Arquivo da tag: Mídia

La violencia en el fútbol desde todos lados (Mundo D)

http://mundod.lavoz.com.ar

Sábado 25 de Agosto, 12:26

Punto de vista. Para el sociólogo Pablo Alabarces, los actos vandálicos no son exclusivos de la barra brava. Sobre posibles soluciones, dijo: “Son parches. No existen medidas a largo plazo”.

Los hinchas de Belgrano en cancha de Colón. (Foto: Pedro Castillo)Los hinchas de Belgrano en cancha de Colón. (Foto: Pedro Castillo)

Por Joaquin Aguirre

“¡Me importa un pito que digan que fomentamos la violencia. Este pibe no es un barrabrava. Este es un salame!”. A los gritos y con una rabia un tanto impostada, un conocido presentador repasaba la secuencia televisiva en la que un plateísta de Boca arrojaba un cartel sobre el banco de suplentes de Independiente. “Que busquen al responsable en las villas. Ahí está la violencia”, decía.

Justamente lo contrario opina Pablo Alabarces, el sociólogo con más publicaciones referidas a la violencia en las canchas de fútbol. Según él, ésta es originada por “el hincha común”, la policía, los dirigentes y los medios de comunicación.

Para el reconocido autor de Crónicas del aguante, con lo ocurrido en Colón-Belgrano quedó demostrado “una vez más” que las agresiones que solemos ver domingo a domingo en las canchas no son patrimonio exclusivo de la barra brava.

Los plateístas de Colón tiran de todo y la culpa es de Olave. La policía reprime y la culpa es de Olave. Bueno… Olave también es culpable como todos los jugadores que desde su lugar también generan lo que generan. Pero se está equivocando el foco de la cuestión”, dice el profesional con creciente indignación.

Tratar estos incidentes como si fueran aislados no sirve para nada. Mi primer trabajo sobre violencia en el fútbol fue hace 12 años, así que imaginate que nada me sorprende a esta altura. Todo es previsible, esperable. Y también es esperable cómo se reacciona… Los medios dicen ‘los violentos, la culpa es de ellos’. Pero no dicen que entre ellos están los jugadores, la policía, los periodistas cordobeses… todos”.

Alabarces lidera un conjunto de intelectuales que hace unos meses presentó un polémico proyecto para erradicar la violencia aboliendo las actuales medidas (represión policial, mayores operativos, prohibición de público visitante, entre otras cosas) que a la luz de los hechos no han brindado soluciones. En lugar de ello, propone un trabajo conjunto de profesionales de distintas disciplinas para reeducar a los violentos. Reconocer la existencia de la barra. “No legalizarla, como malinterpretan algunos”, aclara. “Hasta ahora son todos parches. No existen medidas a largo plazo. Prohibir el ingreso de público visitante es un negocio televisivo”, agrega.

Días atrás, en una declaración para muchos desacertada, la presidenta Cristina Fernández sostuvo que “si el tema de la violencia lo circunscribimos únicamente a algunos grupitos vamos a equivocarnos y no vamos a darle una verdadera respuesta al problema, que tiene que ver más con cosas que pasan fuera de la cancha, que son las mas graves y no adentro”. Según Alabarces, la mandataria fue “demasiado liviana, hizo una alusión rápida y poco profunda del tema”.

–¿Cuál es la solución?

–La cultura futbolística argentina encierra una ética de la violencia llamada “el aguante”, reconocida y alentada desde los medios. En 10 años podemos solucionarlo. El responsable de la seguridad en Inglaterra me dijo que se “cura” en ese tiempo.

–¿Cómo se hace?

–Yo propongo una serie de medidas que van desde la intervención de la AFA a blanquear la guita que se maneja en el fútbol. A fines del año pasado empecé a analizar el “Fútbol para Todos”. Ahí hace tres años tenés publicidad gratis y no hay ni un aviso sobre la violencia.

–¿Qué más?

–Campañas. Sacar la policía y poner un batallón de antropólogos y trabajadores sociales. Trabajar con las comunidades, dialogar, convencerlos…

–Con progresismo…

–No es izquierdista, es lo más liberal… No prejuzgar a los barras, hacer al revés: darles un shock de confianza. Pero si exigís orden tenés que darles infraestructura. Los baños tienen que estar en condiciones y no como los ves en cualquier estadio. La gente tiene derecho a acceder a eso.

–Como en el “Primer Mundo”.

–Los ingleses decían “usted no puede tratar a los hinchas como animales y después quejarse porque se portan como animales”. Hubo casos en los que al comienzo cuando se encontraban con cosas nuevas en el estadio se las robaban, pero con el tiempo se sentían orgullosos de su nuevo estadio.

