo Distrito Sanitário Especial Indígena (DSEI/MS), constam no Relatório de Violência Contra os Povos Indígenas no Brasil, a ser divulgado pelo Cimi em junho.

Dos 73 indígenas mortos, 72 eram do povo Guarani-Kaiowá, a maioria com idade entre 15 e 30 anos. Otoniel acredita que o motivo de tantos jovens cometerem suicídio é a falta de perspectiva. “Não têm futuro, não têm respeito, não têm trabalho e nem terra pra plantar e viver. Escolhem morrer porque na verdade já estão mortos por dentro”.

O procurador da República Marco Antônio Delfino de Almeida, do Ministério Público Federal (MPF) em Dourados (MS), explica que as oportunidades de trabalho para os indígenas são praticamente restritas a atividades subalternas degradantes, como o corte da cana-de-açúcar. “Temos escolas indígenas, mas o modelo educacional não foi construído para a comunidade, existe apenas uma ‘casca indígena’, que não contempla a inserção do jovem no processo produtivo”, completa. 

“A discriminação e o ódio étnico, condutas incentivadas inclusive pelos meios de comunicação, acentuam sobremaneira o problema dos suicídios. Os indígenas são pintados como entraves, empecilhos, obstáculos ao desenvolvimento. É como se a mídia passasse a mensagem ‘Se você quer ficar bem, tire o índio do seu caminho’, ressalta o procurador.

13 anos, 684 suicídios

No período de 1986 a 1997, foram registradas 244 mortes por suicídio entre os Guarani-Kaiowá de MS, número que praticamente triplicou na última década. De 2000 a 2013 foram 684 casos.

“As atuais condições de vida desses indígenas, que desembocam em estatísticas assombrosas de violência, têm origem num processo histórico”, explica Marco Antonio Delfino. “O que aconteceu foi uma transferência brutal, por parte da União, de territórios indígenas para não índios”.

A transferência se deu, principalmente, pelo então Serviço de Proteção ao Índio (SPI) que demarcou, entre 1915 e 1928, oito pequenas reservas no sul do estado para onde diferentes povos indígenas foram obrigados a migrar. “As reservas demarcadas serviam como um depósito gigantesco de mão de obra a ser utilizada conforme os interesses econômicos. Todo o processo de confinamento indígena teve como finalidade sua utilização como mão de obra para os projetos agrícolas implantados no país, desde a cultura da erva-mate até recentemente, com a cana-de-açúcar”, completa o procurador.

O confinamento compulsório, com a sobreposição de aldeias distintas e de dinâmicas político-religiosas peculiares, acirrou o conflito dentro das reservas, alterando profundamente as formas de organização social, econômica e cultural dos indígenas, o que resultou em índices alarmantes de superpopulação, miséria e violência nestes espaços.

Definida pela vice-procuradora-geral da República, Deborah Duprat, como “a maior tragédia conhecida na questão indígena em todo o mundo”, a Reserva Indígena de Dourados é um dos exemplos mais contundentes desse processo histórico. Encravada no perímetro urbano do município, na Reserva vivem hoje mais de 13 mil indígenas em 3,6 hectares de terra. É a maior densidade populacional entre todas as comunidades tradicionais do país, e onde aconteceram 18 dos 73 casos de suicídio no estado em 2013.

“Hoje enfrentamos uma carência extremamente aguda de políticas públicas. Desde 2009 existem discussões para implantar um Centro de Atenção Psicossocial Indígena em Durados mas, por enquanto, não foi adotada nenhuma medida concreta para sua construção”, diz Marco Antonio Delfino. “A impressão que se tem é que as pessoas perderam o controle sobre o monstro que criaram, que são essas reservas. Então, fica nesse jogo de empurra-empurra, sempre com soluções paliativas. Precisamos reconhecer e reparar os erros cometidos para que existam soluções efetivas. O primeiro passo é demarcar os territórios usurpados dos indígenas”, conclui o procurador.

‘We Don’t Want to Die Again’: Yanomami Leader Kopenawa (Indian Country Today Media Network)

Courtesy Survival International. Davi Kopenawa, a Yanomami shaman, who has been fighting for his peoples rights for more than 20 years will be in California in April to speak about protecting the rainforest and his spiritual life. Kopenawa is seen here surrounded by Yanomami children.

5/16/14

“It’s very important to talk to everybody here. We don’t want what happened 500 years ago to happen again. We, the Yanomami people, don’t want to die again,” said Davi Kopenawa in an interview with ICTMN at the end of April.

Kopenawa, an internationally known advocate for the Yanomami people of Brazil and the rainforest, was in San Francisco at the end of April to meet with activists, scholars and political officials to alert them to an escalating crisis involving gold miners in Yanomami territory and to speak about his book “The Falling Sky.”

For the interview on April 25th, Kopenawa sat down with ICTMN along with his interpreter and friend, Fiona Watson, Research Director for Survival Internationaland longtime ally of the Yanomami and other indigenous peoples of Brazil.

During the 35 minute conversation Kopenawa began by asserting how dangerous the gold mining operations have been for the people and the environment in their territory.

“The gold miners are people with lots of vices. They bring alcohol, they bring illnesses. They couldn’t find jobs in the cities and got no help from the government and the only thing they want to do is get gold from Indigenous Peoples territories. They have spread all over our land.

“The gold miners (garimpeiros) only work in the rivers,” he explained. “They use mercury to clean and separate the gold from the sand. When they wash the gold with mercury, the mercury sinks to the bottom of the river bed. The communities who live downstream use this water for drinking, washing and bathing. The fish also swallow mercury when they are eating which in turn affects the people who eat the fish. So the Yanomami get ill from mercury poisoning. That’s how the mercury contaminates our place.”

Kopenawa also emphasized that there are laws currently being proposed in Brazil that would make it easier for miners and others to invade indigenous territories. Watson noted that the indigenous communities and their allies such as SI are very worried about three potential laws in particular: PEC 215 is a constitutional amendment that would allow congress, which has members influenced by a strong anti-indigenous lobby, to be involved with demarcation of land; Portaria 303 which would prohibit extending any indigenous territory and that indigenous rights to use their resources would not extend to preventing large scale hydro-electric and mining projects; and Law Project 1610 would open up all indigenous territories to large scale mining (and there were already hundreds of petitions to start mining in Yanomani territory).

“I will talk about these things,” Kopenawa said in regards to his then upcoming presentations (he later spoke with California Governor Jerry Brown about the mining issues).

“I want to talk about the concerns of the Yanomami people. We are beginning to get nervous and sad because the government is preparing to invade our territory even though it is demarcated and recognized by law.”

He stated that his book, “The Falling Sky,” explains those concerns and how the Yanomami are guardians of their region of the earth.

“It is important to explain this to the city people who know about their land and mountains and places but we Yanomami needed a book to explain things to white people so they would know our story. We are guardians of the knowledge of our region of earth, of the mountains and the rivers. For us, the forest is a thing of great beauty and it is our story. Some white people think that the Yanomami know nothing, so for this reason I thought about writing a book about the traditional knowledge of the Yanomami, my people.”

At the end of the interview, Kopenawa re-iterated his principal message to the people of the United States.

“All we Indigenous Peoples in Brazil are very worried because of the project to mine in the Yanomami’s territory and in the territories of other indigenous brothers and sisters. We Yanomami people don’t want mining because we don’t want to suffer and die of the white peoples’ diseases. Mining will not bring positive benefits to the Indigenous Peoples. It will only bring a lot of diseases and problems and fights with the indigenous people. For this reason all we Indigenous Peoples are against mining.

“I, Davi Kopenawa Yanomami, an indigenous leader, ask for support from the American people not to allow mining to start in the Yanomami territory. I would like you to help to defend the lungs of the earth. I thank you for your strength. Thank you very much.”

Read more athttp://indiancountrytodaymedianetwork.com/2014/05/16/yanomami-leader-kopenawa-we-dont-want-die-again-154849

From Amazon to Garden State (CBS)

http://www.cbsnews.com/videos/from-amazon-to-garden-state

MAY 11, 2014, 9:53 AM|David Good’s mother grew up in a remote village in the Amazon jungle. After meeting an American anthropologist, she moved to New Jersey and started a family. After she decided to return to her village, her son made an extraordinary trip to reconnect with her. Steve Hartman reports.

Jardim Botânico do Rio lança livro de plantas medicinais em tribo no Acre (EFE)

sáb, 17 de mai de 2014

Janaína Quinet.

Rio de Janeiro, 17 mai (EFE).- O Instituto de Pesquisa do Jardim Botânico do Rio de Janeiro (IJBRJ) e a Editora Dantes lançaram nesta semana o livro “Una Isi Kayawa, Livro da Cura”, que documenta o conhecimento medicinal do povo Huni Kuin do Rio Jordão, no Acre.

O trabalho que durou cerca de dois anos e meio foi realizado através de pesquisas e oficinas com os pajés das 33 aldeias das três terras indígenas Kaxinawá, que, que se estendem pelo Rio Jordão.

Comandado pelo pesquisador do JBRJ, Alexandre Quinet, e com o apoio do Coordenador do Centro Nacional da Conservação da Flora Brasileira do Instituto de Pesquisa do Jardim Botânico, Gustavo Martinelli, o livro conta com 109 espécies de plantas com a descrição de seus usos medicinais em português e em “hatxa kuin”, língua falada na tribo.

A identificação do material botânico foi feita com a colaboração de 21 taxonomistas de instituições brasileiras e internacionais. A obra apresenta, além do conhecimento científico das plantas, a cultura do povo Huni Kuin por meio de relatos e desenhos, desde seus hábitos alimentares e artesanato como também as suas concepções espirituais.

Por conta do lançamento, foi organizada na Aldeia São Joaquim uma grande festa, reunindo a maior parte dos pajés das 33 aldeias, que realizaram seus rituais com a “nixi pae” (ayhausca) e rapé de tabaco. Todos vestiram suas roupas tradicionais, enfeitaram-se com seus cocares e, com urucum e jenipapo, desenharam em seus corpos os “kenes”, representações gráficas de conceitos sagrados.

Durante a entrega dos livros aos pajés de cada aldeia, Quinet declarou que o livro “é um registro fiel do que foi dito pelos pajés.

“Esse foi um processo todo participativo. Nós fomos apenas os costureiros. Essas palavras são de vocês, vocês são os autores e protagonistas deste livro feito por vocês e para vocês”, disse.

Já Martinelli afirmou que o acolhimento que o povo lhe proporcionou foi o melhor que ele recebeu em todas as suas viagens.

“Desde a primeira vez que eu vim aqui, nunca tinha me sentido tão bem acolhido. As pessoas estavam aqui me saudando, e nunca vou esquecer esse momento. Por isso eu quis retribuir, colaborando ao máximo para concretização desse projeto”, explicou.

Anna Dantes, que editou o livro acompanhando sua realização desde as oficinas, coordenando a tradução dos textos em “hatxa kuin” e selecionando com eles os desenhos, exaltou a iniciativa.

“Trabalho com a edição de livros há mais de 20 anos, para mim isso é pegar um sonho e fazer com que ele alcance outras pessoas. O livro vai durar mais tempo que a gente, o livro fica na história”, argumentou.

Ela ainda explicou que, para apresentar um conteúdo tão rico, foi criada uma fonte tipográfica a partir das letras manuscritas em cadernos, placas dos parques e quadros negros.

A fonte foi usada para a escrita do “hatxa kuin” e para todas as informações de autoria Huni Kuin no livro. Além disso, o papel utilizado na impressão é resistente e pode ser molhado, já que é feito de garrafas de plástico recicladas. O objetivo é que ele possa resistir às condições úmidas e permeáveis da floresta.

A realização deste livro é a concretização do sonho do pajé Agostinho Manduca Mateus Inka Muru.

Durante 20 anos, ele realizou a missão de reunir seu povo que estava disperso, de resgatar sua cultura, com seus cânticos, rituais, pinturas, tecelagem, desenhos, alimentos, histórias e lendas. Ele desejava perpetuar todo esse conhecimento em um livro, “como os brancos”, dizia ele, para que os mais jovens não esquecessem e pudessem passar adiante as tradições e a cultura Huni Kuin.

Dias após a realização da última oficina, tendo encaminhado sua missão de transmissão de conhecimento, enquanto terminava suas recomendações para o livro, o Pajé Ika Muru morreu nos braços de seus filhos. EFE

Um surto etnológico (OESP)

30 de abril de 2014 | 2h 07

Roberto Damatta – O Estado de S.Paulo

Um escritor advertia que o personagem central de um texto é o leitor. Sigo o conselho e explico o meu título: surto significa arrebatamento, transporte, rapto. Etnológico diz respeito ao estudo de sociedades tidas como “selvagens” ou “primitivas” porque não tinham escrita, desconheciam uma tecnologia onipotentemente destrutiva, sua sabedoria estava na cabeça de um punhado de idosos e, eis um escândalo: não cobriam seus corpos.

Discutiu-se se tinham alma e imaginou-se que habitavam uma variante do Éden, mas a convivência – essa rotina que transforma presidentes em donos de quitanda e deputados em canalhas logo mostrou que os “primitivos” eram humanos como nós e, como dizia Mark Twain, não pode haver nada pior do que ser um homem.

Surtado, perambulei pelas minhas notas de campo, escritas entre 1961 e a primeira quadra de 1970, quando vivi intermitentemente nas aldeias dos povos gaviões e apinaiés, falantes da língua jê. Na estação atual da minha vida, senti saudade de mim mesmo e fui em busca dos meus 20 e poucos anos, quando tinha uma letra bonita; e não havia experimentado sofrimento, morte e perigo. Sabia de sua existência, mas essas coisas não tocavam meu coração (que era maior do que o mundo) nem os planos de marcar a profissão que abracei com entusiasmo inocente e alucinado.

Queria descobrir se eu havia deixado passar em branco aquilo que meus colegas mais jovens haviam elaborado debaixo da liderança intelectual de Eduardo Viveiros de Castro, a quem eu dedico essa pequena memória.

Viveiros de Castro é um raro mestre pensador. Num ensaio de grande alcance intelectual, ele formulou uma relação que havia passado despercebida, a saber: no universo dos indígenas americanos, o denominador comum entre os seres vivos não era a natureza, mas a cultura.

Para nós, a humanidade é o centro definitivo e absoluto de consciência e vontade, mas não é assim entre os índios. Para eles, ser humano é um modo de ser entre outros. Talvez seja o mais visível, mas não é o mais central ou definitivo como dizem as cosmologias mais conhecidas e mais influentes, as quais asseveram que o ato final da criação são os humanos. Entre os ameríndios não há sete dias que culminam no Homem. Há uma multidão de narrativas reveladoras que as diferenças entre homens, bichos e plantas não é de substância.

Vejam o contraste. Do nosso ponto de vista, a sociedade humana é a herdeira de toda a criação. Homens, animais e plantas se unem pela sua “natureza” física. No mais, são radicalmente diferenciados, pois foi apenas a humanidade que recebeu o sopro divino.

Entre os “índios”, porém, a humanidade é um modo de ser, estar e perceber, entre outros. Eduardo Viveiros de Castro cunhou o conceito de “perspectivismo” para designar esses outros modos de enxergar a vida. Os mortos, os animais, as plantas e os fenômenos naturais seriam outras formas ou possibilidades de vivenciar a subjetividade que não seria algo exclusivo do humano.

Neste sentido, os mitos não são criações destinadas a explicar o inexplicável. São testemunhos de que somos parte de um imenso todo capaz de se comunicar o qual, em momentos memoráveis, se dividiu em entidades com uma aparência diferenciada, mas todas dotadas da capacidade de comunicação. Como pode adivinhar o leitor, tal reencontro se faz por meio de rituais ou em situações especiais – acima de tudo quando o ser (seja humano ou bicho) passa por um estado de extremada individualidade e solidão.

Consultando e lendo minhas notas de décadas passadas, colhidas na obstinação dos meus verdes anos, encontro muitas informações sobre animais. Esses atores fundamentais dos mitos que logram ou são logrados por algum humano e que, os meus professores nativos, repetiam para ouvidos moucos que eles eram iguais a nós e nos doaram o que sabemos.

Hoje, graças ao trabalho de Tania S. Lima, Aparecida Vilaça e Carlos Fausto – revejo meus dados e descubro como sol e lua, as estrelas, o sapo, os morcegos, o beija-flor e outros bichos são como nós e nós como eles. Eis um universo absolutamente relacional. Nele, ninguém tem o direito de ultrapassar um certo limite porque não há limites, mas modos de ser. Quanto a nós, que inventamos e legitimamos a “civilização” através da tecnologia (do uso dos talheres à bomba atômica), há muito vazamos todas as fronteiras.

Afinal, somos inventores e compradores de automóveis e, pior que isso, de refinarias.

(Se o surto continuar, eu continuo na próxima semana.)

Indígenas dos Estados Unidos exigem limpeza do pior lixão nuclear do Projeto Manhattan (IPS)

24/4/2014 – 01h33

por Michelle Tolson, da IPS

cartel Indígenas dos Estados Unidos exigem limpeza do pior lixão nuclear do Projeto Manhattan

Nação Yakama, Estados Unidos, 24/4/2014 – Executivos, políticos e funcionários do Departamento de Energia dos Estados Unidos discutiam como alertar as gerações que viverão dentro de 125 mil anos sobre o lixo radioativo de Hanford, o local mais contaminado do país, localizado no extremo noroeste. “Eu lhes direi como”, interrompeu o nativo Russell Jim.

“Olharam entre si e depois para mim. Então lhes disse: estamos aqui desde o começo dos tempos, por isso também estaremos nessa oportunidade. Aí se deram conta de que tinham um problema nas mãos”, conta à IPS este homem de 78 anos que faz parte do povo yakama. Com suas longas tranças, Jim é uma figura impactante. Dirige o Programa de Recuperação Ambiental e Manejo de Resíduos (ERWM) das tribos yakama e permanece tranquilamente sentado em seu escritório nas áridas terras da Nação Yakama.

A reserva, situada no sudeste do Estado de Washington, tem 486 mil hectares, dez mil integrantes de tribos reconhecidas federalmente e cerca de 12 mil cavalos selvagens vagando pelas desertas estepes. É o que resta de um território de quase cinco milhões de hectares que, em 1855, os yakamas tiveram que ceder pela força ao governo norte-americano, e está a apenas 32 quilômetros do complexo nuclear de Hanford.

Embora a corrida armamentista nuclear tenha terminado em 1989, o lixo radioativo é a herança deixada em diferentes lugares deste país pelo Projeto Manhattan. Hanford, em particular, começou a operar em 1943. Aqui foi produzido o plutônio da bomba atômica que os Estados Unidos lançaram sobre a cidade japonesa de Nagasaki, em 1945. Chegou a ter nove reatores e cinco grandes complexos para processar esse metal pesado. Hoje está quase totalmente desmantelado. Mas segue contendo e vazando radioatividade muito prejudicial.

Os yakamas conseguiram evitar que seus pesqueiros ancestrais se convertessem em depósitos de resíduos procedentes de outros lugares, invocando o tratado de 1855 que lhes assegura acesso aos seus “lugares usuais e costumeiros”. Mas Hanford está longe de ser um ambiente são, apesar da promessa de limpeza feita pelo Departamento de Energia. “O governo está tentando reclassificar o lixo como de ‘baixa radioatividade’. Querem deixá-lo aqui e enterrá-lo em lixões quase superficiais. Mas os cientistas dizem que é preciso enterrar a grande profundidade”, afirmou Jim.

Tom Carpenter, da organização Hanford Challenge, explicou à IPS que esta “é uma batalha para que os federais cumpram sua promessa de retirar o lixo pelo Estado de Washington e pelas tribos. Há 67,5 quilômetros de faixas cavadas de 4,5 metros de largura por seis metros de profundidade, sem revestimento e cheias de caixas e frascos de resíduos”. Além disso, há 177 tanques subterrâneos de lixo radioativo e seis deles apresentam vazamentos. Supõe-se que quando se detecta um vazamento os resíduos devem ser retirados no prazo de 24 horas ou quando for “praticável”. Mas as empresas contratadas dizem que não há espaço suficiente.

Três denunciantes que trabalhavam nas tarefas de limpeza expressaram suas preocupações e foram demitidos. A denúncia foi divulgada por uma emissora local, mas os grandes meios de comunicação a ignoram, como fazem com a luta dos yakamas. “Antes tínhamos um encarregado de imprensa, mas o Departamento de Energia disse que não precisávamos dele porque está tudo bem”, contou Jim. O ERWM é financiado por esse Departamento, mas perdeu 80% dos fundos após um corte federal.

Naturalmente, não está tudo bem. Os sedimentos radioativos chegaram às camadas subterrâneas e dali ao rio Colúmbia. Alguns vazamentos estão a pouco mais de cem metros do curso de água, onde as tribos têm acesso ao monumento nacional Hanford Reach. Esta reserva natural, uma área de amortização do complexo nuclear, é a maior área de desova do salmão real no rio Colúmbia.

O governo do Estado de Washington informa que a água subterrânea contaminada com urânio, estrôncio 90 e cromo já entrou no curso do rio. “No leito do rio há cerca de 150 fluxos de água subterrânea de Hanford entre as quais nadam os salmões jovens”, pontuou Jim. “Helen Caldicott (fundadora da organização Médicos Pela Responsabilidade Social) nos disse, em 1997, que se comêssemos pescado do Colúmbia morreríamos”, acrescentou.

lider Indígenas dos Estados Unidos exigem limpeza do pior lixão nuclear do Projeto ManhattanA consultora ambiental dos yakamas, Callei Ridolfi, afirmou à IPS que a dieta desses indígenas contém entre 150 e 519 gramas de pescado por dia, quase o dobro do ingerido por outras tribos e muito mais do que a população geral. Por isso têm possibilidade de um em 50 contrair câncer pela ingestão de pescado de espécies não migratórias. Já o salmão, que passa a maior parte de sua vida no oceano, é menos afetado. Segundo um estudo publicado em 2002 pela Agência de Proteção Ambiental sobre os contaminantes que afetam os peixes da região, o esturjão e o coregono-de-montanha eram os que apresentavam maiores concentrações de bifenil policlorado (PCB).

No ano passado, os Estados de Washington e Oregon recomendaram limitar a uma vez na semana o consumo de peixes residentes em uma faixa do Colúmbia onde há várias represas, devido à contaminação com PCB. “Os lubrificantes com PCB foram usados durante anos nos transformadores, sobretudo em represas hidrelétricas”, disse à IPS o administrador de pesca da Comissão Intertribal de Pesca do Rio Colúmbia, Mike Matylewich.

Embora a recomendação não incluísse Hanford Reach, onde não há represas, Jim duvida de sua segurança. “O Departamento de Energia disse ao Congresso que o corredor do rio está limpo. Não está, mas eles temem ser processados”, afirmou este homem que sobreviveu a um câncer. Sua tribo nunca foi indenizada pelos vazamentos radioativos ocorridos entre 1944 e 1971 e que chegaram a 6,3 milhões de curies de netúnio-239. O toxicologista Steven G. Gilbert, da Médicos Pela Responsabilidade Social, assegura que falta transparência e informação sobre a limpeza de Hanford, que é um “enorme problema”.

Dos nove reatores nucleares, oito foram desativados. Mas a geradora elétrica da Energy Northwest, de 1.175 megawatts, ainda funciona. “Muita gente não sabe que há um reator nuclear que continua funcionando. E é do mesmo tipo que o de Fukushima, no Japão”, pontuou Gilbert.

Em meio a esta disputa estão as tribos, que são nações soberanas. Russell Jim afirma que frequentemente se comete o erro de descrevê-las como “partes interessadas”, quando são governos separados. “Fomos a única tribo a denunciar a questão nuclear e testemunhar em um subcomitê do Senado em 1980. Em 1982, solicitamos o statusde tribo afetada. Os umatillas e os nez percés nos seguiram mais tarde”, observou.

A cadeia montanhosa Yucca Mountain, no Estado de Nevada, foi designada pelo Congresso como lugar de armazenamento provisório dos resíduos de Hanford e outros complexos nucleares, mas o presidente Barack Obama eliminou o plano. Duas tribos dessa região, os paiutes do sul e os shoshones ocidentais, também se declararam afetadas. A Planta-Piloto de Isolamento de Resíduos (WIPP) do Estado do Novo México, foi então destinada a receber o lixo de Hanford, mas depois de um incêndio em fevereiro isso já não é mais possível.

O Boletim de Cientistas Atômicos expressou, no dia 23 de março, sua preocupação porque não há lugares onde armazenar esses perigosos dejetos. Os Estados Unidos têm as maiores existências do mundo de combustível nuclear usado, cinco vezes mais do que a Rússia. “O melhor material para armazená-lo é o granito, abundante no nordeste. Um local ideal fica a 48 quilômetros da capital, mas isso está fora de consideração” por sua proximidade com a Casa Branca, apontou Jim, com um sorriso mordaz. Mas esse veterano líder nativo não pensa em se render. “Nós somos os únicos que não podemos sair daqui”, enfatizou. Envolverde/IPS

(IPS)

A Via Sacra dos índios (Diário do Amazonas/Taqui Pra Ti)

José Ribamar Bessa Freire

20/04/2014 – Diário do Amazonas

A Semana do Índio celebrada nas escolas do Brasil coincidiu este ano com a Semana Santa, quando o mundo cristão rememora a paixão e morte de Cristo. Em Brasília, na Esplanada dos Ministérios, a II Bienal Brasil do Livro e da Leitura programou no sábado de aleluia, Dia do Índio, o seminário Narrativas Contemporâneas da História do Brasil. Numa das mesas, no Auditório Jorge Amado, a índia Fernanda Kaingang, advogada com mestrado em Direito Público, debate as desigualdades sociais no Brasil com Muniz Sodré, Afonso Celso e este locutor que vos fala.