–¿Realmente creés que es posible un cambio?

–La idea de que el cambio cultural es posible lo demuestra que antes esa cultura no era así. La cultura cambió, y lo hizo en relación a cambios globales: el peso de los hinchas es mayor. Ellos se perciben a sí mismos como los únicos que garantizan la continuidad de esa cultura.

–Decís que los medios y los futbolistas también son responsables.

–Cuando Belgrano le empató a River en la promoción y el relator decía “River sale a matar o morir”, el hincha lo siente así. Y los jugadores son tribuneros, se besan el escudo, provocan… No sólo ellos, mirá a los árbitros cómo dirigen…

–¿Por qué creés que los dirigentes no le encontraron la vuelta a la violencia?

–Y… Mirá el mejor ejemplo es Cantero (presidente de Independiente). Venía bien enfrentándose con la barra. Pero en el partido que se suspendió por la lluvia contra Vélez, salió a quejarse y decir “el fútbol es para hombres”. Hasta el más sensato parece capturado por esa cultura del aguante.

–¿Te ofrecieron algún cargo público?

–No, y no lo aceptaría.

Cientistas apontam problemas da cobertura da imprensa sobre mudanças climáticas (Fapesp)

Especialistas reunidos em São Paulo para debater gestão de riscos dos extremos climáticos manifestam preocupação com dificuldades enfrentadas por jornalistas para lidar com a complexidade do tema (Wikimedia)

21/08/2012

Por Fábio de Castro

Agência FAPESP – Na avaliação de especialistas reunidos em São Paulo para discutir a gestão de riscos dos extremos climáticos e desastres, para que seja possível gerenciar de forma adequada os impactos desses eventos, é fundamental informar a sociedade – incluindo os formuladores de políticas públicas – sobre as descobertas das ciências climáticas.

No entanto, pesquisadores estão preocupados com as dificuldades encontradas na comunicação com a sociedade. A complexidade dos estudos climáticos tende a gerar distorções na cobertura jornalística do tema e o resultado pode ser uma ameaça à confiança do público em relação à ciência.

A avaliação foi feita por participantes do workshop “Gestão dos riscos dos extremos climáticos e desastres na América Central e na América do Sul – o que podemos aprender com o Relatório Especial do IPCC sobre extremos?”, realizado na semana passada na capital paulista.

O evento teve o objetivo de debater as conclusões do Relatório Especial sobre Gestão dos Riscos de Extremos Climáticos e Desastres (SREX, na sigla em inglês) – elaborado e recentemente publicado pelo Painel Intergovernamental sobre Mudanças Climáticas (IPCC) – e discutir opções para gerenciamento dos impactos dos extremos climáticos, especialmente nas Américas do Sul e Central.

O workshop foi realizado pela FAPESP e pelo Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (Inpe), em parceria com o IPCC, o Overseas Development Institute (ODI) e a Climate and Development Knowledge (CKDN), ambos do Reino Unido, e apoio da Agência de Clima e Poluição do Ministério de Relações Exteriores da Noruega.

Durante o evento, o tema da comunicação foi debatido por autores do IPCC-SREX, especialistas em extremos climáticos, gestores e líderes de instituições de prevenção de desastres.

De acordo com Vicente Barros, do Centro de Investigação do Mar e da Atmosfera da Universidade de Buenos Aires, o IPCC, do qual é membro, entrou há três anos em um processo de reestruturação que compreende uma mudança na estratégia de comunicação.

“A partir de 2009, o IPCC passou a ser atacado violentamente e não estávamos preparados para isso, porque nossa função era divulgar o conhecimento adquirido, mas não traduzi-lo para a imprensa. Temos agora um grupo de jornalistas que procura fazer essa mediação, mas não podemos diluir demais as informações e a última palavra na formulação da comunicação é sempre do comitê executivo, porque o peso político do que é expresso pelo painel é muito grande”, disse Barros.

A linguagem é um grande problema, segundo Barros. Se for muito complexa, não atinge o público. Se for muito simplificada, tende a distorcer as conclusões e disseminar visões que não correspondem à realidade.

“O IPCC trata de problemas muito complexos e admitimos que não podemos fazer uma divulgação que chegue a todos. Isso é um problema. Acredito que a comunicação deve permanecer nas mãos dos jornalistas, mas talvez seja preciso investir em iniciativas de treinamento desses profissionais”, disse.