Qual é o índio celebrado cada ano, em abril, que emerge nas narrativas da história do Brasil? O índio de Pero Vaz de Caminha que permanece no imaginário dos brasileiros? Aquele escravizado pelos bandeirantes ou o catequizado pelos missionários? O índio da senadora Kátia Abreu e do agronegócio “obstáculo ao progresso”? Ou o das descrições etnográficas dos antropólogos, que nos ensina que outro mundo é possível? O “índio atrasado” ou o que acumulou sofisticados saberes? A vítima do colonialismo ou o combatente que resistiu?

Afinal, qual o pedaço de nós que comemoramos no Dia do Índio? Ou ele não é parte de nós? No século XVI, na polêmica com o advogado Sepúlveda, Bartolomeu De Las Casas afirmou que durante todo o período colonial milhares de Cristos foram crucificados na América, sem a esperança da ressurreição. Testemunha da dor, do sofrimento e da resistência dos índios, Las Casas descreve o trajeto seguido por eles carregando a cruz numa via sacra dolorosa, que vai do Pretório Ibérico até o Calvário, de 1492 aos dias atuais.

As Estações

Logo na 1ª Estação, o índio é condenado à morte. Colombo e Cabral que aqui desembarcam com a cruz, perguntam às Coroas Ibéricas: “O que faço com o índio?” Aqueles que querem se apropriar das terras indígenas gritam: “Que o crucifiquem”. Os reis lavam as mãos e através de leis e ordenações do Reino, entregam o índio aos seus súditos.

Despojado de suas terras, escravizado, na 2ª Estação, o índio começa a carregar a cruz às costas, num processo que não terminou. Las Casas registra a invasão das aldeias, o massacre e a prisão dos índios nas chamadas ‘guerras justas’: “Oh! Grande Deus e Senhor, como podiam ser escravizados de ‘forma justa’ estando em suas próprias terras e em suas casas sem fazer mal a ninguém?”.

Na 3ª Estação, o índio cai pela primeira vez, numa jornada de trabalho que dura até 18 horas diárias, segundo Las Casas que detalha o recrutamento de menores e mulheres gestantes, os acidentes de trabalho, os castigos físicos, as doenças, a alimentação insuficiente: “E até mesmo as bestas costumam ter um tempinho de liberdade para pastarem no campo e os nossos espanhóis nem sequer isto concediam aos índios”.

O encontro com a Mãe acontece na 4ª Estação. A Mãe Terra, que dá vida aos seres do universo, símbolo da fecundidade e da biodiversidade, tem sua alma transpassada por uma espada. Matas devastadas, minas escavadas em busca de metais preciosos, rios poluídos, animais, plantas e gente exterminados: a Mãe Terra é ferida de morte. Acontece a maior catástrofe demográfica da histórica da humanidade: nunca um continente foi esvaziado tão rapidamente como a América, escrevem os demógrafos da Escola de Berkeley.

A cruz pesa em demasia. Na 5ª Estação, os soldados obrigam Simão de Cirene, do Norte da África, a ajudar a carregar a cruz, ao lado do Negro oriundo do mesmo continente. Com o rosto ensanguentado, sujo, cansado e cheio de escarros, na 6ª Estação o índio espera que apareça uma Verônica para enxugá-lo, para deixar a imagem da coroa de espinhos gravada no lenço. Em vão. Como no poema “Los dados eternos”, de César Vallejo, vem a justificativa: “Tu no tienes Marias que se ván“.

Eliminar da História

Na 7ª Estação o índio, esgotado, cai pela segunda vez, depois das novas investidas dos bandeirantes, cujo modus operandi é descrito por Raposo Tavares em depoimento ao padre Vieira“Nós damos uma descarga cerrada de tiros: muitos caem mortos, outros fogem. Invadimos, então, a aldeia. Agarramos tudo o que necessitamos e levamos para as nossas canoas. Se as canoas deles forem melhores que as nossas, nós nos apropriamos delas, para continuar a viagem”.

As mulheres de Belém estavam na 8ª Estação, ao lado de Maria Quitéria de Jesus, a baiana heroína da Guerra da Independência, que depois recebeu o título de Patrona dos Oficiais do Exército Brasileiro. No encontro com o índio, as mulheres paraenses e até Maria Quitéria, embora sendo de Jesus, não choraram por ele, mas por elas mesmas e por seus filhos.

Na 9ª Estação, a terceira queda sob o peso da cruz ocorre, quando Paulo de Frontin, presidente da Comissão do Quarto Centenário do Descobrimento do Brasil, em 1900, no seu discurso oficial de abertura, declara:

“O Brasil não é o índio; os selvícolas, esparsos, ainda abundam nas nossas magestosas florestas e em nada differem dos seus ascendentes de 400 anos atrás; não são nem podem ser considerados parte integrante da nossa nacionalidade; a esta cabe assimilá-los e, não o conseguindo, eliminá-los”.

As cinco últimas estações da via sacra, a caminho do Calvário, se localizam já no Brasil republicano. O índio despojado de sua língua, de seus saberes, é definitivamente eliminado das narrativas sobre a história do Brasil.

Na 10ª Estação, o índio é esbofeteado na comemoração do 5° Centenário, em 2000, quando o então Ministro da Cultura, Francisco Weffort, depois de fazer uma apologia dos bandeirantes, propõe a criação do Museu Aberto do Descobrimento, incompatível com a historiografia crítica e com o projeto intelectual de renovação da cultura brasileira, numa vitória inequívoca do obscurantismo intelectual.

Anos depois, já como ex-ministro, Weffort publica o livro “Espada, Cobiça e Fé – As Origens do Brasil”.  No desenho que faz do nosso país, ele justifica o calvário dos índios, afirmando que os bandeirantes faziam “parte de uma cultura na qual a violência na vida cotidiana e o saqueio na guerra eram recursos habituais. (…) Sei que os bandeirantes foram brutais e violentos, mas conquistaram esta terra. Todos temos uma dívida com eles. Então é preciso entendê-los”.

Diakui Abreu

Na 11ª Estação, o índio é ferido de morte pelo escárnio da senadora Kátia Abreu (PMDB-TO, viche, viche) em artigo no Caderno Mercado da Folha de São Paulo – Cidadania, e não apito.Presidente da Confederação Nacional da Agricultura e Pecuária (CNA), ela repete pela milésima vez que o calvário dos índios se deve ao “difícil acesso à saúde e não à falta de terra“, fingindo não ver a relação entre uma e outra. Admite, no entanto, que “se o problema consiste em terra, que sejam compradas a preço de mercado” pelo Estado brasileiro “com seus próprios meios que são os impostos extraídos de toda a populaçao brasileira“.

Na 12 ª Estação, ela tenta convencer o índio agonizante que gosta dele e, por isso, “minha homenagem pessoal aos povos indígenas fiz a cada nascimento de meus filhos que não por acaso se chamam Irajá, Iratã e Iana”. Além das terras, a senadora se apropria também dos nomes indígenas. Anunciará qualquer dia, no Caderno Mercado, que vai ao Cartório mudar de Kátia para Diakui Abreu.

Na 13ª Estação, o deputado federal Osmar Seraglio (PMDB – PR, viche, viche), relator da Proposta de Emenda Constitucional – a PEC 215 – enfia uma lança no ventre do índio ao justificar, em artigo na FSP (19/04/14) que o poder de demarcar terras indígenas deve ser transferido do Executivo para o Congresso Nacional, atendendo os interesses da bancada ruralista, que torna inviável qualquer processo de demarcação.

O protagonista da 14ª e última estação é o deputado federal Luis Carlos Heinze (PP- RS, viche, viche). Ele apoia a Portaria do Ministério da Justiça que, antes mesmo da aprovação da PEC 215, já permite a ingerência dos ruralistas nos estudos sobre demarcação de terras indígenas. Na audiência realizada no município de Vicente Dutra (RS), Heinze afirma que “índios, quilombolas, gays e lésbicas são tudo o que não presta”.

A partir daqui, a via sacra continua,desdobrando a agonia lenta e inexorável em outras estações, colocando em dúvida se um dia haverá ressurreição.

Acervo de canções indígenas da Amazônia chega na Internet (Amazônia Real)

Elaíze Farias

25/11/2013

Equipe registra dança e música de comunidade indígena de Roraima.Equipe registra dança e música de comunidade indígena de Roraima.

A diversidade musical das comunidades indígenas do norte do Amazonas e do Estado de Roraima foi reunida em uma inédita e rica coletânea. São quase quatro horas de 80 faixas musicais de grupos indígenas das etnias baniwa, wapichana, macuxi e tauepang, resultado do projeto intitulado “A Música das Cachoeiras” do grupo Cauxi Produtora Cultural. O nome é uma referência às correntezas da bacia do Alto rio Negro. O coordenador Agenor Vasconcelo define o projeto como um “registro etnográfico audiovisual”, no qual o principal foco é a música.

O lançamento em Manaus acontece no próximo dia 6 de dezembro, na Estação Cultural Arte e Fato. É partir desta data que o conteúdo completo estará disponível para download pelo endereçowww.musicadascachoeiras.com.br.  Uma prévia do material já pode ser acessada nos seguintes endereços:facebook.com/musicadascachoeiras e soundcloud.com/musicadascachoeiras.

Os autores do projeto “A Música das Cachoeiras” empreenderam uma expedição de janeiro a junho deste ano nas comunidades indígenas. Registraram a gaitada do músico Ademarzino Garrido e a embolada do pandeiro de comunidades do Alto Rio Negro, no Amazonas, a incomum mistura forró tradicional com a dança tradicional Parixara, o hip-hop dos índios taurepang, entre outros gêneros musicais indígenas.

Conheceram músicos de cada comunidade, além de compositores já consolidados nas cidades de São Gabriel da Cachoeira, no Alto Rio Negro, e em Boa Vista (RR), como Paulo Moura, Eliakim Rufino, Mike Gy Brás, Paulo Fabiano e Rivanildo Fidelis.

O projeto foi integralmente patrocinado pelo programa Natura Musical, no valor de R$ 100 mil, selecionado por meio de edital nacional em 2012, por meio da Lei de Incentivo à Cultura do Ministério da Cultura do Governo Federal. O acervo inclui gravação de músicas e vídeos, registros fotográficos, produção de uma cartilha e a criação de um site.

Os realizadores explicam que o projeto nasceu de uma ideia: resgatar a mesma expedição que etnógrafo alemão Theodor Koch-Grünberg (1872-1924) realizou nas comunidades do Alto Rio Negro e na região do Monte Roraima entre 1903 e 1913. Koch-Grünberg foi um pesquisador que morou na região e registrou em suas obras a cultura material e imaterial dos povos ameríndios.

Grupo de dança dos índios wapichanas (RR) se apresentam para equipe. Foto: Divulgação

Agenor Vasconcelos tomou conhecimento sobre a pesquisa do alemão na época em que fazia mestrado em Sociedade e Cultura na Amazônia na Universidade Federal do Amazonas (Ufam). “O grande desafio após o término do mestrado seria poder viajar e colher as minhas próprias impressões, refazendo o trajeto já esmiuçado por mim diversas vezes mentalmente por meio dos registros de Koch-Grünberg. O que eu não esperava seria a possibilidade de formar um grupo expedicionário para pesquisar em equipe. Isso foi fantástico”, explicou.

Após a seleção no projeto Natura Musical, uma equipe de seis pessoas formada por músicos, fotógrafos, produtores e antropólogos iniciou a viagem pelas áreas escolhidas. Envolvidos de tal forma com os músicos de cada região, a equipe acabou também produzindo composições com os integrantes das bandas das comunidades.

“Mas não havia intervenção direta. Sempre estávamos preocupados em possibilitar uma gravação profissional independente das condições de trabalho. Na foz do rio Içana, por exemplo, ponto limítrofe da expedição no alto rio Negro, conseguimos reunir uma banda de teclado, guitarra e vocal. Havíamos levado pré-amplificadores, microfones condensadores, interface de áudio e muitos quilos de equipamentos para montar um estúdio aonde quer que fosse. Gravamos e os resultados são maravilhosos e divertidos”, explica.

Inspiração e aprendizado

Entre as boas surpresas encontradas na viagem, está Ademarzinho Garrido que, segundo Vasconcelos, é descendente de Germano Garrido, anfitrião de Koch-Grünberg na época em que o alemão esteve no Alto Rio Negro. Ademarzinho é líder da banda Maripuriana, onde toca violão e gaita. No registro feito pela equipe, Vasconcelos descreve a participação de Ademarzinho como o autor de “um solo de gaita, que dialoga com a guitarra em vários momentos da canção”.

A equipe também esteve na comunidade baniwa Itacoatiara-mirim, onde conheceu Luiz Laureno, e na comunidade Boa Vista, na foz do rio Içana, onde gravou com a banda Taína Rukena. Nesta mesma comunidade registrou hinos evangélicos cantados na língua nhengatu acompanhados em teclados eletrônicos e em ritmo calipso.

Nas comunidades indígenas de Roraima, o grupo registrou o som parixara, um ritmo “lento que se dança em longas filas e rodas e com cantos variados”, conforme descreve Agenor Vasconcelos, e o tukúi e marik, cantos interpretados pelos índios macuxi e taurepang.

Além do componente etnográfico e audiovisual, a equipe de “A Música das Cachoeiras” espera que o acervo seja uma fonte de pesquisa para futuras gerações e inspiração para os artistas. “Tanto músicos como pintores, literatos, poderão basear novas criações a partir dessa tão rica cultura Amazônica”, diz Vasconcelos.

O coordenador conta que a pesquisa foi também um aprendizado para eles próprios. “Pudemos aprender nuances da língua e da cultura dos povos que tivemos oportunidade de conhecer. Por meio da música figurativa, cantada, também percebemos a língua indígena viva no seio de um Brasil distante”, afirma..

O projeto “A Música das Cachoeiras” estará disponível gratuitamente no site oficial. Ele é composto por faixas, clipes e mini-documentários. Um livro-CD que também foi produzido terá 2/3 de seus exemplares distribuídos gratuitamente.

Luiz Laureano Baniwa, do Alto Rio Negro, que toca instrumentos feitos de casco de tracajá e flautas de paxiúba. Foto: Divulgação.

Participação de comunidades

O indígena do Alto Rio Negro Moisés Luiz da Silva considera o registro e a divulgação da música de seu povo como fundamental para valorização da cultura baniwa. Moisés foi o principal articular entre a equipe do projeto e as lideranças da sua comunidade Itacoatiara-mirim. Entre os que participaram da gravação estão Luiz  Laureano da Silva, mestre da maloca, Mário Felício Joaquim e Luzia Inácia.

“Recebi a notícia sobre o projeto pela professora Deisy Montardo (Ufam). Então o Agenor entrou em contato comigo e conversamos. O segundo plano foi consultar o povo e as lideranças baniwa, que concordaram em participar. Achamos que esse registro de gravações de músicas é uma forma de valorizar nossa cultura e divulgar para outras sociedades indígenas e não-indígenas”, afirmou Moisés.

O grupo baniwa já participou de outros projetos, como o Podáali Valorização das Músicas, patrocinado pela Petrobrás Cultural, e do Museu do Índio, em 2013.

Índios passam a noite no Museu Anchieta para cobrar demarcação de terras (Agência Brasil)

JC e-mail 4936, de 17 de abril de 2014

Um manifesto, distribuído no local, informa que a aldeia Tekoa Pyau, na terra do Jaraguá, sofre processo de reintegração de posse que coloca em risco a permanência dos índios

Os índios guaranis que ocuparam hoje (16) o Museu Anchieta, no Pátio do Colégio, centro de São Paulo, reivindicam que o ministro da Justiça, José Eduardo Cardozo, assine uma portaria para regularizar as terras que eles ocupam há anos na capital paulista. Os 50 índios da manifestação, ocupantes de terras indígenas no Jaraguá, zona oeste, e Tenondé Porã, no extremo sul da cidade, passarão a noite no local e amanhã (17) farão uma série de atividades no Pátio do Colégio, marco de fundação da cidade de São Paulo, para pressionar o ministro a assinar a demarcação de suas terras.

A ocupação, que teve início por volta das 15h30, foi feita de forma pacífica. O diretor do local, padre Carlos Contieri, de início tentou negociar com os índios a saída do local, alegando, principalmente, que se tratava de um local particular. Mas depois acabou autorizando a permanência. “Fui pego de surpresa. Não esperava que viessem aqui. Mas vou permitir que fiquem, embora não tenha como oferecer um local de conforto para vocês”, disse o padre aos índios. No final, o padre pediu que o protesto seja pacífico e sem depredações.

Um manifesto, distribuído no local, informa que a aldeia Tekoa Pyau, na terra do Jaraguá, sofre processo de reintegração de posse que coloca em risco a permanência dos índios. “A aldeia do Jaraguá é muito antiga, do início da década de 1960”, disse Karai Popyguá. Segundo ele, a terra tem cerca de 1,7 alqueire e é ocupada por cerca de 800 índios. “É uma situação crítica a que estamos enfrentando dentro da terra do Jaraguá”, disse ele. “Não estamos sendo reconhecidos no território, e estamos sendo expulsos”, reclamou.

Já a aldeia Tenondé Porã, segundo Jera – também chamada de Giselda, uma das lideranças da aldeia – tem 26 hectares, com 200 famílias. “As pessoas desta aldeia, que plantam, precisam de área para viver e para ter alimentação”, disse ela.

“Nosso objetivo é ocupar o pátio, simbólica e pacificamente, para amanhã de manhã, do lado de fora, fazermos um debate e falar para as pessoas nas ruas para conseguir repercussão que nos ajude a gritar para o mundo que queremos a demarcação de nossas terras, que está na mesa do ministro”, disse Jera, ou Giselda. Segundo ela, a ideia de ocupar o Pátio do Colégio surgiu porque o local, historicamente, foi uma aldeia indígena.

Ela disse que a mobilização será mantida até que a portaria seja assinada. “Desde o contato com o ‘mundo de lá’, a gente sempre esteve em luta. Então, não é agora que a gente vai parar”, argumentou.

(Elaine Patricia Cruz /Agência Brasil)

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JC e-mail 4936, de 17 de abril de 2014

Cresce disputa pelas terras dos índios no país (Valor Econômico)

A extensão das terras indígenas no Brasil chega a 13% do território nacional

“Os índios estão sob fogo cerrado”. A frase, da antropóloga Manuela Carneiro da Cunha, professora emérita da Universidade de Chicago e professora titular aposentada da Universidade de São Paulo (USP), explicita o sentimento de especialistas em relação à questão indígena no Brasil, às vésperas do Dia do Índio, comemorado dia 19. “As terras indígenas e as unidades de conservação, terras mantidas fora do mercado, estão sendo mais do que nunca cobiçadas.”

O cerne do conflito é a disputa pela terra. A extensão das terras indígenas no Brasil chega a 13% do território nacional, distribuídas desigualmente. A Constituição diz que a terra indígena demarcada é da União, mas os índios têm direito a usufruto exclusivo.

A maior extensão de terras indígenas está na Amazônia, onde tudo tem grandes proporções – municípios, latifúndios, unidades de conservação. Foi ali, e também no Centro-Oeste, que a maior parte das terras indígenas extensas e contínuas foi reconhecida depois que a Constituição garantiu os direitos indígenas, em 1988. A demarcação que sobrou fazer é a de terras mais disputadas, mais caras e de histórico de ocupação mais complexo.

No Nordeste, Leste e Sul, os índios vivem em territórios bem pequenos. Os milhares de guaranis-kaiowás confinados em áreas diminutas no Mato Grosso do Sul, ou vivendo à beira das estradas enquanto aguardam solução para o seu caso, constituem o lado mais dramático desse quadro. Os guaranis são o povo indígena mais numeroso do Brasil e se espalham pelo Mato Grosso do Sul, pelas fronteiras com Paraguai e Argentina e também pelo Estado de São Paulo.

Segundo dados de 2010, do IBGE, existem 240 povos indígenas no Brasil. Falam 154 línguas. Embora alguns povos estejam ameaçados de extinção, a população indígena vem crescendo. Eram 896.917 no último Censo.

“Trata-se de um mosaico de microssociedades”, diz o catálogo da exposição “Povos Indígenas no Brasil”, que está no Parque Ibirapuera, em São Paulo, organizada pelo Instituto Socioambiental, o ISA. “Metade das etnias tem uma população de até mil pessoas, 49 etnias têm parte da população habitando países vizinhos e há 60 evidências de povos ‘isolados'”.

Na outra ponta estão dezenas de projetos de lei tramitando no Congresso e que ameaçam terras indígenas e novos processos de demarcação. Há projetos de mineração que se sobrepõem a esses territórios e projetos hidrelétricos que o governo quer impulsionar e que afetam povos indígenas. No Centro-Oeste, terras que índios reivindicam são muitas vezes ocupadas por produtores rurais que têm título expedido pelo Estado.

“Essa é uma semana do índio de pouca comemoração e muita apreensão”, diz Adriana Ramos, secretária-executiva-adjunta do ISA, ONG reconhecida pelo trabalho com os índios. “Estamos vivendo momento de grande ameaça aos direitos constituídos e de multiplicação de conflitos, inclusive fomentados por discurso de políticos e representantes empresariais.”

Uma das maiores ameaças vem da Proposta de Emenda Constitucional 215/2000. O projeto tira do Executivo a competência de aprovar as demarcações e transfere o processo ao Congresso. Na visão de indigenistas, se aprovado, não haverá novas demarcações de terras indígenas no país. O governo disse ser contrário à iniciativa e a considera inconstitucional. No fim de 2013, foi instalada uma comissão especial para analisar a PEC. No colegiado, a maioria é de deputados ruralistas.

Há ainda projetos de abrir terras indígenas para arrendamento com fins agropecuários ou de mineração”, diz Adriana. “Essas propostas são ‘vendidas’ como alternativas econômicas a populações que vivem em situações de fragilidade. Mas elas se contrapõem ao modo de vida tradicional desses povos”, critica. Essas iniciativas operariam em um vácuo deixado pelo poder público. “O Estado dá pouco apoio a alternativas econômicas condizentes com o modo de vida indígena. Poderia desenvolver o manejo sustentável de produtos da biodiversidade. Extração de óleos da floresta, fibras, frutas, turismo. Tudo isso poderia ser implementado.”

“Hoje, a situação é difícil”, reconhece o antropólogo Marcio Meira, que esteve à frente da Fundação Nacional do Índio (Funai) de 2007 a 2012, o mais longevo presidente do órgão. “Os setores da sociedade que são historicamente anti-indígenas, têm agido de forma muito agressiva, principalmente no Congresso Nacional”, avalia. “O centro é a base ruralista. Qual o agravante? Que essa base hoje tem muita força. Boa parte das exportações do Brasil vem daí”, diz Meira.

Segundo o antropólogo, “esse poder tem tentáculos” no Judiciário e no Executivo. “Há muitos processos de judicialização das terras indígenas e muitos juízes nos últimos anos têm se manifestado contrários aos índios, com decisões polêmicas.” Ele lembra que, dentro do governo, existem ministérios mais favoráveis aos povos indígenas, mas há outros com posições mais conservadoras.

Meira enxerga, também, alguns avanços nos últimos anos. Um dos principais teria sido na área da educação, com o ingresso de índios nas universidades. As estimativas são de que existem 1.700 indígenas em universidades federais, recebendo bolsas de R$ 900. “É um investimento de R$ 20 milhões anuais, algo que não existia há um ano.”

Os índios têm direito a Bolsa Família e aposentadoria rural. “Mas a saúde indígena ainda tem muito gargalo”, afirma o antropólogo. E embora hoje não haja quase nenhuma terra indígena sendo homologada, há alguns casos de desintrusão, o que demanda investimento e esforço enorme do governo. O caso mais famoso é o da terra indígena Awa-Guajá, no Maranhão, iniciado este ano, e depois suspenso para que o Incra encontrasse uma solução para os produtores rurais. Eles tinham que sair da terra e não sabiam para onde ir.

A última homologação de terra indígena no Estado de São Paulo ocorreu há 16 anos, informa Otávio Penteado, assessor de programas da Comissão Pró-Índio SP, no boletim da entidade. No Estado, há 17 terras indígenas em processo de demarcação e estima-se que há outras 16 sem processo iniciado. Mais da metade das 29 terras indígenas de São Paulo não está demarcada, o que deixa a população sem acesso às políticas públicas. São Paulo, segundo a ONG, é a cidade brasileira com mais índios no espaço urbano – seriam quase 12 mil, segundo o Censo de 2010.

“É nas áreas indígenas que se concentram algumas das maiores riquezas do Brasil em termos minerais e de biodiversidade”, diz o professor Antonio Carlos de Souza Lima, professor do Departamento de Antropologia do Museu Nacional do Rio de Janeiro, da UFRJ, referindo-se a terras na região Norte. “São notadamente as mais bem conservadas.”

Ele defende uma proposta de educar a sociedade brasileira para valorizar e respeitar a diversidade que há no país. “A primeira coisa é ter a plena consciência de que isso tem que fazer parte da educação brasileira, que vivemos em um país multicultural e pluriétnico. Com populações que têm direito a viver de acordo com modos diferentes dos cultivados pela sociedade contemporânea”, diz. “A conscientização tem que sair das boas intenções e avançar do papel para as práticas.”

O Brasil tem há seis anos legislação que regulamenta a obrigatoriedade de ensino, nas escolas, de história e cultura afro-brasileira e indígena. “Essa lei até hoje não é aplicada. Ninguém cumpre”, diz Souza Lima. “Todo mundo centra a questão no tema da terra, porque é a defesa mais imediata aos ataques”, afirma. “Mas isso não substitui um projeto de longo prazo para esse tema.”

“O brasileiro não conhece o Brasil”, diz Souza Lima. “Tem que entender que índio que vive nu na aldeia, distanciado de tudo, não é a regra hoje em dia. Até filhos de ianomâmis frequentam escolas e universidades. Ao incorporar certos elementos da sociedade não indígena, eles o fazem de acordo com a sua própria lógica. E por isso não deixarão de ser índios.” Segundo o professor, “é fundamental ouvir o que os próprios indígenas têm a dizer sobre os seus projetos e o que têm passado. Isso tem que ser ouvido pelos escalões mais altos da administração”.

O governo, no âmbito do Ministério da Justiça, prepara um projeto que altera os procedimentos de demarcação das terras indígenas. A minuta, divulgada há alguns meses, desagradou indigenistas e ruralistas.

Em outra frente, na Secretaria-Geral da Presidência, procura-se estabelecer parâmetros que regulamentem a consulta prévia. Trata-se de pôr em prática o artigo 6 da Convenção 169 da Organização Internacional do Trabalho (OIT). O tratado versa sobre os direitos fundamentais dos povos indígenas e tribais, foi aprovado em 1989 e começou a vigorar em 1991. O Brasil foi um dos 20 países que ratificaram a convenção, com posterior aprovação no Congresso e promulgação pelo Executivo. A convenção internacional ganhou status de lei.

A Convenção 169 diz que a consulta aos povos afetados por algum projeto tem que ser feita de boa-fé. O governo tem vários projetos de hidrelétricas na Amazônia que afetarão grupos indígenas. A ideia da consulta, segundo algumas interpretações, é que ela teria que ser prévia, livre e consentida. A ideia do veto é debate superado: a meta é ter o consentimento dos afetados ou chegar a um acordo. O problema é que a convenção é genérica, é preciso criar um padrão sobre a consulta. Bolívia, Peru e Chile percorreram essa trilha. No Brasil criou-se um grupo interministerial em 2012, que procura avançar nesse campo.

Enquanto o governo tenta avançar nessa frente, os índios sofrem com a invasão de suas terras por garimpeiros e madeireiros, pela contaminação de recursos hídricos por mercúrio ou agrotóxicos e pela pressão do entorno, segundo indigenistas.

Na visão de Manuela Carneiro da Cunha, a isso se soma “o cerco legislativo, uma investida sem precedentes do Congresso”, diz ela. “Desde a Colônia até os anos 90, a legislação sempre declarou os direitos dos índios. Mas era um movimento inócuo, porque ninguém respeitava. Hoje, quando os índios tentam fazer valer seus direitos, tenta-se esvaziá-los.”

(Daniela Chiaretti/Valor Econômico)
http://www.valor.com.br/brasil/3520062/cresce-disputa-pelas-terras-dos-indios-no-pais#ixzz2z9NLBqkP

Viveiros de Castro: A escravidão venceu no Brasil. Nunca foi abolida (Público)

16 de março de 2014

ALEXANDRA LUCAS COELHO (no Rio de Janeiro)

Fome, secas, epidemias, matanças: a Terra aproxima-se do apocalipse. Talvez daqui a 50 anos nem faça sentido falar em Brasil, como Estado-nação. Entretanto, há que resistir ao avanço do capitalismo. As redes sociais são uma nova hipótese de insurreição. Presente, passado e futuro, segundo um dos maiores pensadores brasileiros

Eduardo Viveiros de Castro, 62 anos, é o mais reconhecido e discutido antropólogo do Brasil. Acha que “a ditadura brasileira não acabou”, evoluiu para uma “democracia consentida”. Vê nas redes sociais, onde tem milhares de seguidores, a hipótese de uma nova espécie de guerrilha, ou resistência. Não perdoa a Lula da Silva ter optado pela via capitalista e acha que Dilma Rousseff tem uma relação “quase patológica” com a Amazônia e os índios. Não votará nela “nem sob pelotão de fuzilamento”.

O antropólogo Eduardo Viveiros de Castro é autor de uma obra influente, que inclui “A Inconstância da Alma Selvagem” e “Araweté — O Povo do Ipixuna” DÉBORAH DANOWSKI

Professor do Museu Nacional, no Rio de Janeiro, autor de uma obra influente (destaque para A Inconstância da Alma Selvagem ou Araweté — O Povo do Ipixuna, este último editado em Portugal pela Assírio & Alvim), Viveiros de Castro é o criador do perspectivismo ameríndio, segundo a qual a humanidade é um ponto de vista: a onça vê-se como humana e vê o homem como animal; o porco vê-se como humano e vê a onça como animal. Humano é sempre quem olha.

Nesta longa entrevista, feita há um mês no seu apartamento da Baía de Botafogo — antes ainda da greve dos garis (homens e mulheres do lixo), um exemplo de revolta bem sucedida — Viveiros foi da Copa do Mundo ao fim do mundo. Acredita que estamos à beira do apocalipse.

Vê sinais de uma revolta nas ruas brasileiras? Aquilo que aconteceu em 2013 foi um levantamento mas não uma revolta generalizada. Acha que isso pode acontecer antes da Copa, ou durante?

É muito difícil separar o que você imagina que vai acontecer daquilo que você deseja que vá acontecer.

Vamos separar. O que desejaria que acontecesse?

Revolta popular durante a Copa.

E isso significa o quê, exactamente?

Manifestação. Não estou imaginando a queda da Bastilha nem a explosão de nada, mas gostaria que a população carioca o deixasse muito claro. Embora a Copa vá acontecer em várias cidades, creio que o Rio se tornou o epicentro do problema da Copa, em parte porque o jogo final será no Maracanã.

Mesmo nas manifestações, o Rio foi a cidade mais forte.

São Paulo também teve manifestações muito importantes, mais conectadas com o Movimento Passe Livre [MPL, estudantes que em Junho de 2013 iniciaram os protestos contra o aumento dos transportes]. Voltando ao que eu desejaria: que a população carioca manifestasse a sua insatisfação em relação à forma como a cidade está sendo transformada numa espécie de empresa, numa vitrine turística, colonizada pelo grande capital, com a construção de grandes hotéis, oferecendo oportunidades às grandes empreiteiras, um balcão de negócios, sob a desculpa de que a Copa iria trazer dinheiro, visibilidade, para o Brasil.

O problema é que vai trazer má visibilidade. Vai ser uma péssima propaganda para o Brasil. Primeiro, porque, se estou bem entendendo, vários compromissos contratuais com a FIFA não estão sendo honrados, atrasos muito grandes, etc. Segundo, porque essa ideia de que os brasileiros estão achando uma maravilha que a Copa se realize no Brasil pode ser desmentida de maneira escandalosa se os turistas, tão cobiçados, chegarem aqui e baterem de frente com povo nas ruas, brigando com a polícia, uma polícia despreparada, brutal, violenta, assassina. Tenho a impressão de que não vai fazer muito bem à imagem do Brasil.

Outra coisa importante é que a Copa foi vendida à opinião pública como algo que ia ser praticamente financiado pela iniciativa privada, que o dinheiro do povo, do contribuinte, ia ser pouco gasto. O que está se vendo é o contrário, o governo brasileiro investindo maciçamente, gastando dinheiro para essas reformas de estádios, dinheiro dos impostos. Então, nós estamos pagando para que a FIFA lucre. Porque quem lucra com as copas é a FIFA.

Desejaria que essa revolta impedisse mesmo a Copa?

Impedir a Copa é impossível, não adianta nem desejar. Não sei também se seria bom, poderia produzir alguma complicação diplomática, ou uma repressão muito violenta dentro do país. Existe uma campanha: Não Vai Ter Copa. O nome completo é: Sem Respeito aos Direitos Não Vai Ter Copa. No sentido desiderativo: não deveria haver, desejamos que não haja.

O que se está dizendo é que os direitos de várias camadas da população estão sendo brutalmente desrespeitados, com remoções forçadas de comunidades, desapropriando sem indemnização, modificando aspectos fundamentais da paisagem carioca sem nenhuma consulta. Isso tudo está irritando a população.

Mas não é só isso: a insatisfação com a Copa foi catalisada por várias outras que vieram surgindo nos últimos anos, que envolvem categorias sociais diversas, e não estão sendo organizadas nem controladas pelos partidos. Essas manifestações têm de tudo, uma quantidade imensa de pautas [reivindicações]. Tem gente que quer só fazer bagunça, tem gente de direita, infiltrados da polícia, neonazistas, anarquistas. Um conjunto complexo de fenómenos com uma combinação de causas. Uma coisa importante é que são transversais: tem gente pobre e de classe média misturada na rua. É a primeira vez que isso acontece. O que talvez tenha em comum é que são todos jovens. Da classe média alta à [favela da] Rocinha.

Mas agora não são muito expressivas em termos de números. E não são as favelas que estão em massa na rua.

As famosas massas ainda não desceram, e provavelmente não vão descer durante a Copa. Nem sei se vão descer em alguma momento, se existe isso no Brasil. Mas acho que vai haver uma quantidade de pequenas manifestações. Por exemplo, a Aldeia Maracanã [pequena comunidade de índios pressionada a sair, por causa das obras do estádio] produziu uma confusão muito grande, se você pensar no tamanho da população envolvida. Os moradores daquela casa eram 14 pessoas e não obstante mobilizaram destacamentos do Bope [tropa de elite], bombas, etc. Quem está, em grande parte, criando a movimentação popular é o estado, com a sua reacção desproporcional. O Movimento Passe Livre ganhou aquela explosão em São Paulo por causa da brutalidade da reacção policial. O Brasil nunca teve esse tipo de confronto entre a polícia e jovens manifestantes. A polícia não sabe como reagir, não tem um método, então reage de maneira brutal. Os próprios manifestantes não têm experiência de organização. O que estão chamando de black bloc não é a mesma coisa que black bloc na Dinamarca, na Alemanha ou nos Estados Unidos.

Mais volátil.

Ideologicamente pouco consistente. Sabemos que o black bloc europeu é essencialmente uma táctica de protecção contra a polícia. Noutros países, como os Estados Unidos, tem uma certa táctica de agressão a símbolos do capitalismo. Aqui no Rio está uma coisa meio misturada, ainda não se consolidou uma identidade, um perfil táctico claro para o que se chama de black bloc. E eles estão sendo demonizados. Acho até que, no caso do Brasil, o facto de que sejam black coloca uma pequena ponta de racismo nessa indignação. Não duvido de que no imaginário da classe média por trás da máscara negra esteja também um rosto negro. Pobres, bandidos, etc.

Mas isso está acontecendo ao mesmo tempo que a polícia continua invadindo as favelas, matando 10, 12, 15 jovens por semana. Até recentemente esse comportamento clássico do estado diante da população muito pobre, isto é, mandar a polícia entrar e arrebentar, era algo que a classe média tomava como… [sinal de longínquo].

Porque se passava lá nos morros.

Quando a violência começou a atingir a classe média — ainda que uma bala de borracha não seja uma bala de fuzil, porque o que eles usam na favela é bala de verdade e o que eles usam na rua é bala de borracha, ainda assim você pode matar com bala de borracha, pode cegar, etc —, à medida que a polícia começou a atacar tanto a rua quanto o morro houve um aumento da percepção da classe média em relação à violência da polícia nas favelas, o que é novidade. A imprensa fez uma imensa campanha para santificar a polícia com a coisa das UPP [Unidade de Polícia Pacificadora, programa para acabar com o poder armado paralelo nas favelas, instalando a polícia lá dentro], mas todo o mundo está percebendo que essas UPP são no mínimo ambíguas. Basta ver o caso do [ajudante de pedreiro] Amarildo, que foi sequestrado, torturado e morto pela polícia [em Junho de 2013, na Rocinha], e sumiu da imprensa.

Vinte e cinco policiais foram indiciados.

Quero ver o que vai acontecer. Quem deu visibilidade à morte do Amarildo não foi a grande imprensa. Foram as redes sociais, os movimentos sociais. Essa morte é absolutamente banal, acontece toda a semana nas favelas, mas calhou de acontecer na altura das manifestações, então foi capturada pelos manifestantes, o que produziu uma solidariedade entre o morro e a rua que foi inédita.

Num país como este, em que a desigualdade, a violência, continuam, porque é que as massas não saem?

Quem dera que eu soubesse a resposta. Essa é a pergunta que a esquerda faz desde que existe no Brasil. Acho que há várias razões. O Brasil é um país muito diferente de todos os outros da América Latina, por exemplo da Argentina. Basta comparar a história para ver a diferença em termos de participação política, mobilização popular. Tenho impressão de que isso se deve em larga medida à herança da escravidão no Brasil. O Brasil é um país muito mais racista do que os Estados Unidos. Claro que é um racismo diferente. O racismo americano é protestante. Mas no Brasil há um racismo político muito forte, não só ideológico como o americano, interpessoal. O Brasil é um país escravocrata, continua sendo. O imaginário profundo é escravocrata. Você vê o caso do menino [mulato] amarrado no poste [no bairro do Flamengo, por uma milícia de classe média que o suspeitava assaltante] e que respondeu de uma maneira absolutamente trágica quando foi pego: mas meu senhor, eu não estava fazendo nada. Só essa expressão, “meu senhor”… O trágico foi essa expressão. Continuamos num mundo de senhores. Porque o outro era branco.

Como um DNA, algo que não acabou.

Não acabou, pois é. É o mito de que no Brasil todas as coisas se resolvem sem violência. Sem violência, entenda-se, sem revolta popular. Com muita violência mas sem revolta. A violência é a da polícia, do estado, do exército, mas não é a violência no sentido clássico, francês, revolucionário.

E toda a vez que acontecem coisas como essas manifestações de Junho, por exemplo, há aquela sensação: dessa vez o morro vai descer. O morro não desceu. Em parte porque já não é mais o morro, boa parte do morro é de classe média. Evidentemente, houve um crescimento económico. As favelas da minha infância, nos anos 50, eram completamente diferente, como essas vilas da Amazônia, feitas de lona preta. Hoje são casas de alvenaria, feitas de tijolos. Ainda assim a miséria continua. Quero dizer apenas que a distância entre a classe média e o morro diminuiu do ponto de vista económico.

Ao fazer ascender esses milhões da miséria, o PT neutralizou a revolução?

Em parte pode ser isso. Houve uma espécie de opção política forçada do PT, segundo a qual a única maneira de melhorar a renda dos pobres é não mexer na renda dos ricos. Ou seja, vamos ter que tirar o dinheiro de outro lugar. E de onde é que eles estão tirando? Do chão, literalmente. Destruindo o meio ambiente para poder vender soja, carne, para a China. Não está havendo redistribuição de renda, o que está havendo é aumento da renda produzida pela queima dos móveis da casa para aquecer a população, digamos. Está um pouquinho mais quente, não estamos morrendo de frio, mas estamos destruindo o Brasil central, devastando a Amazônia. Tudo foi feito para não botar a mão no bolso dos ricos. E não provocar os militares.

A ditadura brasileira não acabou. Nós vivemos numa democracia consentida pelos militares. Compare com a Argentina: porque é que no Brasil não houve julgamento dos militares envolvidos na tortura?  Porque os militares não deixam. Vamos ver o que vai acontecer agora, no dia 1 de Abril.

Com o aniversário do golpe militar.

Já existe uma campanha aí, subterrânea, para que no dia 31 de Março apaguem-se as luzes, toquem-se buzinas, para comemorar o 50º aniversário do golpe. Ou seja, existe uma campanha da direita para mostrar que a população ainda apoia a direita. Não sei que sucesso vai ter, mas não duvido que haja uma manifestação, oculta, pessoas que vão apagar as luzes das suas casas ou piscar as luzes à meia-noite, alguma coisa assim.

Mas nenhuma possibilidade de viragem à direita.

Não creio.

O actual regime não é uma democracia?

O Brasil é uma democracia formal, claro, mas consentida pelo status quo. A abertura foi permitida pelos militares. A Lei da Amnistia foi imposta tal qual pelo governo militar. Eles não foram destronados, presos, criminalizados. Simplesmente foram amnistiados. E boa parte do projecto de desenvolvimento nacional gestado durante a ditadura militar está sendo aplicado com a maior eficiência.

Pela esquerda.

Pela chamada esquerda, pela coalisão que está no poder, na qual a esquerda é uma parte mínima, porque tem os grandes proprietários de terra, os grandes empresários.

Está cumprindo um ideário que vem da ditadura?

O PT é um partido operário do século XIX. Eles têm um modelo que é indústria, crescimento, como se o Brasil fosse os Estados Unidos do século XXI. Com grande consumo de energia. Uma concepção antiga, fora de sintonia com o mundo actual. Agora está começando a mudar um pouco, mas a falta de sensibilidade do governo para o facto de que o Brasil é um país que está localizado no planeta Terra, e não no céu, é muito grande. Eles não percebem. Acham que o Brasil é um mundo em si mesmo.

Ou seja, que não vai ser afectado pelo aquecimento global, etc.

É, que todas essas coisas são com os outros. Um pouco como acontece nos Estados Unidos, em países muito grandes.

A única visão global que o Brasil tem é de se tornar uma potência geopolítica. O Brasil, hoje, é um actor maior, de primeira linha, em Moçambique, em Angola, nos países latino-americanos. Está disputando com a China pedaços de Moçambique. A Odebrecht está construindo hidroeléctricas [barragens] em Angola e assim por diante. O Brasil se imagina como potência que vai oprimir. Agora é a vez de sermos opressores, deixarmos de ser os oprimidos. Agora os brasileiros da vez vão ser os haitianos, os bolivianos, os paraguaios, que trabalham nas “sweetshops” de São Paulo, nas terras em que plantamos soja e etc. O PT nunca foi um partido de esquerda. É um partido que procurava transformar a classe operária numa classe operária americana.

E nunca o Brasil foi um país tão capitalista.

Minha mulher me contou que, conversando com um desconhecido, operador da bolsa de valores, isto em 2007, 2008, ele dizia: se eu soubesse que ia ser tão bom para nós jamais teria votado contra o Lula.

Onde está a esquerda? Qual é a sua opção de voto? Ou a opção deixou de ser votar?

Tanto a esquerda como a direita são posições políticas que você encontra dentro da classe média. A classe dominante é de direita de maneira genética, a grande burguesia, o grande capital. E os pobres, a classe trabalhadora… se eu fosse fazer um juízo de valor um pouco irresponsável diria que 60 a 70 por cento do Brasil estaria muito feliz com um governo autoritário, que desse dinheiro para comprar geladeira, televisão, carro, etc. Uma população que tem uma profunda desconfiança em relação a esses jovens quebradores de coisas na rua, que seria a favor da pena de morte, que é violentamente homofóbica.

Iapii-hi, índia Araweté, prepara doce de milho (fotografia de 1982) EDUARDO VIVEIROS DE CASTRO

Depois do garoto do Flamengo ter sido amarrado por aquela milícia, ouvi trabalhadores negros pobres dizerem: tem mais é que botar bandido na cadeia, fizeram foi pouco com ele.

Ou seja, é um país conservador, reaccionário, em que os pobres colaboram com a sua opressão. Não todos, mas existe isso. A escravidão venceu no Brasil, ela nunca foi abolida. Sou muito pessimista em relação ao Brasil, digo francamente. Em relação ao passado e ao futuro. Em relação ao passado no sentido de que é um país que jamais se libertou do ethos, do imaginário profundo da escravidão, em que o sonho de todo o escravo é ser senhor de escravos, o sonho de todo o oprimido é ser o opressor. Daí essa reacção: tem mais é que botar esses caras na cadeia. Em vez de se solidarizar. E podia ser o filho dele facilmente. E às vezes é o filho dele.

Oswald de Andrade, o poeta, dizia: “O Brasil nunca declarou a sua independência.” Em certo sentido é verdade, porque quem declarou a independência do Brasil foi Portugal, um rei português. Eu diria: e tão pouco aboliu a escravidão. Porque quem aboliu a escravidão foi a própria classe escravocrata. Não foi nenhuma revolta popular, nenhuma guerra civil.

E em relação ao futuro sou pessimista porque… talvez ainda tenha um pouco de esperança, mas acho que o Brasil já perdeu a oportunidade de inventar uma nova forma de civilização. Um país que teria todas as condições para isso: ecológicas, geográficas.

Uma espécie de terceira via do mundo?

É, outra civilização. Porque civilização não é necessariamente transformar um país tropical numa cópia de segunda classe dos Estados Unidos ou da Europa, ou seja, de um país do hemisfério norte que tem características geográficas e culturais completamente diferentes.

Lembremos que houve um projecto explícito no Brasil, e que deu certo, que está dando certo, por isso é que sou pessimista, que é o projecto iniciado com Pedro II, em parte inspirado pelo célebre teórico racista Gobineau, que era uma grande admiração de D. Pedro: o Brasil só teria saída mediante o braqueamento da população, porque a escravidão tinha trazido uma tara, uma raça inferior.

Havia que lavar o sangue.

É uma ideia antiga, que já vem dos cristãos-novos que vieram de Portugal, que tinham de limpar o sangue. A gente sabe que quase toda a população portuguesa que se instalou no Brasil é de cristãos-novos, Diria que 70 por cento desses brancos orgulhosos de serem brasileiros são judeus, marranos, convertidos a ferro e fogo pela Inquisição. Então, havia essa ideia de que o Brasil era um país racialmente inferior porque era composto de negros, índios, portugueses com essa origem um pouco duvidosa. E já Portugal em si não é…

A Holanda.

Exacto. Não é a coisa mais branca que podemos encontrar na Europa. A Península Ibérica é um pouco africana, foi dominada 800 anos pelos árabes. Então o Brasil só ia melhorar com branqueamento. Isso foi uma política de estado que durou décadas e trouxe para o Brasil milhões de imigrantes alemães, italianos, mais tarde japoneses. Com o propósito explícito de branquear, não só geneticamente, mas culturalmente e economicamente. E eles foram para o Sul, de São Paulo até ao Rio Grande. Mas, esse que é o ponto curioso, a partir do governo militar para cá essa população branca invadiu o Brasil, a Amazônia. A colonização da Amazônia a partir da década de 70 foi feita pelos gaúchos, muitos deles pobres, que foram expulsos, alemães pobres, italianos pobres, cujas pequenas propriedades fundiárias foram absorvidas pelos grandes proprietários, também gaúchos, também brancos, e que foram estimulados pelo governo, com subsídios, promessas mirabolantes, a irem para a Amazônia. Hoje, tem um cinturão de cidades no sul da Amazônia com nomes como Porto dos Gaúchos, Querência, que é um lugar onde se guarda o gado, típico do Rio Grande do Sul. Os gaúchos [de origem europeia] chegaram numa região temperada, subtropical [sul do Brasil] em que você podia mais ou menos copiar um tipo de estrutura agrícola, de produção alimentar do país de origem. Só que na Amazônia isso é uma abominação. É um preconceito muito difundido essa ideia de que pessoal do Norte não sabe trabalhar, é preguiçoso. Você ouve muito isto no Paraná, no Rio Grande do Sul. Quem sabe trabalhar é o colono alemão, italiano.

Hoje o Brasil foi branqueado. Essa cultura country aí é uma mistura de cultura europeia com cultura americana, de grande carrão, 4×4, pick ups, rodeos, chapéus americanos, botas. Existe um projecto de transformar o Brasil num país culturalmente do hemisfério norte, seja Estados Unidos, seja essa Europa mais reaccionária. Porque estamos falando de colonos alemães que vieram do campesinato reaccionário, bávaro, pomerano, e dos camponeses italianos, que eram entusiastas do nazismo e do fascismo na II Guerra. Continuam sendo. O que tem de grupo de extrema-direita no sul do Brasil é muito. O foco da direita fascista, nazista é o Paraná e o Rio Grande do Sul. Então o Brasil é um país dividido entre um sul branco e o resto não branco, português, negro no litoral, índio no interior.

O censo da população dá por uma unha uma maioria não-branca.

O agronegócio é na verdade o modelo gaúcho, desenvolvido no pampa, nos campos do Rio Grande. Plantação extensa de monocultura, de soja, de arroz, de cana. Então o Brasil está perdendo a oportunidade de se constituir como um novo modelo de civilização propriamente tropical, com uma nova relação entre as raças, que fosse efectivamente multinacional. Um país que se constituiu em cima do genocídio indígena, da escravidão, da monocultura. Que continua fazendo o que fez desde que foi criado, exportando produtos agrícolas. Que continua a alimentar os países industrializados. Primeiro a Europa, depois os Estados Unidos, agora a China. Continua sendo o celeiro do capitalismo.

E o matadouro.

O segundo maior rebanho bovino do mundo, depois da Austrália. Um país que se está destruindo a si mesmo para se transformar numa caricatura dos países que lhe servem de modelo cultural. Em vez de, ao contrário, saber utilizar a sua situação geográfica altamente privilegiada, a sua situação demográfica, uma população imensa, para construir um novo estilo de civilização.

O senhor está descrevendo a derrota do “Manifesto Antropófago” de Oswald de Andrade [visão de um Brasil que se torna forte por comer, absorver o outro]

É, acho que sim. Bom, nenhuma derrota é definitiva. O meu pessimismo nem passa tanto pelo facto de que o Brasil não tem jeito, porque acho que ainda poderia haver uma revolução antropofágica no Brasil. Mas hoje isso é uma questão que já não teria mais sentido colocar pelo simples facto de que estamos numa situação planetária em que a catástrofe já se iniciou. O mundo está entrando, num sentido físico, termodinâmico, num outro regime ambiental que vai produzir catástrofes humanas jamais vistas, no meu entender: fome, epidemias, secas, mudança de regime hidrológico, tudo. Nessas circunstâncias, é possível que cheguemos a um momento em que noções como Brasil, Estados Unidos, países, comecem a perder a sua nitidez. Pode ser que daqui a 50 anos a palavra Brasil não tenha mais nenhum sentido. Que tenhamos que falar em Terra.