Fábio Feldman, do Fórum Paulista de Mudanças Climáticas, manifestou preocupação com as dificuldades de comunicação dos cientistas com o público, que, segundo ele, possibilitam que os pesquisadores “céticos” – isto é, que negam a influência humana nos eventos de mudanças climáticas – ganhem cada vez mais espaço na mídia e no debate público.

“Vejo com preocupação um avanço do espaço dado aos negacionistas no debate público. A imprensa acha que é preciso usar necessariamente o princípio do contraditório, dando espaço e importância equânimes para as diferentes posições no debate”, disse.

De acordo com Feldman, os cientistas – especialmente aqueles ligados ao IPCC – deveriam ter uma atitude mais pró-ativa no sentido de se contrapor aos “céticos” no debate público.

Posições diferentes

Para Reynaldo Luiz Victoria, da Coordenação do Programa FAPESP de Pesquisa em Mudanças Climáticas Globais, é importante que a imprensa trate as diferentes posições de modo mais equitativo.

“Há casos específicos em que a imprensa trata questões de maneira pouco equitativa – e eventualmente sensacionalista –, mas acho que nós, como pesquisadores, não temos obrigação de reagir. A imprensa deveria nos procurar para fazer o contraponto e esclarecer o público”, disse Victoria à Agência FAPESP.

Victoria, no entanto, destacou a importância de que os “céticos” também sejam ouvidos. “Alguns são cientistas sérios e merecem um tratamento equitativo. Certamente que não se pode ignorá-los, mas, quando fazem afirmações passíveis de contestação, a imprensa deve procurar alguém que possa dar um contraponto. Os jornalistas precisam nos procurar e não o contrário”, disse.

De modo geral, a cobertura da imprensa sobre mudanças climáticas é satisfatória, segundo Victoria. “Os bons jornais publicam artigos corretos e há jornalistas muito sérios produzindo material de alta qualidade”, destacou.

Para Luci Hidalgo Nunes, professora do Departamento de Geografia da Universidade Estadual de Campinas (Unicamp), os negacionistas ganham espaço porque muitas vezes o discurso polêmico tem mais apelo midiático do que a complexidade do conhecimento científico.

“O cientista pode ter um discurso bem fundamentado, mas que é considerado enfadonho pelo público. Enquanto isso, um pesquisador com argumentos pouco estruturados pode fazer um discurso simplificado, portanto atraente para o público, e polêmico, o que rende manchetes”, disse à Agência FAPESP.

Apesar de a boa ciência ter, em relação ao debate público, uma desvantagem inerente à sua complexidade, Nunes acredita ser importante que a imprensa continue pluralista. A pesquisadora publicou um estudo no qual analisa a cobertura do jornal O Estado de S. Paulo sobre mudanças climáticas durante um ano. Segundo Nunes, um dos principais pontos positivos observados consistiu em dar voz às diferentes posições.

“Sou favorável a que a imprensa cumpra seu papel e dê todos os parâmetros, para que haja um debate democrático. Acho que isso está sendo bem feito e a própria imprensa está aberta para nos dar mais espaço. Mas precisamos nos manifestar para criar essas oportunidades”, disse.

Nunes também considera que a cobertura da imprensa sobre mudanças climáticas, de modo geral, tem sido satisfatória, ainda que irregular. “O tema ganha vulto em determinados momentos, mas não se mantém na pauta do noticiário de forma permanente”, disse.

Segundo ela, o assunto sobressaiu especialmente em 2007, com a publicação do primeiro relatório do IPCC, e em 2012 durante a RIO+20.

“Em 2007, a cobertura foi intensa, mas a popularização do tema também deu margem a distorções e exageros. O sensacionalismo é ruim para a ciência, porque faz o tema ganhar as manchetes rapidamente por algum tempo, mas no médio prazo o efeito é inverso: as pessoas percebem os exageros e passam a olhar com descrédito os resultados científicos de modo geral”, disse.

Pai de gêmeos, um negro e outro branco (Extra)

Bruno Cunha

Fonte Extra

Finalmente eles foram reconhecidos no futebol. Enquanto um é zagueiro, tem cabelos crespos e adora doce, o outro é atacante, tem fios louros e prefere salgado. Com as diferenças, ficava difícil perceber que David Evangelista de Oliveira, o branco, e Nícolas, o negro, são irmãos gêmeos.

— Os pais dos coleguinhas do futebol achavam que só um era meu filho e que o outro era um amiguinho dele. E olha que os dois já treinam há um ano e meio. Mas só agora descobriram que são irmãos gêmeos — conta o montador de peças de laboratório Luis Carlos de Oliveira Silva, de 42 anos, pai das crianças.