É um pré-apocalipse?

Dira que sim. Isabelle Stengers, filósofa belga, diz que a palavra crise não é adequada porque supõe que você pode superá-la, quando o que estamos vivendo é uma situação que não tem um voltar atrás. Vamos ter que conviver com ela para sempre. Um novo regime do mundo, de climas, de águas, não haverá mais peixes, os estoques estão acabando no mundo, a quantidade de refugiados que vão invadir a Europa vai ser brutal nas próximas décadas. Se a temperatura subir quatro graus, que é o que todos os climatologistas estão imaginando, isso vai produzir uma mudança total no que é viver na Terra. E a quantidade de africanos que vai invadir a Europa vai ser um pouco maior do que aqueles pobres que morrem afogados ali em Lampedusa. E como os países ricos vão reagir? É uma questão interessante. Vai ser com armas atómicas? Vão bombardear quem? O meu pessimismo passa mais por aí.

No Brasil as crises são estritamente políticas. Faz reforma política? Vai ter revolta da população? Será que há Copa? Tudo isso é verdade, fundamental, mas a gente não pode perder de vista o cenário mais amplo.

Não vê ninguém no Brasil, politicamente, que tenha uma visão ampla? O senhor votou na Marina Silva [nas últimas presidenciais].

Votei na Marina em 2010, com certeza. Não tenho certeza nenhuma de que votaria nela em 2014, talvez não.

Eduardo Campos [candidato pernambucano que fez uma aliança com Marina]?

De forma nenhuma. A Dilma, nem sob pelotão de fuzilamento voto nela. Esses idiotas do PSDB nem pensar. Então talvez eu não vote. Talvez vote nulo.

Qual é a missão, o papel, a hipótese para alguém como o senhor? Virar uma espécie de guerrilheiro nas redes sociais?

É. Eu diria que a revolução antropofágica do Oswald de Andrade só é possível sob o modo da guerrilha. Estamos falando de uma coisa que foi pensada em 1928…

Mas que foi revivendo, anos 60, agora.

O Oswald, um homem da classe dominante, pensava no Brasil como uma coisa sobre a qual você podia pôr e dispôr. Nesse sentido, ele pertence à geração dos teóricos do Brasil, que eram todos da elite dominante paulistana ou pernambucana: Gilberto Freyre, Caio Prado Júnior, Eduardo Prado. Os modernistas eram uma teoria do Brasil, de como o Brasil deve ser organizado, governado.

Talvez os muitos povos brasileiros que compõem esse país só tenham chance de ganhar uma certa emancipação cultural, política, metafísica, no contexto do declínio geral do planeta. Nessas condições é possível que haja esperança para os negros, os índios, os quilombolas [descendentes de escravos], os gays, os pobres desse planeta favela. Não esqueçamos que o mundo tem três bilhões e meio de habitantes vivendo em cidade, metade da população mundial. Desses, no mínimo um bilhão vive em favelas. Ou seja, um sétimo da população mundial vive em favelas. O Brasil deve ter uma proporção maior que a Alemanha, Estados Unidos. Diria que deve andar na casa dos 30 milhões. [A população de] um bom país europeu.

Seria uma guerrilha nas redes sociais? Admite o uso de violência ou uma guerrilha virtual apenas?

Nem uma coisa nem outra. A existência da Internet mudou as condições da guerra, em geral, sim. O maior acto de guerra recente, no bom sentido, de que me consigo lembrar foi o Edward Snowden. Não mais os Estados Unidos espionando a Rússia, nem a Rússia espionando os Estados Unidos, mas o vazamento de informações secretas dos estados. Isso é muito significativo. Um jornalista morando aqui no Rio de Janeiro, que trabalha para um jornal inglês, que recebeu informações de um analista americano, que estava escondido em Hong Kong: isso só é possível com Internet. As redes sociais mudaram completamente as condições de resistência ao capitalismo.

Uma nova forma de guerrilha?

Que não é nececessariamente violenta, embora exista o problema do hacker, do bombardeio de sistema electrónico. Mas o que penso não é bem por aí. Quando penso em guerrilha, é no sentido de combates locais, ponto a ponto. Não estou falando de quebrar a porta do banco ou bater na polícia. Falo em combates em que você seja capaz de conectar combates locais através do mundo inteiro.

Existem formas novas de resistência e aliança entre as minorias étnicas, culturais, económicas do planeta que passam pela conectividade universal da rede, que é frágil, ao contrário do que se imagina, com pontos fracos, nós, gargalos, em que os Estados Unidos têm um poder muito grande. Mas eu diria que é muito difícil controlá-la até porque essa rede é indispensável para o capitalismo. Difícil o capitalismo danificá-la demais, senão vai perder seu principal instrumento hoje. Ainda que haja várias tentativas, no Brasil inclusive, de vigilância.

É possível que a gente passe para um estado de vigilância à la George Orwell. Tudo isso é possível. Mas acho também que a situação actual permite o desenvolvimento de uma guerrilha de informação, muito mais que de acção física, porque a informação hoje é uma mercadoria fundamental, estamos na economia do conhecimento, então a guerra é uma guerra também pela informação. É por aí que tenho alguma esperança, muito mais que numa saída nas ruas, com ancinhos, forcados, machetes.

Parar de imaginar uma luta de classes e imaginar uma guerrilha de classes. Classe definida, agora, não só de maneira classicamente económica mas no contexto da nova economia, que mudou a composição de classes. Vários intelectuais hoje pertencem à classe dominada, operária. Então, vejo mais uma guerrilha do que uma guerra, com a vantagem de que as guerras em geral terminam na constituição de um novo poder totalitário, um novo terror. O “Manifesto Antropófago” pode acabar se realizando mais por esse lado. O sonho clássico da revolução, como transformação de um estado A em estado B é um sonho pouco interessante.

Não há desfecho.

Não há desfecho. Prefiro falar em insurreição do que em revolução, hoje. Um estado de insurreição permanente como resistência. A palavra talvez seja mais resistência, insurreição, do que revolução e guerra. Guerrilha é sempre de resistência. O modelo da resistência francesa [na ocupação alemã], criar redes subterrâneas de comunicação. Estamos nessa posição, somos um planeta invadido por alienígenas, digamos, que é o grande capital, a TV Globo, o agronegócio, a hegemonia norte-americana sobre os sistemas de entretenimento; como é que você cria uma rede de resistência a esses “alemães”?

Sou um activista das redes, de facto. Mas não convoco para manifestações, não pertenço a nenhuma organização, estou um pouco velho para sair na rua.

Está com 62 anos.

É, mas para sair na rua como black bloc [sorriso]… Posso ir atrás do black bloc, na frente não dá.

Começou tarde a ser um activista/guerrilheiro. Porquê?

É uma questão interessante. A minha relação com o activismo na ditadura não foi receio físico. Não que eu não tivesse medo de enfrentar a repressão. Vi vários amigos presos, torturados, todo o mundo tinha medo. Mas não foi por isso que não entrei na luta contra a ditadura. Foi porque não acreditava nela, em tomar o poder para instituir uma nova ordem não muito diferente. Eu achava que era uma briga entre duas fracções da classe média alta para saber quem ia mandar no país. E eu não tinha a menor simpatia pela ideia de mandar no país. Tinha uma desconfiança, que infelizmente se confirmou, quando a gente vê que uma das pessoas que fez a luta armada está mandando no país. E ela está fazendo coisas muito parecidas com o que os militares queriam fazer, pelo menos na Amazônia. O projecto da Dilma na Amazônia é idêntico ao do Médici [terceiro presidente da ditadura, no período 1969-74].

O senhor se configura como um anarquista?

Talvez…

Fora do estado.

Digamos que sim. Mas não sou um anarquista daqueles que acham que a sociedade actual pode prescindir do estado. Acho isso um sonho um pouco infantil.

Acha que não pode prescindir do estado mas que é importante cultivar…

Uma oposição, sim. A ideia de uma abolição do estado nas presentes condições é fantasia. Existem algumas contradições que não podemos evitar. Por exemplo, o maior inimigo dos índios brasileiros, num certo plano, é o estado, que representa uma sociedade que os invadiu, exterminou, escravizou, expropriou de suas terras. Ao mesmo tempo, o estado brasileiro é a única protecção que os índios têm contra a sociedade brasileira. Se não fosse o estado, os fazendeiros já teriam aniquilado todos os índios. Mas é uma quimioterapia, como se o Brasil fosse o câncer e o estado fosse aquele remédio. Faz um mal horrível mas você tem de tomar, é o único jeito de ter esperança de se curar. Portanto, não posso ir contra o estado.

Tenho simpatia pela tese do [antropólogo francês Pierre] Clastres, “A Sociedade Contra o Estado”, um tipo de sociedade como ele entendia que era o caso de várias sociedades indígenas, mas não imagino que isso possa ser transferido para as nossas dimensões demográficas. Isto dito, não sei por quanto tempo vamos ter essas dimensões no planeta, estados-nação com milhões de habitantes. Precisamos guardar os anti-corpos contra o estado porque podemos precisar deles no futuro.

Defende que toda a lógica do que o Brasil poderia ser, oferecer, passaria por se tornar mais índio. Não os índios tornarem-se brasileiros mas o Brasil tornar-se índio, o que significaria uma outra forma de vida, não para produzir, não para consumir. Que significa isso na guerrilha das cidades e das redes? Como os índios podem estar presentes aí? O que podem dar à tal insurreição contínua?

Vou juntar isso com o final da pergunta anterior. Fui-me tornando mais activo nas redes porque apareceram, antes não existiam, e em função da minha enorme decepção com o final da ditadura, o facto de que continuamos reféns do grande capital, dos grandes clãs, dos capitães hereditários que continuam mandando no Brasil, José Sarney, Fernando Collor, Renan Calheiros. Essa aliança entre o mais arcaico, que é Sarney, e o mais moderno do capitalismo, que são esses agronegociantes de alta tecnologia do Mato Grosso do Sul, todos eles combinados para manter a tranquilidade política: não deixemos as massas virem atrapalhar.

Então, a minha decepção com a trajectória depois da ditadura; a minha decepção maior ainda com a trajectória do PT, a partir da eleição do Lula, na qual ele escreveu uma carta aos brasileiros dizendo que não ia tocar no bolso dos ricos; a minha decepção ainda maior com a performance do governo Dilma em relação ao meio ambiente, à Amazônia, aos índios, a total incapacidade política da presidente para ter o mínimo de diálogo, por mais fictício que seja com as populações indígenas, ao contrário, ela demonstra um desprezo, um ódio mesmo, que me parece quase patológico; tudo isso me levou ao activismo.

Todo o mundo tem uma imagem do Brasil como país preguiçoso, relaxado, laid back, onde tudo é mais devagar. E existe uma grande ambiguidade nossa em relação a essa imagem. Por um lado achamos interessante a imagem de um país easy going, por outro lado temos uma grande vergonha disso, nos queremos transformar num país performante, que vai para a frente, produtivo. A gente quer ao mesmo tempo ser sambista e grande potência mundial. Eu acho que devia continuar sendo sambista. Que a gente devia saber explorar as virtudes do não-produtivismo. A ética protestante, que nos deu o espírito do capitalismo, para falar como Weber, nunca esteve inscrita no DNA do Brasil, graças a vocês portugueses, que também não a tinham [risos]. Tiveram durante século e meio, mas depois… Então, por um milagre histórico fomos preservados dessa maldição que é a ética produtivista do capitalismo. Fomos capturados pelo capitalismo porque nos invadiu, domou. O capitalismo foi possível porque a Europa invadiu a América. Se não fosse a America, a Europa não teria deixado de ser o que era na Idade Média, um fundo de quintal. Na Idade Média, as sociedades desenvolvidas eram o Islã, a India e a China. Os europeus eram um bando de bárbaros, sujos, mal vestidos, católicos. Mas por acaso os portugueses e os espanhóis deram de cara com o novo mundo e o capitalismo tornou-se possível. Porque foi o ouro do Novo Mundo, milhares de toneladas, e tudo o que saiu da América, novas plantas, novos recursos alimentares, que permitiu a expansão do capitalismo e  depois a revolução industrial. Se não tivesse havido invasão da América, destruição da América não teria havido Europa moderna. Hoje, no mundo, as principais plantas que servem de alimentação mundial são de origem ameríndia: o milho, que se planta em toda a parte, a batata, que permitu a revolução industrial inglesa, a mandioca, da qual toda a África do Oeste hoje vive. Só que a América já era, não tem mais Novo Mundo para descobrir, a terra fechou, arredondou, além de que o pólo dinâmico do capitalismo foi para a China.

Voltando aos índios.

O Brasil tem muito poucos índios comparado com os países andinos ou mezo-americanos. Estão na casa de um milhão, num país de 200 milhões. Mas têm um poder simbólico muito grande, até porque têm uma base muito grande, 12 por cento do território brasileiro. Está tudo invadido [por obras ou fazendeiros] mas oficialmente é terra indígena. Além de que têm um poder de sedução no imaginário ocidental. A Amazônia tem um poder simbólico imenso. Embora, ao contrário do que os brasileiros pensam, não seja só brasileira, a maior parte da Amazônia está no Brasil. E é um objecto transcendente, uma espécie de última chance, último lugar da terra. O que dá ao Brasil um poder simbólico que ele não sabe usar, ao contrário, a Amazônia tem servido para atacar o Brasil por não saber cuidar da Amazônia. E sabe uma coisa? Não sabe mesmo. E não está sabendo se valer da Amazônia como um trunfo mundial. Nem como um lugar onde poderia se desenvolver uma civilização menos estúpida, do ponto de vista tecnológico e social. Os índios aí servem como exemplo. Estão na Amazônia há pelo menos 15 mil anos. Boa parte da floresta amazónica foi criada pela actividade indígena. Boa parte do solo foi criado com cinza de fogueira, detritos humanos. A Amazônia é essa floresta luxuriante em parte por causa da acção humana, dos índios.

Perante isto, o modelo sulino, gaúcho, europeu, de ocupação da Amazônia, é um plano liso que você possa encher de fertilizante, para poder plantar plantas transgénicas, resistentes a herbicidas, para produzir soja para vender para China, para em seguida pegar esse dinheiro e dar Bolsa Família. Não seria mais simples fazer com que essas pessoas não precisassem de Bolsa Família dando para elas terra para plantar, fazendo a célebre reforma agrária que jamais foi feita no Brasil?

Estamos exportando terra, solo e água na forma de carne, de soja. Um quilo de carne precisa de 15 mil litros de água para ser produzido, um quilo de soja, 7500 litros. Essa água toda, que poderia estar sendo usada para plantar comida para nós, está sendo usada para produzir soja para alimentar gado europeu, ou em tofu e miso na China.

O Brasil destruiu mais de metade da sua cobertura vegetal, a Mata Atlântica, que era igual à Amazônia do ponto de vista ambiental, para plantar cana e café durante a colonização. E ficámos mais ricos? Agora estão devastando a Amazônia para produzir soja e gado. Estamos ficando mais ricos? Os pobres estão melhores porque está caindo mais migalha da mesa dos ricos, não porque vieram sentar na mesa.

Meninos a pescar no rio Xingu (1982) EDUARDO VIVEIROS DE CASTRO

Isso também afectou os índios, não? Em São Gabriel da Cachoeira, o município mais indígena do Brasil [estado do Amazonas], um dos grandes problemas é o alcoolismo. Impressionante ver o estado em que muitos índios vivem em São Gabriel. É um resultado desse erro de tentar converter o índio em brasileiro nesse modelo que está a descrever?

O alcoolismo é uma praga da população indígena das três Américas. Tem a ver com várias coisas. Uma delas é genética, mesmo. Os índios têm, por razões de evolução, muito menos resistência ao metabolismo do açúcar no organismo. Por isso que eles têm essa tendência à obesidade e à diabetes. Segundo, os índios sempre tiveram álcool, na América do Norte menos, mas todos os índios da Amazônia preparavam bebidas fermentadas, etc. É a mesma coisa com o tabaco, só que ao contrário. O tabaco é indígena. Os índios fumavam, mas não tinham câncer, ou a taxa devia ser muito pequena, assim como o alcoolismo existe entre nós mas é muito menos violento. Porquê? Os índios, para fazerem o tabaco deles e a bebida deles, tinham que produzir à mão. Tabaco tinham de plantar, de enrolar, de fazer um charuto, levava cinco dias para fumar, eram objectos custosos. A cerveja que faziam levava semanas. Aí, chega de repente a cachaça, seis meses de trabalho indígena concentrado numa garrafa que custa dois reais. A mesma coisa com a gente: quando você pega num maço de cigarro que tem concentrado seis meses de trabalho indígena, você fuma um atrás do outro. Você morre de câncer aqui e os índios morrem de cirrose lá.

O capitalismo apresenta aos índios uma coisa que eles nunca tiveram: o infinito mercantil. Os objectos não acabam nunca. Você tem uma quantidade infinita de cachaça. É como se chegassem aqui marcianos que nos dessem soro da vida eterna. Os índios não entendem e consomem, consomem, consomem. Eles produziam pouco para ter tempo livre. O que acontece agora é que continuam produzindo pouco mas os produtos chegam em quantidade infinita. E eles não têm estrutura social, política, institucional. Vai levar séculos para que desenvolvam resistências. Todo o ser humano gosta de se drogar, alterar a consciência, desde o café até ao LSD, então nos índios o álcool entrou destruindo tudo. É certamente a coisa mais destrutiva em todos os índios das Américas.

Não há sociedades perfeitas. É preciso distinguir entre modelo e exemplo. Os índios são um exemplo, não um modelo. Jamais poderemos viver como os índios, por todas as razões. Não só porque não podemos como não é desejável. Ninguém está querendo parar de usar computador ou usar antibiótico, ou coisa parecida. Mas eles podem ser um exemplo na relação entre trabalho e lazer. Basicamente trabalham três horas por dia. O tempo de trabalho médio dos povos primitivos é de três, quatro horas no máximo. Só precisam para caçar, comer, plantar mandioca. Nós precisamos de oito, 12, 16. O que eles fazem o resto do tempo? Inventam histórias, dançam. O que é melhor ou pior? Sempre achei estranho esse modelo americano, trabalha 12 horas por dia, 11 meses e meio por ano, para tirar 15 dias de férias. A quem isso beneficia?

A única vantagem indiscutível que a civilização moderna produziu em relação às civilizações indígenas foram os avanços na medicina. Se você fosse viver o resto da vida no mato o que levaria? Penicilina. Foi de facto um avanço. Mesmo assim nossos avanços sempre avançam demais. Hoje preferimos manter uma pessoa de 90 anos sofrendo horrivelmente, tem de viver, tem de viver, a família vai à falência. Ou seja, não sabemos mais morrer. Todo o mundo antes do século XX sabia morrer.

At Last! Brazil Begins Long-Awaited Operation to Save Earth’s Most Threatened Tribe (transcend.org)

BRICS, 3 March 2014

by Survival International – TRANSCEND Media Service

More than six months after the Brazilian army moved in to tackle illegal logging outside the land of the Awá, the Brazilian government has now started a major ground operation to evict illegal invaders from inside the Awá's land.

More than six months after the Brazilian army moved in to tackle illegal logging outside the land of the Awá, the Brazilian government has now started a major ground operation to evict illegal invaders from inside the Awá’s land. © Globo TV

After months of campaigning by Survival International, Brazil’s government has launched a major ground operation to evict illegal invaders from the land of the Awá, Earth’s most threatened tribe .

Soldiers, field workers from Brazil’s indigenous affairs department FUNAI, Environment Ministry special agents and police officers are being dispatched to notify and remove the illegal settlers, ranchers and loggers – many of whom are heavily armed – from the Awá indigenous territory in the North-Eastern Brazilian Amazon.

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The operation comes at a crucial time as loggers are closing in on the tribe and more than 30% of the forest has already been destroyed.

In June 2013 Brazil’s military launched a ground operation against illegal logging around the land of the Awá. The forces closed down at least eight saw mills and confiscated and destroyed other machinery, but they did not remove the loggers and ranchers from inside the Indians’ land.

An Awá man told Survival, ‘For a long time we’ve been asking for the invaders to be removed… we don’t want to see the loggers destroying our forest. We like to see the forest standing.’

Army helicopters and trucks move in as part of the operation. © Globo TV

Army helicopters and trucks move in as part of the operation. © Globo TV

This break-through operation follows a high-profile campaign by Survival International, which has been backed by celebrities such as Hollywood stars Colin Firth and Gillian Anderson, UK fashion designer Vivienne Westwood and Brazilian photographer Sebastião Salgado, who recently visited the tribe to document their plight.

Salgado’s images and the Awá’s shocking story reached millions of people worldwide as they were featured in Vanity Fair, the Sunday Times and Brazilian news outlet O Globo.

Since the launch of the campaign in April 2012, Survival’s supporters have sent more than 55,000 letters to Brazil’s Minister of Justice, urging him to evict the invaders, and have spread the campaign’s awáicon logo around the world’s landmarks, such as Brazil’s Sugarloaf Mountain, South Africa’s Table Mountain, San Francisco’s Golden Gate Bridge and the Eiffel Tower in Paris.

The Inter-American Commission on Human Rights, the Americas’ leading human rights body, alsodemanded answers from the Brazilian government, having received an urgent petition from Survival and Brazilian NGO CIMI.

As a result of the global campaign, the Awá were put at the top of FUNAI’s priority list in April 2012, but it has taken the government until now to start evicting the illegal invaders, while more forest has been destroyed.

The Awá are one of the last nomadic hunter-gatherer tribes in Brazil and depend entirely on the rainforest. They have been finding it increasingly difficult to find game and are scared to go huntingfor fear of encountering the armed loggers.

Around 100 Awá are uncontacted and are particularly vulnerable to attacks and the spread of diseases to which they have little immunity.

Survival has welcomed the start of the evictions operation, and is now urging the Brazilian authorities to put in place a long-term solution to stop the invaders from returning, and to guarantee the safety of the 450-strong tribe.

Survival’s Director Stephen Corry said today, ‘This is a momentous and potentially life-saving occasion for the Awá. Their many thousands of supporters worldwide can be proud of the change they have helped the tribe bring about. But all eyes are now on Brazil to ensure it completes the operation before the World Cup kicks off in June, and protects Awá land once and for all.’

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Note to editors:

– Download a timeline of Survival’s campaign to save the Awá (pdf, 92 kb)

Act now to help the Awá

Your support is vital if the Awá are to survive. There are many ways you can help.

Go to Original – survivalinternational.org

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Native American city on the Mississippi was America’s first ‘melting pot’ (Phys)

phys.org

March 4, 2014

New evidence establishes for the first time that Cahokia, a sprawling, pre-Columbian city situated at the confluence of the Missouri and Mississippi rivers, hosted a sizable population of immigrants.

Cahokia was an early experiment in urban life, said Thomas Emerson, who led the new analysis. Emerson is Illinois state archaeologist and the director of the Illinois State Archaeological Survey at the University of Illinois.

Researchers have traditionally thought of Cahokia as a relatively homogeneous and stable population drawn from the immediate area, he said. “But increasingly archaeologists are realizing that Cahokia at AD 1100 was very likely an urban center with as many as 20,000 inhabitants,” he said. “Such early centers around the world grow by immigration, not by birthrate.”

The new analysis, reported in the Journal of Archaeological Research, tested the chemical composition of 133  from 87 people buried at Cahokia during its heyday. The researchers looked specifically at strontium isotope ratios in the teeth and in the remains of small mammals from the same area.

“Strontium isotope ratios in rock, soil, groundwater and vegetation vary according to the underlying geology of a region,” the researchers wrote. “As an animal eats and drinks, the local strontium isotope composition of the water, plants and animals consumed is recorded in its skeletal tissues.” Strontium signatures may not be unique to a location, Emerson said, but the ratios in a person’s teeth can be compared to those of plants and animals in the immediate environment.

“Teeth retain the isotopic signature of an individual’s diet at various periods of life depending on the tooth type sampled, ranging from in utero to approximately 16 years of age,” the researchers wrote. The strontium signature in the teeth can be compared to that of their place of burial, to determine whether the person lived only in that vicinity. Early teeth and later teeth may have different strontium signatures, an indication that the person immigrated.

By analyzing the teeth of those buried in different locations in Cahokia, Emerson, state archaeological survey bioarchaeologist Kristin Hedman and graduate student Philip Slater discovered that immigrants formed one-third of the population of the city throughout its history (from about AD 1050 through the early 1300s).

“This indicates that Cahokia as a political, social and religious center was extremely fluid and dynamic, with a constantly fluctuating composition,” Emerson said.

The findings contradict traditional anthropological models of Cahokian society that are built on analogies with 19th-century Native American groups, Emerson said.

“Cahokia, because it was multiethnic and perhaps even multilingual, must have been a virtual ‘melting pot’ that fostered new ways of living, new political and social patterns and perhaps even new religious beliefs,” he said.

More information: “Immigrants at the Mississippian Polity of Cahokia: Strontium Isotope Evidence for Population Movement,” Journal of Archaeological Research, 2014.

Read more at: http://phys.org/news/2014-03-native-american-city-mississippi-america.html#jCp

Do Animists become Naturalists when Converting to Christianity? Discussing an Ontological Turn (CUSAS seminar)

In the first CUSAS seminar this term, on Thursday 23rd January, Dr. Aparecida Vilaça presented her paper titled ‘Do Animists become Naturalists when Converting to Christianity? Discussing an Ontological Turn’.Aparecida Vilaça is currently Associate Professor in the Postgraduate Program in Social Anthropology, Museu Nacional/Universidade Federal do Rio de Janeiro, and a researcher for the National Science Research Council (CNPq). Since 1986 she has worked among the Wari’ Indians of Southwestern Amazonia, Brazil. Fieldwork has been financed by the Ford Foundation, the Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research (predoctoral grant and international collaborative grant), and Finep. She was Professor Invité at the Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales in Paris in 1999, Directeur d’Etudes Invité at the Ecole Pratique des Hautes Etudes in the same city in 2000, Visiting Professor of the Centre of Latin American Studies of the University of Cambridge in 2001, and Visiting Scholar in the Department of Social Anthropology at the same university in 2004. She is a visiting fellow at CRASSH during Lent term this year.

You can listen to the full lecture here.

Read Josef Ellis’ response to Dr. Vilaça’s paper:

Ontological Purification? A Response to (the responses to) Aparecida Vilaça’s CUSAS seminar

Dr. Aparecida Vilaça’s paper ‘Do animists become naturalists when converting to Christianity? Discussing an ontological turn’ sparked considerable ‘debate’ among the audience that witnessed its delivery. Yet the absence of one party in the debate was conspicuous, something I would like to remedy here. I might even suggest that the rhetoric of the arguments mobilised by the audience on Thursday afternoon contain striking resemblances to the very type of ‘purification’ or ‘apartheid building’ they aimed to attack.  In doing so, I will illustrate how Dr. Vilaça’s paper strikes at the heart of contemporary developments in anthropological theory.

While an inferior rehashing of Vilaça’s paper would be a waste (a recording of the talk is available on the CUSAS blog), I will briefly sketch a part of her argument. Vilaça discussed the Wari’, a group of Amazonian Indians in South-western Brazil. The Wari’, prior (and perhaps after) conversion to Christianity are considered by anthropologists to have been ‘perspectivist animists’. In other words, the Wari’ might be said to exist in an ontology in which each subject, both animal and human, is internally intensively differentiated from itself: living entities are therefore particular modulations of this infinite difference, actualised through the dispositions and perspectival positions which can be glossed as the ‘body’ (Viveiros de Castro 1998, 2012 cf. Vilaça 2005, 2009).  The body, nature or exteriority is what varies, with culture or interiority unifying all species (Ibid, Descola 2013). Wari’, and Amazonian ontologies are thus an inversion of Western naturalism, or multiculturalism, being instead a multinatural mode of existence. Vilaça drew out how this multinaturalism has also reared its head in high-theory, discussing various authors associated with the ‘ontological turn’ who, catalysed by the self-refuting universalism of cultural relativism (and also a particular lecture series held in the department (Holbraad in Viveiros de Castro 2012), shift anthropological questions away from representation and epistemology to investigations on a ontological plane, in turn eliciting a probing of the multiple natures of humanity, rather than remaining within the limits of western naturalism (Latour 1993, Viveiros de Castro 1998, 2003, Descola 2013). To return to the Wari’, it would seem that they are an exemplar of one of these divergent natures the ontological turn is concerned with. So what happens when they convert to a Christian (naturalist) religion?

To violently reduce her nuanced and subtle ethnography; Vilaça argued the Wari’ did not simply reject or convert to naturalism. Instead, upon conversion to Christianity, the perspectivist regime seemed to encompass the naturalist. Instead of resulting in a stable background of a biological body, Wari’ bodies were still given by perspectives, only now in relation to God, or in some cases, the devil. Similarly, Vilaça argued that the Christian devil itself was a powerful generator of hybrids in Latour’s sense, entities that violate the modern constitution of the rupture of nature and culture (1993). Vilaça drew out two related implications for the ontological turn from this ethnography. Firstly, given that perspectivist animism and Christian naturalism appeared in some sense to exist at the same time among the Wari’, she aimed to qualify the strength of arguments which posit a radical separation between the two. In a related way, she drew attention to the fact that Christianity is not such a purely naturalist formation, as seen in its hybrid-producing devil (although that would make Christianity ‘modern’ in Latour’s sense).

The audience appeared to take this qualification extremely well, and many comments were made regarding the danger of the ontological turn’s supposed positing of extreme alterity between naturalists (the west) and other ontologies (the rest) (cf. Laidlaw 2012). Similarly, the ontological turn was attacked for being overly concerned with contradiction, and invited to entertain the presence of contradictory ontological potentials within cultures (or natures) rather than between them. Case closed then? Not quite.

I want to make it clear that some of the stronger anti-ontological worries and arguments emerged from the discussion of the paper, rather than being argued in the paper itself. Nevertheless, I offer a few small rebuttals for reasons of provocation rather than desiring to become a representative of a particular ‘side’. Firstly, the argument that the ontological turn consists of constructing an image of the world involving geographically bound ontological ‘zones’ should be questioned. This argument reacts more to the rhetoric and political pragmatism of the ontological turn than its analytical content (cf. Candea in Venkatesan et al. 2010). When Viveiros de Castro spoke of ‘the Amazonian ontology’ he did so out of an allegiance to a political project of ‘conceptual emancipation’ or perhaps the radicalisation of an ‘Amerindian war machine’ (sensu Deleuze & Guattari 1988) against Western philosophy (Latour 2009). Put simply, in the genesis of such a political project, initially clearly delineated lines might have to be drawn. This has lead to some confusion when other in members of the ontological term used the slogan of conceptual self-determination, giving the sense of bounded, or essentialized ontologies to be intellectually liberated wholesale (Henare et al 2007, Alberti et al 2011).

Yet as was made extremely clear in a recent positional paper at the AAA in Chicago this year, ontological self-determination is not concerned with the positing of the rest against the West, but rather about the recognition of the capacity to differ, which operate within a particular social milieu as much as between them (Holbraad, Pedersen & Viveiros de Castro 2014) This allows the ‘non-sceptical elicitation of this manifold of potentials for how things could be’ an understanding of the ‘otherwise’’ (ibid, cf. Povinelli 2012). Ontologies that appear to ‘contradict’ one another are not bulldozed by this project, they are expected by it. This leads me onto a second point about contradiction. As was perceptively put by an extremely esteemed member of the audience (as well as someone who has used ontology extensively recently cf. Lloyd 2013), the Western philosophical concern with the law of non-contradiction has been rather overstated, particularly in anthropology, and perhaps our writing should shift away from ‘purifying’ social contexts into embracing their ambiguities. While I would agree wholeheartedly with this statement (indeed I believe the particular faction of the ontological turn I am discussing would similarly give ascent), I want to make a small point in rebuttal. Even when we acknowledge, as Latour famously did, that western purification is accompanied by the production of hybrids it denies are possible, this does not remove the fact that the discourses of the most powerful in our societies are very much within the terms of the impossibility of contradiction. If the ontological turn is ultimately a ‘technology of description’ (Pedersen 2012) that aims to recognise the otherwise as ‘viable as a real alternative’ (Holbraad, Pedersen & Viveiros de Castro 2014) then this must necessarily need to reflect something of our political grammar to have any effect. While contradiction may always be present, the impulse to make sense out of the contradictory is a necessary side-effect of taking something seriously, and should not be dismissed easily. The ontological turn is a movement that is rapidly maturing, and I might suggest that some of the criticisms that were mobilised on Thursday were rather purificatory in their reduction of a theoretical turn that is shifting under our feet.

It is precisely for this reason that one might consider Vilaça’s paper an example of the productiveness that the turn to ontology has lent to our discipline. This is a productivity that does not reduce in any direction, but gives us the sensitivity to fathom complexity, both here and elsewhere.

References

Alberti, B., Fowles, S., Holbraad, M., Marshall, Y. & Witmore, C. (2011). “Worlds Otherwis” Archaeology, Anthropology and Ontological Difference. Current Anthropology. 52 (6). 896-912

Deleuze, G. & Guattari, F. (1988). A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia. Trans. Massumi, B. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Descola, P. (2013). Beyond Nature and Culture. Trans. Lloyd, J. Chicago: University of Chicago Press.

Holbraad, M., Pedersen, M. & Viveiros de Castro, E. (2014). The Politics of Ontology: Anthropological Posistions. Fieldsights – Theorizing the Contemporary, Cultural Anthropology Online. January 13, 2014, http://culanth.org/fieldsights/462-the-politics-of-ontology-anthropological-positions

Laidlaw, J. (2012). Ontologically Challenged. Anthropology of this Century. 4.

Latour, B. (1993). We Have Never Been Modern. Trans. Porter, C. Cambridge: Harvard University Press

Latour, B. (2009). Perspectivism: ‘Type’ or ‘Bomb’. Anthropology Today. 25 (2) 1-2

Lloyd, G. E. R. (2013). Being, Humanity and Understanding. Oxford: Oxford University Press.

Pedersen, M. A. (2012). Common Nonsense: A Review of Certain Recent Reviews of the Ontological Turn. Anthropology of This Century. 5.

Povinelli, E. A. (2012). The Will to be Otherwise/The Effort of Endurance. South Atlantic Quaterly. 111 (3). 453-457

Venkatesan, S. (2010). Ontology is Just Another Word for Culture: Motion Tabled at the 2008 Meeting of the Group for Debates in Anthropological Theory, University of Manchester. Critique of Anthropology. 30 (2) 152-200

Vilaça, A. (2005). Chronically Unstable Bodies: Reflections on Amazonian
Corporalities. Journal of the Royal Anthropological Institute. 11 (3). 445-464

Vilaça, A. (2009). Bodies in Perspective: A Critique of the Embodiment Paradigm from the Point of View of Amazonian Ethnography. Social Bodies. Eds Lambert, H. & McDonald, M. Oxford: Berghahn Books. 129-147

Viveiros de Castro, E. (1998a). Cosmological Deixis and Amerindian Perspectivism. Journal of the Royal Anthropological Institute. 4. 469-488

Viveiros de Castro, E. (2003). ‘AND’. Manchester Papers in Social Anthropology 7.

Viveiros de Castro, E. (2012). Cosmological Perspectivism in Amazonia and Elsewhere. Hau Masterclass Series. 1.

Projeto susta prerrogativas da Funai no licenciamento de obras que afetam índios (Agência Câmara)

JC e-mail 4895, de 14 de fevereiro de 2014

Trata-se do Projeto de Decreto Legislativo 1300/13, do deputado Nilson Leitão (PSDB-MT), que susta a Instrução Normativa 1/12 da Funai

A Câmara analisa proposta que susta as prerrogativas da Fundação Nacional do Índio (Funai) nos processos de licenciamento ambiental de empreendimentos ou atividades que afetem terras indígenas e seu entorno. Trata-se do Projeto de Decreto Legislativo 1300/13, do deputado Nilson Leitão (PSDB-MT), que susta a Instrução Normativa 1/12 da Funai.

A instrução define os princípios para a análise dos processos de licenciamento. Entre eles estão a precaução pela sociobiodiversidade; a autonomia dos povos indígenas; o respeito a sua organização social, usos, costumes, línguas, crenças e tradições; e os direitos originários sobre as terras. Segundo a instrução normativa, a análise deve ser feita com a participação e cooperação dos povos indígenas interessados, respeitando suas tradições e instituições representativas.

Para o autor da proposta, com o avanço das obras de transporte e de energia nas regiões Norte e Centro-Oeste, “o componente indígena se transformou na peça-chave para o processo de licenciamento ambiental, e isso tem determinado a inviabilidade, o alto custo e o atraso de grandes projetos de logística do País”.

Decisão final
De acordo com Nilson Leitão, na prática, a instrução determina que a última palavra em todo empreendimento seja de comunidades e entidades indígenas, por intermédio de suas organizações, movimentos sociais e organizações não governamentais (ONGs) nacionais e internacionais. “Esse componente é o instrumento utilizado pela Funai para exigir do Dnit ou de empreiteiras o repasse de vultuosas quantias para as lideranças indígenas e ONGs ligadas à causa”, afirma o parlamentar.

A Instrução Normativa 1/12 permite o licenciamento somente após a manifestação das comunidades potencialmente afetadas, por meio da análise técnica de relatórios. A norma impõe ainda a obrigação de o empreendedor custear todas as atividades relacionadas ao componente indígena do processo, incluindo realização de reuniões, deslocamento de lideranças, alimentação e demais gastos.

Tramitação
O projeto será analisado pelas comissões de Meio Ambiente e Desenvolvimento Sustentável; de Direitos Humanos e Minorias; e de Constituição e Justiça e de Cidadania. Depois, será votado pelo Plenário.

Íntegra da proposta:

PDC-1300/2013

(Luiz Gustavo Xavier/Agência Câmara)

O homem do tempo (Trip)

Cacique Cobra Coral: um espírito que luta contra o desequilíbrio da natureza

11.07.2012 | Texto: Millos Kaiser | Fotos: Abiuro

Foto: Abiuro

Empenhado em “intervir nos desequilíbrios provocados pelo homem na natureza”, o espírito do velho Cacique Cobra Coral se manifesta no Brasil e faz clientes entre produtoras de shows, governos e até em casamentos reais

De: The Weather Son
Sent from iPad 3 – from Rio City Maravilhosa

Depois de segurar por mais de dez dias a chuva e o vento para a montagem e o início da Rio+20, o cacique Cobra Coral ficou muito triste com a apresentação do relatório que deve ser ratificado pelos chefes de Estado. Acionado pelo prefeito Eduardo Paes diante da previsão de chuva durante a conferência da ONU, o cacique isolou as áreas do Forte de Copacabana e do Riocentro, onde ocorria a Rio+20, e conseguiu espantar totalmente as nuvens carregadas nesses locais, fazendo uma distribuição da chuva pelo estado do Rio de Janeiro.

O remetente do e-mail “The Weather Son”, o filho do tempo, é Osmar Santos, marido da médium Adelaide Scritori. Juntos, eles são responsáveis pela Fundação Cacique Cobra Coral, criada, segundo o site oficial, “para intervir nos desequilíbrios provocados pelo homem na natureza”. Adelaide é a responsável pelo trabalho espiritual (ela prefere o termo “operações”), enquanto Osmar é “o homem do marketing”. “Eu trabalho usando uma conexão concreta, via celular, tablet e notebook, e a Adelaide opera com o cacique, conectada pelo espiritismo”, ele esclarece. A dupla contaria ainda com o auxílio de um professor aposentado da Universidade de São Paulo (USP), de um pesquisador do Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (Inpe) e de outros conselheiros – até o escritor Paulo Coelho já foi um deles, entre 2002 e 2004.

Nos últimos dias, o casal estava na fronteira entre Brasil e Argentina, tentando atrasar a chegada de uma frente fria na Rio+20. No antepenúltimo dia do evento, porém, choveu. O cacique errou? “Não erramos a previsão, porque não é isso que fazemos. Alteramos o tempo para atender o povo. Funcionamos como um airbag, mas cada uma das peças do carro precisa também fazer sua parte. E isso não ocorreu. Céu azul não combina com desatenção, insensibilidade e falta de compromisso dos que se acham donos deste planeta. Não passarão incólumes ao crash climático de 2047, quando a Terra não terá mais água, comida ou ar limpo”, justifica Osmar, adiantando de quebra o ano em que será o apocalipse final.

Nem um mês antes, os dois estavam espantando tempestades no Grande Prêmio de Fórmula 1 em Mônaco e no Rock in Rio Lisboa. Terminando a Rio+20, embarcariam para a edição espanhola do festival, em Madri, e de lá seguiriam para Londres, onde dariam uma forcinha na abertura da Olimpíada. São quase todos clientes de longa data. A FCCC mantém convênio com a secretaria de obras do Rio de Janeiro desde o segundo mandato de César Maia, iniciado em 2001. Réveillon, Carnaval, Jogos Pan-Americanos, visitas de Bush, Obama e do papa à cidade… Em todos esses eventos, o cacique estava lá. Desde o mesmo ano, ele também pode dizer “Rock in Rio, eu fui”. Na época, o espírito teria salvado o festival de uma chuva que acometera toda a Barra da Tijuca, com exceção da Cidade do Rock, e convertido Roberto Medina – em sua autobiografia, o idealizador do RIR escreveu: “O cacique quase faz parte da empresa”.

“Contratamos sempre que dá. É satisfação garantida. Quando não dá para mandar a chuva para outro lugar, ele avisa antes” , diz uma produtora de eventos

Já com a Inglaterra a relação é ainda mais antiga, data do inverno de 1987. Londres agonizava sob 30 graus abaixo de zero e a então primeira-ministra Margaret Thatcher pediu socorro dos brasileiros. No dia seguinte, a temperatura já chegava a tolerável um grau negativo. O jornal The Guardian apelidou os milagreiros de “interceptadores de catástrofes”. Acabaram virando queridinhos do gabinete real, a ponto de intercederem no recente casamento do príncipe William com Kate Middleton.

Convênios com órgãos públicos são gratuitos. Em troca, a fundação pede aos governos que apresentem um comprovante de tudo que fizeram para reduzir os danos ambientais. Quem são os clientes particulares ou quanto pagam, a FCCC não revela, dizendo apenas que “eles estão espalhados por 17 países diferentes”. A produtora de eventos Valeria (nome fictício), que utilizou o serviço seis vezes, revela que o preço varia entre R$ 20 mil e R$ 25 mil, dependendo do porte do evento e do tempo de antecedência da contratação.

Contrata-se, na verdade, a Corporação Tunikito, um conglomerado com mais de dez CNPJs (El Niño Administração, Nostradamus Corretora de Seguros, La Niña Metereology, TWX Capas de chuva etc.) cuja sede fica na cidade de Guarulhos, em São Paulo. Osmar explica melhor: “A contratação pode incluir uma série de bens e serviços, como boletins meteorológicos, seguros contra desastres, aluguel de veículos e de capas de chuva. Mas é natural que quem contrate a Tunikito espere uma retribuiçãozinha providencial do cacique, afastando a chuva no dia de seu evento”. A fundação seria mantida com 20% dos lucros da Tunikito.

Iniciais no bolso
Adelaide e Osmar se conheceram quando eram promotores comerciais da Clam Clube de Assistência Médica, uma empresa do Grupo Silvio Santos. “Sempre trabalhamos com vendas”, ele conta. Quando não estão atuando como “senhores do tempo”, Adelaide trabalha como corretora de imóveis de luxo, “de acima de R$ 1 milhão”; o forte de Osmar são os seguros de automóveis.

A Fundação Cacique Cobra Coral foi fundada em 1931 por Ângelo, pai de Adelaide. Ele teria sido o primeiro Scritori a receber o espírito do índio norte-americano, que antes haveria encarnado no ex-presidente Abraham Lincoln e no cientista Galileu Galilei. Adelaide incorporaria também “uma equipe de engenheiros siderais, cada um responsável por um fenômeno da natureza”, e teria o dom de prever o futuro – no site da fundação há a cópia de uma carta supostamente enviada à Casa Branca comunicando ao presidente George W. Bush sobre o atentado de 11 de setembro, um mês antes do ocorrido. Suas habilidades mediúnicas estão sendo transmitidas para Jorge, o primogênito, 33 anos, de seus três filhos, sacerdote em um centro umbandista.

Abiuro

Osmar e Adelaide raramente dão entrevistas. ÀTrip, toparam falar apenas por e-mail, pois pessoalmente, alegaram, “o Astral não permitiu”. A reclusão suscita notícias a seu respeito que nem sempre procedem. Recentemente, por exemplo, a mídia anunciou que o Cacique Cobra Coral havia sido solicitado na gravação do show de Roberto Carlos em Jerusalém. “Eles estavam lá, é verdade”, esclarece Léa, assessora de comunicação do concerto. “Mas a lazer, até porque a cidade é um deserto e não chove nunca. Eles eram convidados da produção, ficaram no mesmo hotel que a gente, porém acabaram indo embora antes do show por causa de um chamado urgente.”

Geralmente, quem vai até os eventos é Osmar. Adelaide fica em um hotel na cidade ou em algum ponto estratégico. “Ele chega e começa a mapear as dissipações das nuvens, medir a umidade relativa do ar. E não larga do laptop”, conta Valeria. Osmar, em suas palavras, é “um senhor extremamente simpático, de aproximadamente 60 anos, pele clara e rosto arredondado, parecido com um executivo de banco”. Dirige um Citroën C3 e suas camisas costumam ter as iniciais de seu nome bordadas no bolso.

Valeria trabalhou com a FCCC pela primeira vez em 2008. Era cética, até que viu a mágica acontecer. “A tempestade era tanta que não dava nem para montar a estrutura do palco. Faltando cinco minutos para o show começar, o céu abriu em cima do palco, enquanto em volta estava tudo preto ainda”, ela rememora. “Depois dessa, contratamos ele sempre que dá. É satisfação garantida. Quando não dá para mandar a chuva para outro lugar, ele avisa antes.” Após se encontrarem em diversos trabalhos, os dois viraram amigos. “Vou ter um casamento sábado que vem. Escrevi para ele perguntando se vai chover, para saber com que roupa devo ir.” A resposta ainda não havia chegado.

O rio e o índio (Ciência Hoje)

Publicado em 28/01/2014

Quando vai à pesca, o índio leva cultura e tradição, que o Museu da Amazônia ‘fisgou’ e apresenta em mostra que aborda relação vital e sagrada entre rio e homem.

O rio e o índioA fachada da exposição ‘Peixe e Gente’, organizada pelo Museu da Amazônia, foi ilustrada pelo artista Feliciano Lana, da etnia Desana. (foto: Vanessa Gama)

No coração da floresta amazônica, a relação do homem com o rio é de estreita dependência. Entre os índios, é da pesca que vem o principal alimento da tribo, e o caráter ritual dessa prática e o respeito à natureza associado a ela se refletem na tradição indígena. Esse vínculo é apresentado na exposição ‘Peixe e Gente’, organizada pelo Museu da Amazônia, em Manaus, e que reúne armadilhas, utensílios de cozinha, mapas e até registros de lendas mitológicas que jogam luz sobre essa proximidade vital e sagrada.

A exposição tem como foco a relação essencial e sagrada entre os indígenas e a pesca

A mostra se debruça sobre as crenças e os hábitos das etnias indígenas Tuiuca eTucano, habitantes do alto rio Negro, na região amazônica. Os indígenas abriram suas portas e ajudaram na concepção e montagem da exposição, dispostos a dividir com o Brasil e o mundo suas experiências e tradições culturais pouco difundidas.

Baseada no livro Gente e Peixe no Alto Rio Tiquié, do antropólogo Aloisio Cabalzar, a exposição tem como foco a relação essencial e sagrada entre as tribos e a pesca. A publicação trata dos conhecimentos nativos, mitos e concepções cosmológicas sobre a origem dos peixes e suas relações com o homem.

No Museu, estão expostos objetos indígenas, como armadilhas de pesca, que se revelam muito mais do que simples trabalhos manuais, uma vez que envolvem mitos e tradições sagrados. Um bom exemplo são os matapis – alguns trazidos das comunidades e outros confeccionados no próprio museu pelos índios (ver ‘Pesca dos povos tucanos’, em Ciência Hoje n° 305, disponível para assinantes no Acervo Digital).

MatapiQuando o matapi é colocado a favor das correntezas, os peixes acabam entrando na armadilha quando estão descendo o rio. (foto: Juan Soler)

Segundo a lenda, um indígena chamado Gente-Estrela teve seu filho devorado pela Cobra Grande e utilizou um matapi para capturar o bicho. Ao retirar os miúdos da cobra e os jogar no rio Negro, eles transformaram-se em peixes traíras: como castigo por ter comido o menino, a cobra teria seus descendentes comidos por toda a humanidade para sempre.

Mais do que artesanato, a construção de um matapi requer reflexões e rituais considerados imprescindíveis para a realização de uma boa pesca. Após confeccionar a armadilha, o pescador deve fazer jejum e seguir determinadas regras ao voltar para casa. “Não pode se assustar, fazer ou ouvir muito barulho, sorrir, falar alto, deitar com a mulher, entre outras coisas”, explicam os irmãos tucanos Adalberto e Roberval Pedrosa, da comunidade de serra de Mucura.

Armadilha cacuriSegundo os Tukano, construir um cacuri é construir também o corpo de uma mulher, pois as partes da armadilha coincidem com a anatomia feminina. (foto: Kenny Calderón)

Além de armadilhas, como matapi, jequi, cacuri e caiá, a exposição traz objetos de cerâmica onde são preparados pratos típicos do alto rio Negro, cestarias, peneiras, entre outros artefatos e curiosidades sobre a cultura tuiuca e tucana. A exposição está montada na tenda do Jardim Botânico Adolpho Ducke.

Isabelle Carvalho
Ciência Hoje On-line

Indígenas brasileiros convivem mal com as águas represadas (IPS)

22/1/2014 – 10h15

por Mario Osava, da IPS

cacique Bá 629x472 Indígenas brasileiros convivem mal com as águas represadas

O jovem cacique xokó Lucimário Apolônio Lima busca novas formas de sustento para seu povo, depois que a represa de Itaparica cortou suas atividades tradicionais de agricultura e pesca, dependentes das águas do rio São Francisco. Foto: Mario Osava/IPS

Foz do Iguaçu e Paulo Afonso, Brasil, 22/1/2014 – A hidrelétrica de Itaparica ocupou território dos indígenas pankararu, mas enquanto outros foram compensados, a eles coube apenas perder suas terras e o acesso ao rio São Francisco, queixam-se líderes desse povo do Nordeste do Brasil. “Já não comemos pescado como antes, mas o maior dano foi a perda da cascata sagrada, onde realizávamos nossos ritos religiosos”, lamentou à IPS o cacique José Auto dos Santos.

Quase 200 quilômetros rio abaixo, a comunidade indígena xokó sofre a diminuição de água, contida acima por grandes represas que suprimiram as cheias estacionais e regulares do São Francisco, inviabilizando os arrozais de aluvião e reduzindo drasticamente a pesca. Efeitos semelhantes são temidos no rio Xingu, na Amazônia, onde a construção da central de Belo Monte desviará parte das águas do trecho conhecido como Volta Grande, o que afetará os povos juruna e arara.

Cerca de 2.500 quilômetros ao sul, os avá-guarani assentados às margens da represa de Itaipu, na fronteira com o Paraguai, se dedicaram à piscicultura para manter seu alto consumo tradicional de pescado, em uma população crescente e com escassa terra para cultivar. Nos anos 1970 e 1980, emergiu no Brasil uma geração de indígenas de águas paradas, quando o país construiu numerosas centrais hidrelétricas, algumas gigantescas como Itaipu, compartilhada com o Paraguai, e Tucuruí, na Amazônia oriental, ambas inauguradas em 1984.

No São Francisco, cujo maior trecho cruza terras semiáridas, foram instaladas cinco centrais, que alteraram seu fluxo fluvial. Uma delas, Sobradinho, exigiu uma represa de 4.214 quilômetros quadrados, um dos maiores lagos artificiais do mundo, segundo sua operadora, a estatal Companhia Hidrelétrica do São Francisco, que tem outras 13 centrais na região nordestina. A abertura de Sobradinho, em 1982, acabou com a plantação de arroz em terras inundáveis do território xokó, cerca de 630 quilômetros rio abaixo, contaram à IPS seus moradores.

O ciclo anual de cheias praticamente desapareceu no Baixo São Francisco desde 1986, quando foi criada em Pernambuco a represa de Itaparica, de 828 quilômetros quadrados, que regula o fluxo auxiliar de Sobradinho. Assim, se pôs fim ao aluvião, que fertilizava os arrozais e enchia ciclicamente de peixes os lagos conectados ao rio por um canal.

“Sem corrente, o rio perde força, é um prato plano que se cruza a pé”, descreveu Apolônio Lima, o cacique xokó, com uma juventude incomum entre líderes indígenas. Com 30 anos, explicou à IPS que busca para sua gente, pouco mais de 400 pessoas, um futuro sustentável. Para isso, estimula a apicultura e outras produções alternativas, luta pela revitalização do São Francisco e se opõe à transposição de suas águas para combater secas no norte, um megaprojeto do governo federal.

“Antes de fazer isso, é preciso dar vida ao rio, os doentes não doam sangue para transfusões”, afirmou o cacique. “Meus avós já asseguravam que as margens do São Francisco morreriam. Eu não, mas meus netos o verão”, profetizou à IPS o xamã Raimundo Xokó, de 78 anos.

Para os pankararu, estabelecidos a cinco quilômetros da muralha que represa as águas em Itaparica, as ribeiras fluviais são coisa do passado. Seus líderes se sentem roubados. “Não temos onde pescar, a empresa tomou nossa terra, desconhecendo nosso direito legal até a margem”, explicou à IPS o xamã José João dos Santos, mais conhecido como Zé Branco.

O ex-cacique Jurandir Freire, apelidado de Zé Índio, luta por indenizações milionárias, porque os indígenas foram excluídos das compensações por sua terra inundada, ao contrário dos municípios, cujas prefeituras recebem benefícios, e os camponeses assentados nas chamadas agrovilas com áreas irrigadas. Zé Índio esteve preso e perdeu seu cargo por liderar, em 2001, um protesto que danificou linhas de transmissão elétrica da central, que passam por montanhas do território pankararu sem compensação alguma.

A terra fértil, em um vale e ladeiras montanhosas que favorecem uma umidade que contrasta com a semiaridez à sua volta, é outra fonte de conflitos. Desde a demarcação da Reserva Pankararu, em 1987, os indígenas pressionam o governo para retirar os agricultores brancos que ocupam a melhor parte.

“Minha avó nasceu ali e morreu aos 91 anos, isso há cinco”, disse Isabel da Silva para defender que sua família e outras vizinhas pertencem ao território pankararu há mais de um século. “Segundo a lei, temos que sair, mas fazer isso seria uma injustiça”, disse à IPS esta funcionária do Polo Sindical de Trabalhadores Rurais do Submédio São Francisco, que conseguiu o reassentamento de quase seis mil famílias camponesas afetadas pela central de Itaparica.

Há 435 famílias ameaçadas de expulsão há duas décadas, em uma medida que demora por falta de terra para reassentá-las, justificam as autoridades. O povo pankararu vive em uma reserva de 8.376 hectares e em 2003 contava com 5.584 integrantes, segundo a Fundação Nacional do Índio (Funai), responsável pela proteção das populações originárias. Mas outros milhares emigraram para as cidades, especialmente São Paulo, onde mantêm sua identidade e se reúnem em ritos religiosos e festas indígenas. Com terra menos escassa, muitos regressariam, espera Zé Índio.

A escassez de terra também impacta os ocoy, situados nas margens da represa de Itaipu. São 160 famílias, cerca de 700 pessoas, que sobrevivem em apenas 250 hectares, a maioria de florestas protegidas, vedada à agricultura. A piscicultura, impulsionada pela empresa Itaipu Binacional, surgiu como alternativa para completar sua alimentação, diante da queda da pesca tradicional e das limitações agrícolas.

Os indígenas se destacaram entre os 850 pescadores que se somaram à iniciativa, “talvez por sua cultura, vinculada à água”, destacou à IPS o diretor de coordenação e meio ambiente da companhia, Nelton Friedrich. Com 40 tanques rede, a comunidade ocoy obtém quase seis toneladas de pescado por ano, segundo o vice-cacique Silvino Vass.

No entanto, esta não é sua maior fonte alimentar e poucos participam diretamente da atividade, segundo pesquisa acadêmica realizada em 2011 por Magali Stempniak Orsi. Além disso, os indígenas dependem muito da empresa, que lhes fornece os alevinos e a alimentação para os peixes, disse a pesquisadora, segundo a qual o projeto deve promover maior participação comunitária.

Os ocoy precisam de assistência alimentar para completar suas necessidades, ao contrário de duas vizinhas comunidades avá-guarani, que contam com mais terras doadas pela Itaipu Binacional e mais produção agrícola.

Em todo caso, o apoio de Itaipu aos indígenas locais é uma exceção entre as centrais hidrelétricas. Além de buscar alternativas de desenvolvimento para eles, cuida da sustentabilidade de toda sua sub-bacia, com o Programa Cultivando Água Boa, um conjunto de 65 ações ambientais, sociais e produtivas. Envolverde/IPS

(IPS)

Rainforests in Far East Shaped by Humans for the Last 11,000 Years (Science Daily)

Jan. 24, 2014 — New research from Queen’s University Belfast shows that the tropical forests of South East Asia have been shaped by humans for the last 11,000 years.

New research from Queen’s University Belfast shows that the tropical forests of South East Asia have been shaped by humans for the last 11,000 years. (Credit: © Juhku / Fotolia)

The rain forests of Borneo, Sumatra, Java, Thailand and Vietnam were previously thought to have been largely unaffected by humans, but the latest research from Queen’s Palaeoecologist Dr Chris Hunt suggests otherwise.

A major analysis of vegetation histories across the three islands and the SE Asian mainland has revealed a pattern of repeated disturbance of vegetation since the end of the last ice age approximately 11,000 years ago.

The research, which was funded by the Arts and Humanities Research Council and the British Academy, is being published in the Journal of Archaeological Science. It is the culmination of almost 15 years of field work by Dr Hunt, involving the collection of pollen samples across the region, and a major review of existing palaeoecology research, which was completed in partnership with Dr Ryan Rabett from Cambridge University.

Evidence of human activity in rainforests is extremely difficult to find and traditional archaeological methods of locating and excavating sites are extremely difficult in the dense forests. Pollen samples, however, are now unlocking some of the region’s historical secrets.

Dr Hunt, who is Director of Research on Environmental Change at Queen’s School of Geography, Archaeology and Palaeoecology, said: “It has long been believed that the rainforests of the Far East were virgin wildernesses, where human impact has been minimal. Our findings, however, indicate a history of disturbances to vegetation. While it could be tempting to blame these disturbances on climate change, that is not the case as they do not coincide with any known periods of climate change. Rather, these vegetation changes have been brought about by the actions of people.

“There is evidence that humans in the Kelabit Highlands of Borneo burned fires to clear the land for planting food-bearing plants. Pollen samples from around 6,500 years ago contain abundant charcoal, indicating the occurrence of fire. However, while naturally occurring or accidental fires would usually be followed by specific weeds and trees that flourish in charred ground, we found evidence that this particular fire was followed by the growth of fruit trees. This indicates that the people who inhabited the land intentionally cleared it of forest vegetation and planted sources of food in its place.

“One of the major indicators of human action in the rainforest is the sheer prevalence of fast-growing ‘weed’ trees such as Macaranga, Celtis and Trema. Modern ecological studies show that they quickly follow burning and disturbance of forests in the region.

“Nearer to the Borneo coastline, the New Guinea Sago Palm first appeared over 10,000 years ago. This would have involved a voyage of more than 2,200km from its native New Guinea, and its arrival on the island is consistent with other known maritime voyages in the region at that time — evidence that people imported the Sago seeds and planted them.”

The findings have huge importance for ecological studies or rainforests as the historical role of people in managing the forest vegetation has rarely been considered. It could also have an impact on rainforest peoples fighting the advance of logging companies.

Dr Hunt continued: “Laws in several countries in South East Asia do not recognise the rights of indigenous forest dwellers on the grounds that they are nomads who leave no permanent mark on the landscape. Given that we can now demonstrate their active management of the forests for more than 11,000 years, these people have a new argument in their case against eviction.”

Journal Reference:

  1. C.O. Hunt, R.J. Rabett. Holocene landscape intervention and plant food production strategies in island and mainland Southeast AsiaJournal of Archaeological Science, 2013; DOI: 10.1016/j.jas.2013.12.011

Climate change rattles mental health of Inuit in Labrador (CBC)

‘Grief, mourning, anger, frustration’ over environmental changes

CBC News Posted: Jan 10, 2014 5:22 PM ET Last Updated: Jan 10, 2014 5:58 PM ET

This photo supplied by researcher Ashlee Cunsolo Willox shows cabins in Double Mer just outside of Rigolet in Nunatsiavut, Labrador. Climate change has caused ice to break up or not form at all, making it difficult for Inuit populations to access the cabins they use as a base for hunting and trapping.This photo supplied by researcher Ashlee Cunsolo Willox shows cabins in Double Mer just outside of Rigolet in Nunatsiavut, Labrador. Climate change has caused ice to break up or not form at all, making it difficult for Inuit populations to access the cabins they use as a base for hunting and trapping. (Couresty My Word: Storytelling & Digital Media Lab)

Researchers studying the mental health and well-being of Inuit populations in coastal Labrador say rising temperatures are having damaging psychological effects on people in traditional communities.

‘Many people said they also felt very depressed about not being able to get out there on the land’– Ashlee Cunsolo Willox, researcher for Inuit Mental Health Adaptation to Climate Change project

In an interview airing on CBC Radio’s Quirks & Quarks on Saturday, Dr. Ashlee Cunsolo Willox, who has been working in partnership with Inuit communities in Nunatsiavut since 2009, describes intense feelings of isolation among people there following temperature changes that have caused disruptions in how the ice and snow are interacting.

“The North Labrador Coast is one of the fastest-changing and fastest-warming areas anywhere in the world,” she told host Bob McDonald. “In particular, rising temperatures have led to a real decrease in sea ice.”

There were strong emotional reactions to that loss among all 120 people interviewed by researchers behind the community-based Inuit Mental Health Adaptation to Climate Change project.

The feelings included a sense of grief, mourning, anger, frustration, sadness, and many people said they also felt very depressed about not being able to get out there on the land,” Cunsolo Willox said.

Traditional routes no longer safe

Wildlife and vegetation have changed, with caribou and moose moving further north, and traditional berries have been failing to grow when they have in the past.

“In some cases, they’re getting less snow than before, which makes it very difficult to travel inland by Ski-Doo or by dog team,” added Cunsolo Willox, who holds the Canada Research Chair in Determinants of Healthy Communities at Cape Breton University.

She and her colleagues interviewed people in the communities of Nain, Hopedale, Postville, Makkovik and Rigolet, and their work is run in partnership with the Rigolet Inuit Community Government. The majority of those interviewed are Inuit.

“People describe themselves as land people, as people of the snow and the ice, and would say that going out on the land and hunting and trapping and fishing [is] just as much part of their life as breathing,” Cunsolo Willox said.

The full interview will be broadcast on Saturday’s program at noon.

Exposição relembra shows étnicos com humanos ‘exóticos’ na Europa (BBC)

Daniela Fernandes

De Paris para a BBC Brasil

Atualizado em  2 de dezembro, 2011 – 09:46 (Brasília) 11:46 GMT

Uma exposição no museu do Quai Branly, em Paris, mostra como seres humanos considerados “exóticos, selvagens ou monstros” foram exibidos durante séculos em feiras, circos e zoológicos no Ocidente.A exposição Exibições – A Invenção do Selvagem indica, segundo os organizadores, que esses “espetáculos” com índios, africanos e asiáticos, além de pessoas portadoras de deficiência, que tinham o objetivo de entreter os espectadores, influenciaram o desenvolvimento de ideias racistas que perduram até hoje.”A descoberta dos zoológicos humanos me permitiu entender melhor por que certos pensamentos racistas ainda existem na nossa sociedade”, diz o ex-jogador da seleção francesa de futebol Lilian Thuram, um dos curadores da mostra.Thuram, campeão da Copa do Mundo de 1998 pela França, criou uma fundação que luta contra o racismo. Ele narra os textos ouvidos no guia de áudio da exposição.”É difícil acreditar, mas o bisavô de Christian Karembeu (também ex-jogador da seleção francesa) foi exibido em uma jaula como canibal em 1931, em Paris”, diz Thuram.A exposição é fruto das pesquisas realizadas para o livro Zoológicos Humanos, do historiador francês Pascal Blanchard e também curador da mostra.

Medição de crânios

A exposição reúne cerca de 600 obras, entre fotos e filmes de arquivo, além de pôsteres de “espetáculos” e objetos usados por cientistas no século 19, como instrumentos para medir os crânios.Nesse período, se desenvolveram noções sobre a raça e o conceito de hierarquia racial, com teses de que os africanos seriam o elo que faltava entre o macaco e os homens brancos ocidentais, ou o “homem normal”, como consideravam os cientistas.A exposição começa com as primeiras chegadas de povos “exóticos” à Europa, trazidos pelos exploradores, como os índios tupinambá, do Brasil, que desfilaram, em 1550, para o rei Henrique 2º em Rouen, na França.Pessoas com deformações físicas e mentais também serviam de atração para as cortes europeias na época.No início do século 19, a exibição de “selvagens” deixou de ser reservada às elites, com o surgimento de “shows étnicos”, que ganharam força com o desenvolvimento da antropologia e a conquista colonial.Londres, que apresentou uma exposição de índios brasileiros Botocudos em 1817, tornou-se a “capital dos espetáculos étnicos”, seguida pela França, Alemanha e Estados Unidos.A exibição em Londres, em 1810, e em Paris, em 1815, da sul-africana Saartje Baartman, conhecida como “Vênus Hotentote” (nome pelo qual sua tribo era conhecida à época), que tinha nádegas proeminentes, marcou uma reviravolta nesse tipo de apresentação.

Indústria de espetáculos

Esses “shows” se profissionalizaram com interesse cada vez maior do público, tornando-se uma indústria de espetáculos de massa, com turnês internacionais.Em Paris, um “vilarejo” africano foi montado próximo à Torre Eiffel em 1895, com apresentações sensacionalistas de mulheres quase nuas e homens tidos como canibais.”É em um contexto expansionista das grandes potências ocidentais e de pesquisa desenfreada dos cientistas que essas exibições vão ganhar legitimidade necessária para existir”, afirmam os organizadores da mostra.Eles dizem que os espetáculos de “diversão” serviam também como instrumento de propaganda para legitimar a colonização.O apogeu dessas exibições ocorreu entre 1890 e os anos 1930.Depois disso, os “shows étnicos” deixaram de existir por razões diversas: falta de interesse do público, surgimento do cinema e desejo das potências de excluir o “selvagem” da propaganda de colonização.A última apresentação desse tipo foi realizada em Bruxelas, em 1958. O “vilarejo congolês” teve de ser fechado devido às críticas na época.Segundo os organizadores da mostra, mais de 1 bilhão de pessoas assistiram aos espetáculos exóticos realizados entre 1800 e 1958.A exposição fica em cartaz no museu do Quai Branly até 3 de junho de 2012.

O antropólogo contra o Estado (Piauí)

Edição 88 > _vultos das humanidades > Dezembro de 2013

As ideias e as brigas de Eduardo Viveiros de Castro, o intelectual brasileiro que virou a filosofia ocidental pelo avesso

por RAFAEL CARIELLO 

 

Marcio Ferreira da Silva, um sujeito grandalhão e bem-humorado, professor de antropologia na Universidade de São Paulo, tentava encontrar um volume nas estantes de seu apartamento. Depois de perscrutar as prateleiras da sala, sumiu por um instante no corredor que levava aos quartos. “Achei”, exclamou. Trouxe lá de dentro uma edição especial da revista L’Homme, publicada no ano 2000, em que o antropólogo Claude Lévi-Strauss, aos 91 anos, comentava os avanços recentes de sua disciplina.

“Olha o que o bruxo escreveu!”, disse o antropólogo da USP. Passou então a ler em voz alta os parágrafos finais de um artigo em que o etnólogo francês exalta o trabalho dos “colegas brasileiros”, atribuindo a eles a descoberta de uma metafísica própria aos índios sul-americanos. “A filosofia ocupa novamente o proscênio da antropologia”, escreveu Lévi-Strauss. “Não mais a nossa filosofia”, acrescentou, mas a filosofia dos “povos exóticos”. O texto que Marcio Silva tinha nas mãos indicava que algo havia mudado na relação da academia brasileira com a metrópole – uma relação que poderia ser descrita como uma via de mão única, ou quase isso, ao longo da maior parte do século XX.

Num artigo que causou certa discussão, escrito em 1968 para a aut aut, prestigiosa revista italiana de filosofia, o filósofo Bento Prado Jr. registrou que resenhar, naquela publicação, as obras de seus pares produzidas no Brasil “não implicaria nenhuma informação para o leitor europeu”. E argumentava: “Aqui também se faz marxismo, fenomenologia, existencialismo, positivismo.” Mas não havia novidade ou contribuição maior: “Quase sempre, o que se faz é divulgação.” Três décadas depois, Lévi-Strauss identificava um conjunto de ideias na fronteira da antropologia e da filosofia que, a seu ver, o leitor europeu precisava conhecer.

Marcio Silva havia retirado outro volume da estante. Leu o título: Transformations of Kinship [Transformações do Parentesco]. “É a última grande compilação de estudos da área. O último grande livro do século XX. Tem um artigo do Eduardo”, disse, referindo-se ao antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, seu orientador no doutorado, nos anos 80. Abriu o livro nas páginas finais e procurou referências bibliográficas. Encontrou os nomes de ex-alunos de Viveiros de Castro. “Olha aqui o Carlos Fausto. Citado em português! A Aparecida Vilaça também.” O próprio Silva também constava da lista. “Foi por causa do Eduardo que os ‘colegas brasileiros’ passaram a existir”, disse. “É muito fácil aferir isso. Basta folhear as principais revistas da disciplina. Isso mudou. E mudou por causa dele.”

Eduardo Viveiros de Castro mora com a mulher, Déborah Danowski, e a única filha deles, Irene, de 18 anos, num prédio antigo, estilo art déco, na praia de Botafogo, no Rio de Janeiro. No apartamento de pé-direito alto, estantes de livros cobrem as paredes já no pequeno corredor que serve como hall de entrada. Na prateleira de uma delas, na sala, vê-se uma foto antiga do antropólogo, na casa dos 20 anos, com o cabelo comprido. Ao lado, um retrato de Bob Dylan.

Numa noite de outubro do ano passado, Viveiros de Castro criticava o avanço do governo de Dilma Rousseff sobre a Amazônia, seus projetos de estradas e usinas hidrelétricas, benefícios ao agronegócio – e descaso com os direitos dos povos indígenas. Sentado no sofá, o antropólogo comparou as ambições desenvolvimentistas da atual presidente à megalomania da ditadura, com seu ideário de “Brasil Grande”.

“Hegel deve estar dando pulinhos de alegria no túmulo, vendo como a dialética funciona”, ele disse. “Foi preciso a esquerda, uma ex-guerrilheira, para realizar o projeto da direita. Na verdade, eles sempre quiseram a mesma coisa, que é mandar no povo. Direita e esquerda achavam que sabiam o que era melhor para o povo e, o que é pior, o que eles pensavam que fosse o melhor é muito parecido. Os militares talvez fossem mais violentos, mais fascistas, mas o fato é que é muito parecido.”

Apesar da contundência, falava com calma, o tom de voz baixo. “O PT, a esquerda em geral, tem uma incapacidade congênita para pensar todo tipo de gente que não seja o bom operário que vai se transformar em consumidor. Uma incapacidade enorme para entender as populações que se recusaram a entrar no jogo do capitalismo. Quem não entrou no jogo – o índio, o seringueiro, o camponês, o quilombola –, gente que quer viver em paz, que quer ficar na dela, eles não entendem. O Lula e o PT pensam o Brasil a partir de São Bernardo. Ou de Barretos. Eles têm essa concepção de produção, de que viver é produzir – ‘O trabalho é a essência do homem’. O trabalho é a essência do homem porra nenhuma. A atividade talvez seja, mas trabalhar, não.”

Viveiros de Castro não é um homem alto. “Oficialmente”, mede 1,68 metro, mas diz que a idade já deve lhe ter roubado 1 ou 2 centímetros. Tem 62 anos, o cabelo e a barba grisalhos. O que se destaca em sua fisionomia é o nariz grande, reto, quase um triângulo retângulo aplicado ao rosto. Seus gestos são contidos e ele fala numa versão mais atenuada, mais diluída, do sotaque carioca. Em contraste com o discurso combativo, faz lembrar, na prosódia e nos modos, um diplomata. Afável, o antropólogo recusa a imagem: a comparação com a elite burocrática do país – espécie de símbolo da vida burguesa bem-comportada – não lhe agrada.

Num texto memorialístico recente, Viveiros de Castro contabilizou dezesseis anos de estudo, do primário à faculdade, em duas tradicionais instituições cariocas: o Colégio Santo Inácio e a Pontifícia Universidade Católica do Rio. “Dois estabelecimentos privados de classe média e alta – ninguém é perfeito – de minha cidade natal, ambos dirigidos pelos padres jesuítas”, escreveu. Seu pai pertencia a uma família de “políticos e juristas”. Augusto Olympio Viveiros de Castro, bisavô de Eduardo, foi ministro do Supremo Tribunal Federal e hoje é nome de rua em Copacabana. Outro bisavô, Lauro Sodré, nome de avenida em Botafogo, foi militar, senador e governador do Pará. Participou da Revolta da Vacina, em 1904 – segundo o antropólogo, por ser positivista e acreditar que o Estado “só podia chegar até a pele” dos cidadãos. “Um argumento curioso”, comentou. “Equivocado, no caso da vacina. Mas tem seu interesse retórico. Tendo a simpatizar com ele. Acho que o Estado devia parar muito antes, bem longe da pele.”

Do ponto de vista intelectual, Viveiros de Castro é herdeiro de cientistas sociais que ajudaram a derrubar o senso comum de que os povos indígenas são marcados pelo atraso em relação ao mundo ocidental. Essas sociedades sempre foram descritas como “primitivas” por carecerem de instituições modernas – como o Estado e a ciência.

Foi Claude Lévi-Strauss quem aposentou definitivamente a ideia de que os povos sem escrita seriam menos racionais do que os europeus. Os índios ocupavam um lugar próximo, nessa visão de mundo que ele ajudou a desfazer, ao das crianças, ou dos loucos. O pesquisador francês argumentou que havia método e ordem nas aparentemente caóticas associações que esses povos faziam – entre tipos de animais, acidentes geográficos, corpos celestes e instituições sociais. Eram o resultado não da falta de razão, mas, em certo sentido, de seu excesso. O que nenhuma sociedade humana tolera, dizia Lévi-Strauss, é a falta de sentido. O “pensamento selvagem”, assim, é totalizante, e procura, por meio de analogias, uma compreensão completa de todo o universo, estabelecendo relações entre os diferentes tipos de fenômenos. Um determinado rio se distingue de outro de maneira análoga ao modo como uma espécie animal é diferente de outra, ou um grupo social, de seus vizinhos. Nada pode escapar à sua malha de significados.

Nos anos 70, o antropólogo francês Pierre Clastres argumentou que a falta de Estado nos povos das terras baixas sul-americanas – em contraste com a forte centralização política de seus vizinhos andinos – não seria uma carência, mas uma escolha deliberada, coletiva. Há entre eles, com frequência, alguma forma de chefia. Em troca de prestígio, o chefe ocupa um lugar privilegiado, e apartado, em relação aos demais integrantes da sociedade. Pode falar à vontade. Mas ninguém lhe dá ouvidos. “O chefe por vezes prega no deserto”, escreveu Clastres. Do chefe é exigida uma generosidade maior, que o obriga a distribuir bens para o restante da sociedade. Lévi-Strauss, ao falar dos Nambikwara, dizia que “a generosidade desempenha um papel fundamental para determinar o grau de popularidade de que gozará o novo chefe”.

Por mais populares que sejam, contudo, tais líderes não dispõem de nenhuma capacidade coercitiva. O chefe não manda. Tudo se passa como se essas sociedades criassem uma posição privilegiada, o lugar exato onde o Estado poderia nascer, para então esvaziá-la de poder, numa espécie de ação preventiva. Foi o que Clastres chamou de “sociedades contra o Estado”. Defendeu a ideia, em um de seus artigos, argumentando que “só os tolos podem acreditar que, para recusar a alienação, é preciso primeiro tê-la experimentado”.

Naquela mesma década de 70, o norte-americano Marshall Sahlins se ocupou da dimensão econômica dessas sociedades. Procurou analisar as mais “pobres” dentre elas, os grupos nômades de caçadores-coletores. Segundo a visão então consagrada, tais sociedades mal conseguiriam assegurar a própria subsistência. Com técnicas pouco desenvolvidas e baixa produtividade, por certo não havia nelas produção excedente, poupança, investimento. Viviam da mão para a boca.

Ocorre que o tempo dedicado ao trabalho também era pequeno. Esses estranhos “primitivos” pareciam ser ao mesmo tempo miseráveis e ociosos. Oque Sahlins argumentou é que não fazia sentido, para grupos nômades, acumular bens – quanto menos tivessem que carregar, tanto melhor. Tampouco era lógico produzir estoques, quando esses estão ao redor, “na própria natureza”. Do ponto de vista dos caçadores-coletores, não lhes faltava nada. Trabalhar pouco era uma escolha, e aqueles grupos constituiriam o que o antropólogo chamou de primeira “sociedade de afluência”.

Em alguns de seus textos, Viveiros de Castro cita Lévi-Strauss e Pierre Clastres como paixões intelectuais. Não chega a fazer o mesmo com Sahlins, mas o ex-aluno dos padres jesuítas retomou o autor norte-americano, num ensaio recente, para argumentar que, junto aos outros dois, ele contribuiu para colocar em questão “a santíssima trindade do homem moderno: o Estado, o Mercado e a Razão, que são como o Pai, o Filho e o Espírito Santo da teologia capitalista”. Em vez de símbolo de atraso, a “sociedade primitiva”, escreveu o antropólogo carioca, “é uma das muitas encarnações conceituais da perene tese da esquerda de que um outro mundo é possível: de que há vida fora do capitalismo, como há socialidade fora do Estado. Sempre houve, e – é para isso que lutamos – continuará havendo”.

O antropólogo e sua mulher mantêm uma casa simples num condomínio de classe média alta, em Petrópolis, na serra fluminense. Costumam passar os finais de semana lá. No centro do terreno se ergue uma espécie de pequeno Pão de Açúcar, uma pedra grande, com cerca de 5 metros de diâmetro, que se mostrou providencial para baratear o preço do lote. “O pessoal por aqui quer casa com cinco salas, cinco suítes”, disse Viveiros de Castro. “Esse pedregulho atrapalha.” Nos fundos, fica uma obra a que ele se dedica com afinco e que parece lhe dar grande orgulho: um jardim-pomar.

Num domingo de céu sem nuvens, ele caminhava por entre os arbustos distribuídos no terreno gramado. Levava um cajado de madeira quase do seu tamanho. Usava-o sobretudo para apontar as frutas de nomes estranhos, que eram sempre aparentadas de outras, mais conhecidas. “Essa é da família da pitanga”; aquela outra, “parente da lichia”; uma terceira, “deliciosa, com o gosto entre a goiaba e o abacaxi”. Déborah acompanhava o percurso. Ela é professora de filosofia na PUC do Rio. Os dois são casados há quase três décadas. Quando voltamos para a sala da casa, pedi que Viveiros de Castro falasse sobre a ideia que o projetou. A síntese da metafísica dos povos “exóticos”, a que se referia Lévi-Strauss, surgiu em 1996. Ganhou o nome de “perspectivismo ameríndio”.

Fazia já alguns anos, então, que o antropólogo se ocupava de um traço específico do pensamento indígena nas Américas. Em contraste com a ênfase dada pelas sociedades industriais à produção de objetos, vigora entre esses povos a lógica da predação. O pensamento ameríndio dá muita importância às relações entre caça e caçador – que têm, para eles, um valor comparável ao que conferimos ao trabalho e à fabricação de bens de consumo. Diferentes espécies animais são pensadas a partir da posição que ocupam nessa relação. Gente, por exemplo, é ao mesmo tempo presa de onça e predadora de porcos.

Duas alunas suas, Aparecida Vilaça e Tânia Stolze Lima, preparavam, naquela ocasião, teses de doutorado que chamavam a atenção para outra característica curiosa do pensamento de diferentes grupos indígenas. Tânia pesquisava os Juruna, do Xingu; Aparecida, os Wari, em Rondônia. Pois bem: de acordo com os interlocutores de ambas, os animais podiam assumir a perspectiva humana. Tânia e Viveiros de Castro fizeram um levantamento que indicava a existência de ideias semelhantes em outros grupos espalhados pelas Américas, do Alasca à Patagônia. Segundo diferentes etnias, os porcos, por exemplo, se viam uns aos outros como gente. E enxergavam os humanos, seus predadores, como onça. As onças, por sua vez, viam a si mesmas e às outras onças como gente. Para elas, contudo, os índios eram tapires ou pecaris – eram presa. Essa lógica não se restringia aos animais. Aplicava-se aos espíritos, que veem os homens como caça, e também aos deuses e aos mortos.

Ser gente parecia uma questão de ponto de vista. Gente é quem ocupa a posição de sujeito. No mundo amazônico, escreveu o antropólogo, “há mais pessoas no céu e na terra do que sonham nossas antropologias”.

Ao se verem como gente, os animais adotam também todas as características culturais humanas. Da perspectiva de um urubu, os vermes da carne podre que ele come são peixes grelhados, comida de gente. O sangue que a onça bebe é, para ela, cauim, porque é cauim o que se bebe com tanto gosto. Urubus entre urubus também têm relações sociais humanas, com ritos, festas e regras de casamento. O mesmo vale para peixes entre peixes, ou porcos-do-mato entre porcos-do-mato.

Tudo se passa, conforme Viveiros de Castro, como se os índios pensassem o mundo de maneira inversa à nossa, se consideradas as noções de “natureza” e de “cultura”. Para nós, o que é dado, o universal, é a natureza, igual para todos os povos do planeta. O que é construído é a cultura, que varia de uma sociedade para outra. Para os povos ameríndios, ao contrário, o dado universal é a cultura, uma única cultura, que é sempre a mesma para todo sujeito. Ser gente, para seres humanos, animais e espíritos, é viver segundo as regras de casamento do grupo, comer peixe, beber cauim, temer onça, caçar porco.

Mas se a cultura é igual para todos, algo precisa mudar. E o que muda, o que é construído, dependendo do observador, é a natureza. Para o urubu, os vermes no corpo em decomposição são peixe assado. Para nós, são vermes. Não há uma terceira posição, superior e fundadora das outras duas. Ao passarmos de um observador a outro, para que a cultura permaneça a mesma, toda a natureza em volta precisa mudar.

Já fazia alguns minutos que Déborah tinha se enfurnado dentro da casa, enquanto o antropólogo falava de peixes, antas e urubus. Viveiros de Castro disse se lembrar de que estava lendo um ensaio de Lévi-Strauss quando teve o “estalo” que deu origem ao perspectivismo. Fez uma pausa e, sem se levantar da poltrona, chamou pela mulher. “Débi!” Ela apareceu no mezanino, sobre nossas cabeças. O antropólogo voltou a contar a história. “Eu lembro que saí do escritório, onde estava lendo esse texto, e disse à Débi que tinha acabado de ter uma ideia; uma ideia que iria me ocupar por uns dez anos, se eu quisesse tirar todas as consequências dela.” Virou-se para cima e perguntou: “Lembra, Débi?” Do alto do mezanino, ela riu, simpática, e respondeu balançando a cabeça: “Não.”

A antropóloga Manuela Carneiro da Cunha, professora da Universidade de Chicago, avalia que as ideias desenvolvidas por Viveiros de Castro a partir do perspectivismo ameríndio dialogam diretamente com boa parte da tradiçãofilosófica ocidental. Ao mesmo tempo, a síntese que ele propôs do pensamento indígena é uma crítica a essa tradição, ao colocar em questão as noções de “natureza” e “cultura” da “vulgata metafísica ocidental”.

Essa capacidade crítica foi logo notada. Durante um debate na Inglaterra, mal a ideia havia sido apresentada, um interlocutor do antropólogo carioca lhe disse que os índios de que ele falava “pareciam ter estudado em Paris”. Reagindo à provocação, Viveiros de Castro comentou que “na realidade havia ocorrido exatamente o contrário: que alguns parisienses”, e ele se referia certamente a Lévi-Strauss, que viveu no Brasil entre 1935 e 1939, “haviam estudado na Amazônia”. E argumentou que sua análise “devia tanto ao estruturalismo francês”, de Lévi-Strauss, quanto este estava em débito com o conhecimento que travara com povos indígenas do Brasil. “Não fora o Pará que estivera em Paris”, disse o antropólogo, “mas sim Paris no Pará”.

Viveiros de Castro promoveu, em relação à filosofia, algo análogo ao que Pierre Clastres e Marshall Sahlins haviam feito em relação ao Estado e à economia de mercado: mostrou que um outro mundo é possível. A ideia recebeu enorme atenção, dentro e fora do país, quase imediatamente após sua formulação. “Na França e na Inglaterra, o Eduardo é altamente respeitado”, declarou a professora da Universidade de Chicago; “basta dizer que na livraria Gibert, em Paris, há uma seção de prateleira com o nome dele.”

Nos Estados Unidos, a resistência ao perspectivismo foi maior, observou Manuela. No final de novembro passado, contudo, após uma conferência de Viveiros de Castro para a Associação Americana de Antropologia, ela me enviou uma mensagem informando que a recepção às ideias dele estava “melhorando bastante”. Mesmo antes disso, de toda forma, o professor brasileiro já contava com defensores importantes. Marshall Sahlins, colega de Manuela em Chicago, considera Viveiros de Castro “o antropólogo mais erudito e original do planeta” da atualidade, tendo inaugurado “uma nova era para a antropologia, com profundas implicações para o resto das ciências humanas e das humanidades”.

Eduardo Batalha Viveiros de Castro nasceu no dia 19 de abril de 1951, no Rio de Janeiro. Passou toda a adolescência na Gávea, Zona Sul da cidade. Nos anos 60, o bairro era uma larga ilha de classe média contida entre a Rocinha, no alto do morro, e o Parque Proletário, uma favela que não existe mais. Eduardo morava numa casa grande de dois andares, movimentada, aberta à vizinhança, com os pais e os cinco irmãos mais novos. A mãe “era dona de casa, formada em letras, como convinha a uma moça de boa família”. O pai, um advogado trabalhista, não dirigia. Nos finais de semana, contratava os serviços de um vizinho taxista para levar a família à praia em Ipanema.

Tampouco tinham tevê – levaram certo tempo até adquirir uma, “meio que obrigando a gente a estudar”. Por outro lado, a biblioteca era boa. “Os livros que não eram brasileiros eram franceses. Aprendi a ler em francês folheando os livros do meu pai. Minha mãe, também, tinha estudado numa escola de freiras francesas. Havia um ruído de fundo em francês na casa.”

Viveiros de Castro não deu muita atenção quando chegou ao bairro a notícia do golpe militar, em 64: “Eu tinha 13 anos, estava jogando bola.” Seu interesse, além do futebol, eram os livros de divulgação científica. Começou a gostar de música na época em que os discos dos Beatles e dos Rolling Stones desembarcaram no país, e decidiu aprender inglês quando conheceu as canções de Bob Dylan, que ele reputa, ainda hoje, personagem fundamental em sua formação intelectual. “Os discos dele em geral tinham as letras na contracapa. Era só abrir o dicionário.” Foi por meio do cantor norte-americano que o antropólogo descobriu a geração beat, com seus valores libertários, e a contracultura.

Em contraposição à vida alegre da Gávea, o Colégio Santo Inácio, onde estudou até chegar à faculdade, foi um longo “serviço militar”, do qual disse não guardar boas lembranças – nem más. Uma escola exclusivamente masculina, em que a ênfase não estava no ensino religioso, mas na disciplina.

Os anos decisivos foram 1967 e 1968. Interessou-se pelas discussões intelectuais publicadas nos suplementos dominicais da imprensa, tomando o partido da poesia concreta, das revoluções formais e do tropicalismo, contra o que se refere como vertente nacional-populista, “tipo samba de raiz, Tinhorão, CPC – o marxismo cultural, chamemos assim”. Passou a ler obras de linguística, filosofia, poesia brasileira e literatura francesa. Ainda gostava de matemática, carreira que considerou seguir. Desistiu ao se confrontar com um colega que “nadava de costas” na disciplina. “Ele era muito melhor do que eu. Vi que não tinha condições de ser matemático.”

Foi nessa época, disse o antropólogo, que ele descobriu o mundo intelectual “pra valer”. “Comecei também a desenvolver sentimentos antiburgueses. Deixei o cabelo crescer, por assim dizer. Passei a experimentar as drogas, a frequentar ambientes pouco recomendáveis e a ter amigos fora do colégio. Sobretudo um, que foi muito importante para me situar nos debates da época, amigo meu até hoje, que é o Ivan Cardoso, cineasta.”

Quando se referem um ao outro, Viveiros de Castro e o amigo do tempo da adolescência, dois senhores de mais de 60 anos, parecem garotos. Assim que encontrei Ivan Cardoso pela primeira vez, em sua casa, em Copacabana, ele foi logo dizendo: “O Viveiros? Eu comia ele.”

Com uma calva pronunciada, o cineasta trazia o cabelo desarrumado nas têmporas e na nuca. Numa sala atulhada de móveis e objetos criados por ele, quadros com esmaecidas bandeirolas de Festa Junina se destacavam. “São Volpis?”, perguntei. “São Ivolpis”, ele respondeu, satisfeito, “Ivolpis!”

Mais conhecido por seu longa O Segredo da Múmia, de 1982, Cardoso foi um inovador formal, rodando filmes de vanguarda em super-8 a partir do final dos anos 60. Viveiros de Castro conta que a preocupação do amigo com a plasticidade das cenas, aliada à paródia das fitas de terror que fazia, levou o poeta e crítico Haroldo de Campos a sintetizar sua obra como “Mondrian no açougue”. “Tenho uma admiração imensa pelo Ivan”, me disse o antropólogo. “Ele, sim, é um artista. Nunca se afastou disso, e tem uma puta imaginação plástica. Eu sou um anão. O Ivan é um gigante.”

Os pais de Ivan Cardoso e de Viveiros de Castro eram amigos. Os dois garotos estudavam em escolas diferentes, mas próximas. O Colégio São Fernando, que Ivan frequentava, ficava em Botafogo, como o Santo Inácio. Cardoso editava um jornal estudantil e convidava artistas plásticos para dar palestras aos alunos. “O Ivan era muito cara de pau”, explicou o antropólogo. “Batia na porta das pessoas. Eu ia um pouco no vácuo dele.” Os dois ficaram amigos de Hélio Oiticica. “Ele gostou da gente”, contou o antropólogo. “Ensinava coisas. Foi um pouco nosso guia no mundo artístico.”

Esticado na cama de seu quarto, Ivan Cardoso lembrou a primeira vez em que encontrou Oiticica. Cardoso havia ligado para o artista, pedindo que falasse a seus colegas, na escola. Recebeu, como resposta, um convite para que fosse a sua casa, no Jardim Botânico – um lugar que mais tarde ele e Viveiros de Castro passariam a frequentar. “A casa do Hélio era estranhíssima. Misturavam-se críticos de arte e malandros do morro. Era um desfile. Na sala, tinha uma tenda. Ele morava com a mãe. Todo mundo queimando fumo, e a mãe dele descia a escada e reclamava: ‘Vocês vão ser todos presos! Eu já chamei a polícia, seus maconheiros!’ A velha sofreu.”

Viveiros de Castro e Hélio Oiticica gostavam de conversar sobre literatura e filosofia. “Os dois já tinham lido tudo. Cheguei à conclusão de que não adiantava mais eu ler. Qualquer coisa, perguntava para eles.” Segundo o cineasta, seu amigo tomava o café da manhã com um livro aberto na mesa. “Ele lia até trepando”, disse, rindo. “Mas não era apenas um intelectual. Ele andava com um canivete de mola. Era transviado também. Uma vez ele arrumou uma confusão desgraçada no baixo Leblon. Arranjou briga, tacou o carro em cima de um desgraçado lá, um elemento nocivo, tipo um ‘bad boyzinho’ desses. Ele sempre foi uma pessoa carismática, e fazia o marketing dele. Fumava Continental sem filtro, que é um destronca peito desgraçado, e era um bom pé de cana. Tomava traçado.”

No meio da conversa, o cineasta quis saber o que eu achava do amigo intelectual. Em silêncio, sério, prestou atenção à resposta. “Então é isso”, concluiu. “O Caetano está perdendo tempo com esse Mangabeira Unger. É um merda.”

Em 1969, Viveiros de Castro começou a estudar na PUC. Cursou jornalismo por um ano. No ciclo básico, se interessou por ciências sociais e pediu transferência. Parte considerável do que era lecionado no novo curso, no entanto, não o agradava. “O que o pessoal estava ensinando era teoria da dependência, Fernando Henrique Cardoso, burguesia nacional, teoria da revolução – quem seria o guia da mudança, se o operariado ou o campesinato”, contou.

“Eu, na verdade, tinha horror àquela coisa. Não tinha saco para a teoria da dependência e não gostava da teoria do Brasil. Achava de uma arrogância absurda enunciar a verdade sobre o que o povo deve ser, o que o povo deve fazer. Isso de teorizar o Brasil é uma coisa que a classe dominante sempre fez. Quem fala ‘Brasil’ é sempre alguém que está mandando. Seja para fazer revolução de esquerda, seja para soltar os gorilas da ditadura na rua. E aqueles caras… Eu ficava pensando: eles querem as mesmas coisas que os militares. Só que querem ser eles a mandar. Vai ser um quartel, isso aqui.”

O tema mobiliza Viveiros de Castro: esquerda tradicional, “careta”, de um lado; esquerda existencial, “libertária”, de outro. A divisão, ele observa, não era apenas intelectual. Definiu trajetórias pessoais, “como ir para a clandestinidade e para a luta armada; ou ir para a praia, fumar maconha, tocar violão”. Num texto de memórias, disse admirar seus “companheiros mais corajosos” que se arriscaram na clandestinidade. Viveiros resolveu ir à praia.

Em 1970, um píer foi construído em Ipanema, por ocasião das obras para lançar o esgoto longe da costa. Moveram a areia e surgiram morrotes altos, que mais tarde ganhariam o apelido de “dunas do barato”. Mudanças no fundo do mar melhoraram as ondas, atraindo os surfistas. Com eles vieram os hippies e o que havia de contracultura no Rio de Janeiro de então. O jovem estudante da PUC também fazia ponto por lá.

“Como diz o Ivan Cardoso, esse era o tempo em que a gente era feliz e sabia. Eu ia nos finais de semana. Tinha muita droga. Muita maconha, muito ácido. Foi um momento importante porque houve uma interpenetração cultural entre o morro e a baixada, por causa do pessoal que vendia pó, vendia fumo.” Ele próprio, segundo disse, não gostava particularmente das substâncias em voga naquele momento. “Eu sou uma pessoa medrosa. Experimentei uma ou duas vezes LSD. Não gostei, fiquei paranoico. Maconha eu usei muito, mas mais porque era coisa da época. O efeito em si… Me dava sono.”

Seu perfil de usuário era mais clássico: álcool, tabaco e cocaína. “Não era maconha, comida vegetariana, ácido. Eu era mais década de 50 do que década de 70. Fui quase viciado em cocaína. Parei porque achei que não ia aguentar fisicamente. É uma droga horrível. Ela te transforma num monstro narcísico. Dá uma sensação de onipotência, que na verdade é uma ‘oni-impotência’. Quando você está mais onipotente é na verdade quando você está completamente impotente: você fica só falando merda, fazendo besteira, e também não é um estimulante sexual. É uma droga idiota, fascista. Mas eu gostava. Eu usava.”

Entre o píer e a PUC, Viveiros de Castro conheceu a obra de Lévi-Strauss, que começava a ser lida no Brasil. O crítico literário Luiz Costa Lima, professor na mesma PUC, disse ter tomado contato com as ideias do antropólogo francês em meados dos anos 60, “quando começou a moda do estruturalismo”. Atraído pelo rigor formal das análises lévi-straussianas, passou a estudá-las a sério. O que aprendia, ensinava na faculdade. Viveiros de Castro seguiu seu curso. “O estruturalismo fazia parte daquilo que a esquerda tradicional considerava anátema”, disse o ex-aluno. “Falavam que era burguês, formalista, que negava a história. Tinha uma série de palavras de ordem que você ouvia.”

Costa Lima e o aluno se tornaram amigos. Formaram um grupo de estudos e se dedicaram por alguns anos, duas vezes por semana, à leitura sistemática das Mitológicas, a obra em que Lévi-Strauss analisa a lógica de mitos ameríndios, reunindo rigor formal e atenção aos detalhes concretos, significativos nas narrativas: cores, cheiros, comportamentos dos animais, detalhes escatológicos, sexo. “Fiquei fascinado com os mitos”, disse Viveiros de Castro. “Eram rabelaisianos, mas tinham uma lógica formal, por causa das combinações, das permutações. Eram ‘Mondrian no açougue’, como os filmes do Ivan. Aquilo tinha uma relação com as coisas que eu lia nos suplementos e de que gostava. Em particular a linguística. E os concretistas. Havia uma afinidade, não direta, mas havia, entre concretistas, tropicalismo e estruturalismo.”

Essa não foi a única influência que Costa Lima exerceria na vida do aluno. Terminada a faculdade, Viveiros de Castro não sabia que rumo tomar. Pensou em fazer pós-graduação em letras. O professor, crítico literário, o desestimulou. Fez isso, explicaria mais tarde, porque “o estudo de literatura sempre foi muito ruim no Brasil”. “Hoje é péssimo”, frisou. Recomendou ao aluno, entusiasmado pelas Mitológicas, que cursasse antropologia no Museu Nacional, vinculado à Universidade Federal do Rio de Janeiro.

Roberto DaMatta, à época professor do Museu, participou da banca de seleção para o mestrado. “Eu era besta pra cacete”, comentou Viveiros de Castro, ao falar sobre o exame. “O Matta me perguntou: ‘Estou vendo aqui no seu currículo que você leu Lévi-Strauss. O que você leu?’ E eu respondi: ‘Tudo!’”

Na sala de sua casa, em São Paulo, Marcio Silva acendeu um cigarro. O antropólogo pegou uma prancheta na qual havia anotado pontos importantes da trajetória intelectual de seu antigo orientador. Viveiros de Castro se tornou professor assistente do Museu em 1978, pouco depois de concluir o mestrado. Naquele mesmo ano, escreveu um artigo com seus professores Anthony

Seeger e Roberto DaMatta sobre a noção de pessoa entre os grupos indígenas da América do Sul, texto que se tornaria referência para o estudo desses povos.

Marcio ressaltou a audácia dos primeiros parágrafos do artigo. Ali os três autores afirmam que diferentes regiões do planeta haviam contribuído, no passado, com algum aspecto importante da teoria antropológica. A Melanésia, diziam, descobriu a reciprocidade – a obrigação social de dar, receber e retribuir “dádivas”, cuja circulação seria como a linha de costura da sociedade, mantendo-a coesa. O Sudeste Asiático, por sua vez, alargou a compreensão dos sistemas de parentesco e das alianças feitas por regras de casamento. Da África, lembravam, veio um entendimento melhor das linhagens, da bruxaria e da política.

Davam então o passo ousado. Os povos da América do Sul, menos pesquisados e conhecidos, deveriam também fazer sua contribuição, resultado de uma característica específica dessas sociedades: o privilégio que conferiam, em suas cosmologias, ao corpo. “Ele, o corpo, afirmado ou negado, pintado e perfurado, resguardado ou devorado, tende sempre a ocupar uma posição central na visão que as sociedades indígenas têm da natureza do ser humano.”

Perguntei a Marcio Silva se seu ex-orientador, à época desse artigo um jovem de 27 anos, não lhe parecia “atrevido, pretensioso”. “Essa palavra, ‘atrevido’, é boa”, respondeu Silva. “Às vezes ele parece gostar de correr riscos.”

Deu um exemplo. Nos anos 80, Viveiros de Castro retomou um tema, antes central, que estava fora de moda na antropologia: o parentesco. A partir do final do século XIX, pesquisadores passaram a identificar os laços forjados pela consanguinidade – aqueles que criam grupos de descendência – e pela aliança por casamento – laços que “costuram” as relações sociais entre grupos diferentes – como a coluna vertebral das “sociedades primitivas”. Era assim que elas se mantinham coesas, e era por meio do estudo desses laços que os antropólogos poderiam conhecê-las melhor.

Viveiros de Castro fez uma pergunta distinta. Ele não queria saber apenas o que o parentesco dizia sobre os povos indígenas, mas também o que as culturas ameríndias teriam a dizer sobre o parentesco. Será que os índios explicavam o parentesco do mesmo modo que nós, ocidentais? A ideia que lhe ocorreu é em tudo semelhante à lógica do perspectivismo. Pode ser considerada um passo prévio, mais fácil de compreender quando já se conhece a metafísica dos povos indígenas das Américas.

No Ocidente, ele disse, o que é dado são as relações de filiação, de “consanguinidade”. A ligação entre pais, irmãos e filhos é “natural”, logicamente anterior às relações com esposa, sogros e cunhados – relações de “afinidade” que não são dadas, mas construídas pelas escolhas dos indivíduos.

Para os povos ameríndios, contudo, o valor fundamental não está nos laços biológicos, “de sangue”, mas nas relações de aliança, com sogros e cunhados. Aquilo que para nós faz parte da cultura, do que precisa ser construído, para eles já é dado, é a referência que dá sentido e organiza as relações sociais. A lógica da afinidade, das normas que proíbem ou prescrevem casamentos entre pessoas e grupos distintos, é usada mesmo nas relações sociais relativamente distantes, com outros povos, inimigos e espíritos; relações que não têm a ver, necessariamente, com a troca de cônjuges.

O que precisa ser construído por eles, por outro lado, é aquilo que para nós já é dado: o corpo. A “consanguinidade”, a relação de semelhança corporal entre parentes e, até, entre pais e filhos, precisa ser fabricada mesmo depois do nascimento – por meio da partilha dos mesmos alimentos, por exemplo. Daí a importância do corpo, notada no artigo de 1978.

O atrevimento de seu ex-orientador, segundo Marcio Silva, foi tirar todas as consequências desse fato. Os dois modos de compreensão do parentesco têm implicações políticas distintas. “Numa sociedade como a nossa, a consanguinidade, a relação entre irmãos, é pensada como um modelo da relação social”, disse Silva. “Por exemplo, como Viveiros de Castro lembrava, na Revolução Francesa você tem liberdade, igualdade e fraternidade. Fiquemos com a fraternidade. A relação social boa é como se fosse uma relação entre irmãos. Mesmo que eu não tenha parentesco com você, eu sou seu irmão: somos ambos filhos de Deus. Também nas constituições laicas operamos com base nessa metáfora fortíssima de irmãos. O que significa dizer que você é meu irmão? Significa que somos semelhantes e que somos conectados por um ente superior. Que pode ser o Estado, pode ser Deus, pode ser o nosso pai, se formos irmãos mesmo. Isso que nos unifica é um termo superior.”

Já na lógica social dos povos indígenas, não há termo superior que unifique. Os outros – que podem ser um povo indígena diferente, o inimigo, os animais – são para os ameríndios, antes de tudo, uma espécie de cunhado. “O que significa chamar de cunhado? Entre dois cunhados não tem ninguém que seja superior: tem uma mulher que é diferente para cada um. Para um é irmã, para o outro é esposa. Somos relacionados porque vemos uma mesma mulher de maneiras diferentes.” Não há, aí, necessidade de Deus, de pai ou de Estado para se pensar a boa relação social.

“Lembro-me dele dizendo em sala de aula, em tom de blague, que na Amazônia não valia o lema ‘liberdade, igualdade e fraternidade’. Liberdade, tudo bem. Mas no lugar de igualdade, diferença. No lugar de fraternidade, afinidade.”

Se a Melanésia havia contribuído com a noção de reciprocidade, e a África com os grupos de descendência, então os povos da América do Sul forneciam, no início dos anos 90, a ideia de “afinidade potencial”. Tanto nesse caso quanto no perspectivismo ameríndio, que surgiria poucos anos depois, Viveiros de Castro usou conceitos ocidentais – natureza, cultura, consanguinidade, afinidade – para tentar entender as culturas ameríndias. Mas descobriu que era preciso invertê-los para que funcionassem bem naquelas sociedades.

As consequências políticas dessa operação, tanto no caso do parentesco quanto no da metafísica indígena, em que a natureza muda dependendo do observador, eram as mesmas. “Esse é um mundo em que você não tem um ponto de vista dominante, soberano, monárquico”, explicou Viveiros de Castro. “Ao contrário, a condição de sujeito está espalhada, dispersa. Não tem uma transcendência, um ponto de vista do todo, privilegiado. O perspectivismo é o correlato cosmológico, metafísico, da ideia de sociedade contra o Estado, do Pierre Clastres.”

No seu apartamento, em outubro passado, Viveiros de Castro parecia irritado. Explicou que havia se contrariado no trabalho, o que não era incomum. Descreveu mais de três décadas de uma relação conflituosa com seus colegas de instituição. A origem dos aborrecimentos, ele disse, remontava a 1978, quando havia concluído o mestrado e concorreu a uma vaga de professor assistente no Museu Nacional. Dois candidatos se apresentaram: ele próprio e o antropólogo João Pacheco de Oliveira Filho.

Oliveira Filho é, hoje, um dos principais representantes de uma linha de pesquisa importante na instituição carioca. Seus seguidores procuram entender os povos indígenas em suas relações com a sociedade e o Estado brasileiros. Essa corrente descende de Darcy Ribeiro, passando por Roberto Cardoso de Oliveira, um dos criadores da pós-graduação em antropologia no Museu Nacional, em 1968. Cardoso de Oliveira descreveu a “sociologia do contato”, que ele praticava, como uma tentativa de explicar a “sociedade tribal, vista não mais em si, mas em relação à sociedade envolvente”. Em um artigo recente, em que mencionava os Ticuna, do Amazonas, João Pacheco de Oliveira ressaltou que mesmo as “crenças, costumes e princípios organizativos” dos povos indígenas estão “interligados e articulados com determinaçõese projetos da sociedade nacional”.

Por telefone, o norte-americano Anthony Seeger, coautor do artigo de 1978 e orientador de Viveiros de Castro no doutorado, disse que ele e o aluno acreditavam que “as sociedades em si também mereciam atenção”. Ao se preocuparem com o parentesco e com as cosmologias dos grupos que estudavam, praticavam uma etnologia – a parte da antropologia que se ocupa dos povos indígenas – “clássica”, tida por representantes da outra corrente como excessivamente “filosófica”, apolítica e pouco comprometida com as circunstâncias sociais dos índios. De sua parte, Viveiros de Castro acredita que é a “sociologia do contato”, uma linha de pesquisa, ele diz, associada à “esquerda tradicional”, que é politicamente questionável. Seus rivais veriam os índios a partir da mesma perspectiva adotada pelo Estado, como parte do Brasil. Ele, ao contrário, inverteria o ponto de vista. Partiria das sociedades indígenas, tomando suas ideias e práticas como referências para criticar o Brasil, o Estado, o capitalismo.

Viveiros de Castro perdeu o concurso de 1978. Segundo ele porque os representantes da esquerda tradicional eram majoritários na banca. João Pacheco de Oliveira Filho foi o escolhido, mas uma segunda vaga foi criada. O etnólogo “clássico” se tornou, ele também, um jovem professor do Museu. Nos anos seguintes, o que começara como uma disputa teórica se transformaria em cizânia e ressentimento.

Tanto assim que as opiniões sobre o antropólogo carioca se dividem, de maneira marcada. Entre ex-alunos, ele é reconhecido por gestos de generosidade e de correção intelectual. Contudo, são também frequentes os relatos de arrogância na relação de Viveiros de Castro com os colegas, o que contribui para o clima de animosidade na instituição. Ele próprio disse representar, no Museu, “uma posição que é considerada trouble maker, anarquista, e que despreza os outros”. “Isso é quase verdade. Sou tido como alguém que não leva muito a sério o outro tipo de antropologia que é feita lá. De fato. Eu nunca manifestei isso, acho eu. Mas o pessoal percebe. Hoje eu diria que está quase todo mundo aliado ao João, e contra mim. Alguns ficam em cima do muro, que é a posição mais confortável.”

O antropólogo Paulo Maia, professor da Universidade Federal de Minas Gerais e ex-orientando de Viveiros de Castro, afirma que o antigo professor tende a assumir posições pouco diplomáticas. “Ele não quer encontrar um meio-termo: quer marcar posições”, disse Maia. “O Eduardo não busca o consenso e não gosta de pessoas que têm um caráter mais subalterno, boazinhas. Ele gosta de gente mais intempestiva mesmo. Na própria escrita dele, dá para ver isso. É um estilo que não é muito diferente do modo como ele fala. O que para muitos alunos é encantador. A escrita dele é cativante.”

Em 1997, a tensão entre colegas no Museu Nacional se tornou mais aguda. A instituição abriu concurso para professor titular, o posto mais alto da carreira universitária. Quase duas décadas depois da primeira disputa entre os dois, Viveiros de Castro e João Pacheco de Oliveira tinham novamente a intenção de se candidatar à mesma posição. Outros integrantes do departamento se mobilizaram para evitar o embate. “Houve uma pressão muito forte, dentro da instituição, para que só se apresentasse um candidato”, disse Viveiros de Castro. “Partindo daquele éthos característico da academia, em que você prefere arranjar as coisas para evitar situações delicadas. Entenda-se: para que não entre a pessoa que você não quer.”

A solução encontrada, segundo professores do Museu, foi a realização de um sorteio prévio: quem ganhasse se apresentaria como candidato, e o derrotado desistiria da disputa. Viveiros de Castro perdeu.

Naquele mesmo ano, o antropólogo viajou para a Inglaterra, convidado para uma temporada de um ano na Universidade de Cambridge. Lá, conheceu Marilyn Strathern, professora titular de antropologia social na instituição, talvez o cargo de maior prestígio da disciplina. Ela ainda não conhecia o trabalho do colega brasileiro, que fez quatro conferências sobre o perspectivismo ameríndio. Strathern disse ter ficado impressionada com o argumento, exposto com “erudição e autoconfiança” – o mesmo atrevimento que lhe causava problemas em casa ajudava-o a conquistar audiências estrangeiras. A ideia exposta por Viveiros de Castro pareceu à professora “profundamente imaginativa e bastante precisa”.

O texto sobre o perspectivismo foi lançado em inglês em 1998. “Foram essas conferências de Cambridge e a publicação em inglês que alçaram o tema a uma posição de destaque no campo antropológico”, observou Viveiros de Castro. Segundo Strathern, as ideias do brasileiro fazem, hoje, parte do cânone apresentado aos estudantes de pós-graduação da disciplina no Reino Unido.

O caráter conflituoso de Viveiros de Castro se manifesta nas redes sociais. O antropólogo tem mantido, nos últimos anos, intensa atividade política no Twitter e no Facebook. Seus curtos enunciados são às vezes enigmáticos, com frequência irônicos, quase sempre militantes. Em outubro, quando manifestantes subiram no Monumento às Bandeiras, em São Paulo, e cobriram de tinta as estátuas de Brecheret que celebram a conquista do Oeste pelos paulistas, com consequências trágicas para os índios, ele ofereceu seu veredicto: “É preciso derrubar essa porcaria.”

Boa parte das frases e dos pequenos textos que publicou no Twitter e no Facebook, desde junho, manifestava entusiasmo pelas manifestações de rua, das quais ele evitou participar, por medo de aglomerações. Seus posts revelavam também o que ele chamou de “simpatia” em relação à ação dos black blocs. “É espantoso como a esquerda tradicional está histérica com os black blocs”, ele me disse. “Está histérica porque não controla, porque não é partido. Não é militante de partido. Os black blocs nem existem como movimento. É uma tática.”

“Devo dizer que fiquei muito feliz de ver os manifestantes subirem na parte de cima do Caveirão. Gostaria que eles tivessem virado o Caveirão de cabeça para baixo. Se tivessem feito isso, acharia legal! E será que destruir a porta de um banco é uma coisa assim tão abominável? Em que será que se está tocando quando se quebra a porta de um banco? Por que deixa todo mundo tão nervoso?”

Já havia manifestado ideia semelhante no Facebook. “Quebrou uma vitrine do Banco Itaú, é vândalo, apanha da polícia e vai pro presídio; desapareceu com bilhões do BNDES, é empresário em dificuldades, vai para recuperação judicial”, publicou, no início de novembro. Estendeu-se um pouco mais noutro comentário: “O que o Estado faz, e deixa fazer, com os índios é um resumo altamente concentrado e potencializado do que ele faz, e deixa que façam, com toda a população. Os que dizem que não se pode mesmo dar mole para esses selvagens, que é preciso logo civilizá-los etc., são como o servo que se acha senhor porque o servo do lado levou mais chicotadas no lombo do que ele.”

Em seu apartamento, ao lado da mulher, o antropólogo explicou sua conversão recente às redes sociais, resultado de uma briga com a imprensa mainstream. Há pouco mais de três anos, a revista Veja publicou uma reportagem intitulada “A farra da antropologia oportunista”. Criticava a multiplicação de povos indígenas no país, interessados nas terras que sua nova condição lhes daria direito. “Em 2000, o Ceará contava com seis povos indígenas”, o texto registrava. “Hoje, tem doze. Na Bahia, catorze populações reivindicam reservas. Na Amazônia, quarenta grupos de ribeirinhos de repente se descobriram índios.”

Citavam então Viveiros de Castro, atribuindo a ele uma opinião crítica aos “índios ressurgidos”: “Não basta dizer que é índio para se transformar em um deles. Só é índio quem nasce, cresce e vive num ambiente de cultura indígena original.” A primeira frase havia sido retirada de um texto publicado pelo antropólogo, intitulado “No Brasil, todo mundo é índio, exceto quem não é”. A segunda, ele nunca disse ou escreveu. “Colocaram entre aspas uma frase que tiraram de um artigo meu, e acrescentaram a ela outra, que eles inventaram.” Ao inventarem, puseram em sua boca ideias opostas às que ele defende. Nas últimas décadas, argumentou o antropólogo, tem acontecido no Brasil algo inverso ao problema que ocupava os fundadores da sociologia do contato. Em vez de os índios se tornarem, aos poucos, brasileiros, são os brasileiros que estão virando índios. E não é necessário um “ambiente de cultura indígena original” para que um grupo advogue essa condição.

“Várias populações tradicionais estão se redescobrindo indígenas. Isso acontece porque eram índios. Foram obrigadas a esquecer que eram, forçadas a aprender português. Houve um processo de branqueamento que nunca se completou. E não se completar fazia parte do processo: o cara deixava de ser índio, mas você não o deixava virar branco. Parava no meio. Virava um brasileiro. O que é um brasileiro? É um índio pra quem você diz: ‘Você vai ser branco, você deixará de ser índio’, mas o cara para no meio. Você é quase branco. O cara perde a sua condição indígena, mas não ganha do outro lado.”

Foi para divulgar sua indignação com a revista, disse o antropólogo, que ele passou a usar as redes sociais. Primeiro o Twitter, no qual tem hoje cerca de 4 600 seguidores. Depois o Facebook, onde conta com mil amigos e quase 5 mil seguidores.

Um dos temas caros a Viveiros de Castro e a Déborah Danowski, tratado com frequência por ele em sua militância na internet, é o que chamam de “catástrofe” ambiental. Em outubro, no dia do primeiro leilão do pré-sal, o antropólogo escreveu: “Não faça parte das minorias com projetos ideológicos irreais: colabore para a destruição do planeta. Deus proverá. Viva Libra, viva a Shell, viva a Total, viva a China, viva o Brasil.” Em meados de novembro, um outro post conclamava: “Liberar a Terra das cadeias produtivas.”

Desde os anos 80, o antropólogo milita contra a construção de hidrelétricas na Amazônia. Foi um dos fundadores do ISA, o Instituto Socioambiental, uma das principais ONGs de defesa do meio ambiente e dos povos indígenas no país. Na sala de sua casa, no Rio, o casal citou estimativas de aquecimento global feitas pelo IPCC, o Painel Intergovernamental sobre Mudanças Climáticas, da ONU. Um aumento de temperatura que não é improvável neste século, disseram, pode pôr em risco a maior floresta do planeta. “A parte oriental da Amazônia é mais seca do que a ocidental”, afirmou o antropólogo. “Essa parte mais seca, em alguns lugares, está começando a perder mais água do que recebe. Aquilo está secando. Um processo de ressecamento progressivo, discreto talvez, no sentido de que não é uma coisa catastrófica. Mas acontece que, se essa floresta passa de determinado ponto crítico de ressecamento, uma hora pega fogo e ninguém mais apaga.”

Os dois lembraram ainda a impossibilidade de o planeta comportar, para toda a sua população, o atual padrão de produção e consumo ocidental. “O que vai acontecer, provavelmente, é a falência degenerativa, muito mais do que apocalíptica, do atual sistema técnico-econômico mundial, que não vai se sustentar”, disse Viveiros de Castro. “Temos que nos preparar para um mundo radicalmente diferente deste em que vivemos. Temos que pensar num mundo fora do milênio, fora da ideia de que um dia vamos dar tudo para todos, seja no capitalismo ‘sustentável’, dois ponto zero, seja no socialismo.
A ideia de que vamos finalmente chegar a um estágio de plenitude, de abundância e de equilíbrio. Nós não vamos. Minha impressão é de que estamos numa curva descendente do ponto de vista da civilização, talvez da espécie, e que a gente tem que se preparar para o declínio.”

Argumentei que há quem conte com inovações tecnológicas, como já aconteceu no passado, para mover a fronteira dos limites planetários. “Eu acho que isso é religião”, respondeu o antropólogo. “Essa coisa de que vamos sair dessa é teologia. É achar que o homem sempre pode dar um jeito, pela sua capacidade, de transcender as condições naturais. Isso para mim é cristianismo laicizado.”

O que fazer? “Oposição ao governo, dono de um projeto ecocida”, respondeu. O antropólogo votou em Marina Silva, em 2010, mas disse ter dúvidas se repetirá o apoio em 2014, caso ela venha a concorrer. “Não morro de paixão pelas alianças que ela fez nem por sua base de consulta intelectual”, composta por economistas liberais. “Mas nada, nem o Serra, vai me fazer votar na Dilma. Não adianta virem com o Serra pra cima de mim. ‘Olha o Serra!’ Não há Cristo, nem Diabo, que me faça votar na Dilma.”

A política partidária, de toda forma, parece pouco relevante em seu discurso, fatalista. “Pode ser que nós, ocidentais de classe média, o francês, o brasileiro rico de São Paulo, o americano, pode ser que passemos pela mesma coisa por que passaram os índios em 1500. Eles continuam aí, mas o mundo deles acabou em 1500. Se formos falar do fim do mundo, pergunte aos índios como é, porque eles sabem. Eles viveram isso. A América acabou. Pode ser que venhamos todos a ser índios, nesse sentido. Todos venhamos a passar por essa experiência de ter um mundo desabando. No caso deles, eles foram invadidos por nós. Nós também vamos ser invadidos por nós. Já estamos sendo invadidos por nós mesmos. Vamos acabar com nós mesmos da mesma maneira como acabamos com os índios: com essa concepção de que é preciso crescer mais, produzir mais.”

No seu apartamento, já de noite, Viveiros de Castro se disse pessimista. “Mas esse pessimismo não é paralisante. Não é um quietismo. A sensação que eu tenho é de que a gente está lutando dentro de casa. Quarteirão a quarteirão. Como essas guerrilhas.” Deu um exemplo de resistência. “Dizem que os índios já foram incorporados ao capitalismo. Mas não foram dominados mentalmente. Já foram dominados economicamente, politicamente, mas não mentalmente. O problema com os índios é que eles são insubordinados. Você não consegue domesticar o índio. É por isso que o governo tem tanto horror deles.”

“É isso que significa o brasileiro virar índio”, disse, alargando o sentido da frase. “Numa versão ‘Twitter’, para encurtar a conversa, é isso. É virar black bloc. Menos pelego, e mais black bloc.”

Em 2008, Marilyn Strathern se aposentou do cargo de professora titular de antropologia social, em Cambridge. Mais de um ano antes, tinha dado início ao processo de escolha de seu sucessor. Ela sugeriu ao etnólogo carioca que apresentasse sua candidatura ao posto.

Viveiros de Castro disse que foi só por causa da insistência da amiga que concordou em concorrer. “Relutei e tergiversei, pois não tinha a intenção de aceitar”, diria mais tarde. Além de razões práticas – como o trabalho de sua mulher no Rio –, afirmou que “sabia do tamanho do abacaxi que era ser o cabeça da antropologia social” na universidade inglesa. Disse não ter vontade de se dedicar à administração acadêmica, o que certamente seria exigido pela posição.

De toda forma, no final de 2007, estava entre os três finalistas. Viajou à Inglaterra para apresentar uma aula na universidade, parte do processo de seleção. Na sala em que falou, numa noite fria do outono inglês, alunos e professores se apertavam, muitos sentados no chão, outros espremidos nos cantos, junto às paredes.

Foi só quatro anos depois de concorrer à vaga na Inglaterra que Viveiros de Castro pôde afinal se candidatar, em 2011, ao posto de professor titular do Museu Nacional. O memorial que escreveu para o pleito foi redigido “num tom quase insolente” de propósito, ele disse. Ali ele afirma que sua produção intelectual “exerceu uma influência teórica muito significativa” na antropologia, “talvez a influência mais significativa exercida até o presente pelo trabalho de um antropólogo brasileiro”. No mesmo texto, voltou ao assunto do cargo em Cambridge, revelando seu desfecho. “Fizeram-me saber (ou deixaram-me saber, como se diz) que eu tinha todas as chances de ser o escolhido. Escrevi rapidamente ao departamento e a Marilyn recusando o posto, just in case. Eu realmente queria continuar sendo um jardineiro em Petrópolis.”

Considerava já ter alcançado, então, o objetivo de se fazer ouvir ao norte do Equador. No memorial, um balanço de mais de três décadas de atividade intelectual, Viveiros de Castro afirmou ter tido, desde o início de sua carreira, o propósito explícito de “rebater para a matriz nossas lucubrações periféricas” e de “meter a colher na sopa metropolitana”.

“Cuido que consegui”, ele conclui, sem modéstia.

Walking the Walk: What Sharks, Honeybees and Humans Have in Common (Science Daily)

Dec. 23, 2013 — A research team led by UA anthropologist David Raichlen has found that the Hadza tribe’s movements while foraging can be described by a mathematical pattern called a Lévy walk — a pattern that also is found in the movements of many other animals.

The Hadza people of Tanzania wore wristwatches with GPS trackers that followed their movements while hunting or foraging. Data showed that humans join a variety of other species including sharks and honeybees in using a Lévy walk pattern while foraging. (Credit: Photo by Brian Wood/Yale University)

A mathematical pattern of movement called a Lévy walk describes the foraging behavior of animals from sharks to honey bees, and now for the first time has been shown to describe human hunter-gatherer movement as well. The study, led by University of Arizona anthropologist David Raichlen, was published today in the Proceedings of the National Academy of Sciences.

The Lévy walk pattern appears to be ubiquitous in animals, similar to the golden ratio, phi, a mathematical ratio that has been found to describe proportions in plants and animals throughout nature.

“Scientists have been interested in characterizing how animals search for a long time,” said Raichlen, an associate professor in the UA School of Anthropology, “so we decided to look at whether human hunter-gatherers use similar patterns.”

Funded by a National Science Foundation grant awarded to study co-author Herman Pontzer, Raichlen and his colleagues worked with the Hadza people of Tanzania.

The Hadza are one of the last big-game hunters in Africa, and one of the last groups on Earth to still forage on foot with traditional methods. “If you want to understand human hunter-gatherer movement, you have to work with a group like the Hadza,” Raichlen said.

Members of the tribe wore wristwatches with GPS units that tracked their movement while on hunting or foraging bouts. The GPS data showed that while the Hadza use other movement patterns, the dominant theme of their foraging movements is a Lévy walk — the same pattern used by many other animals when hunting or foraging.

“Detecting this pattern among the Hadza, as has been found in several other species, tells us that such patterns are likely the result of general foraging strategies that many species adopt, across a wide variety of contexts,” said study co-author Brian Wood, an anthropologist at Yale University who has worked with the Hadza people since 2004.

“This movement pattern seems to occur across species and across environments in humans, from East Africa to urban areas,” said Adam Gordon, study co-author and a physical anthropologist at the University at Albany, State University of New York. “It shows up all across the world in different species and links the way that we move around in the natural world. This suggests that it’s a fundamental pattern likely present in our evolutionary history.”

The Lévy walk, which involves a series of short movements in one area and then a longer trek to another area, is not limited to searching for food. Studies have shown that humans sometimes follow a Lévy walk while ambling around an amusement park. The pattern also can be used as a predictor for urban development.

“Think about your life,” Raichlen said. “What do you do on a normal day? Go to work and come back, walk short distances around your house? Then every once in a while you take these long steps, on foot, bike, in a car or on a plane. We tend to take short steps in one area and then take longer strides to get to another area.”

Following a Lévy walk pattern does not mean that humans don’t consciously decide where they are going, Raichlen said. “We definitely use memories and cues from the environment as we search,” he explained, “but this pattern seems to emerge in the process.”

In future studies, Raichlen and his colleagues hope to understand the reasons for using a Lévy walk and whether the pattern is determined by the distribution of resources in the environment.

“We’re very interested in studying why the Hadza use this pattern, what’s driving their hunting strategies and when they use this pattern versus another pattern,” said Pontzer, a member of the research team and an anthropologist at Hunter College in New York.

“We’d really like to know how and why specific environmental conditions or individual traits influence movement patterns,” added Wood.

Describing human movement patterns could also help anthropologists to understand how humans transported raw materials in the past, how our home ranges expanded and how we interact with our environment today, Raichlen noted.

“We can characterize these movement patterns across different human environments, and that means we can use this movement pattern to understand past mobility,” Raichlen said. “Also, finding patterns in nature is always fun.”

Journal Reference:

  1. D. A. Raichlen, B. M. Wood, A. D. Gordon, A. Z. P. Mabulla, F. W. Marlowe, H. Pontzer. Evidence of Levy walk foraging patterns in human hunter-gatherers.Proceedings of the National Academy of Sciences, 2013; DOI: 10.1073/pnas.1318616111