Fama no bairro

Morador de Campo Grande, Luis tomou um susto quando soube da dupla gravidez da mulher, Audicelia Evangelista, de 45 anos. E outro após o nascimento dos filhos, um negro, como o pai, e outro branco, como a mãe.

— Na época, os colegas brincavam: “ah, esse aí não é seu filho, não!”. Uma vez entrei numa maternidade e o David me chamou de pai. O segurança cochichou: “não é filho dele.” Mas eu penso: os dois puxaram ao pai e à mãe — afirma Luis.

Na porta do quarto, a frase “gêmeos em ação”
Na porta do quarto, a frase “gêmeos em ação” Foto: Nina Lima / Extra

Famosos no sub-bairro Santa Rosa, Nícolas e David, aos 9 anos, já começam a colher os frutos da fama que os levou a um programa de TV ainda recém-nascidos. Outro dia mesmo foram seguidos por duas meninas que descobriram onde moravam.

— Cheguei do trabalho umas 19h30m e peguei o Nícolas passando gel no cabelo e o Davi se arrumando. Logo em seguida, duas meninas gritaram o nome deles aqui no portão. Elas estavam tomando coragem para chamá-los para sair — explica o pai, que se diverte ao saber que os filhos já estão se interessando pelas meninas.

Os gêmeos
Os gêmeos Foto: Acervo pessoal / Divulgação

Estimativa: menos de 1% de chance de incidência

O nascimento de irmãos gêmeos, um negro e outro branco, ainda surpreende. Em 2006, por exemplo, o EXTRA mostrou o caso dos irmãos Pedro e Nathan Henrique Rodrigues, que intrigou Costa Barros.

Um ano depois, o cabeleireiro Carlos Henrique Fonseca, o pai, na época com 26 anos, contou que muitas pessoas ainda estranhavam quando viam Pedro, negro como ele, ao lado de Nathan, branco como mãe, a então frentista Valéria Gomes, de 22 anos.

Diferentes, mas torcem pelo mesmo time
Diferentes, mas torcem pelo mesmo time Foto: Nina Lima / Extra

Miscigenação

A cegonha também foi generosa, em Botafogo, onde vivem as gêmeas Beatriz e Maria Gaia Gerstner, hoje com 8 anos. Uma é morena como a mãe e a outra é branca como o pai, um alemão.

— Quando estou com a branca não acham que é minha filha. E quando o pai está com a morena é a mesma coisa — conta a mãe, Janaína Gaia, de 35 anos, hoje separada do pai delas.

A diretora do Centro Vida — Reprodução Humana Assistida, na Barra, na Zona Oeste, Maria Cecília Erthal, estima que há menos de 1% de chance do nascimento de gêmeos diferentes.

— É a miscigenação que faz com que os genes de pais negros e brancos se encontrem — explica.

*   *   *

Jemima Pompeu enviou o seguinte comentário:

Gêmeos com cores de pele diferentes surpreendem pais, mas não os cientistas. Veja alguns casos no link abaixo:

Ações afirmativas e sistema de cotas nas universidades brasileiras

Mais um passo na luta pela democratização efetiva do Ensino Superior

dhescbrasil.org.br

10 de agosto de 2012

Em 07 de agosto de 2012 o Senado Federal aprovou um projeto que tramitava a cerca de  uma década no Congresso, instituindo a reserva de 50% das vagas das universidades e institutos tecnológicos federais para estudantes que cursaram o ensino médio em escola pública.

Além disso, a lei prevê que, destas vagas, metade serão destinadas a estudantes com renda familiar per capita até um salário mínimo e meio. Também prevê que em cada estado serão destinadas vagas para pretos, pardos e indígenas, respeitando o percentual destes grupos nos estados, de acordo com os dados do IBGE.

Tais medidas visam atender a demandas históricas de ativistas que lutam pelo direito à educação e também pela democratização efetiva do ensino superior no país. Como sabemos historicamente o sistema universitário brasileiro se desenvolveu de forma restrita em termos de número de vagas e também de grupos atendidos. O ensino superior foi pensado durante muito tempo como um sistema para poucos e, com frequência, para aqueles que conseguiram se preparar para competir por uma vaga num quadro altamente competitivo.

Ao longo dos anos 1990 e principalmente dos anos 2000 ampliou-se o consenso entre diferentes setores da sociedade brasileira sobre a enorme desigualdade no acesso ao ensino superior no Brasil, expresso no paradoxo conhecido de que entre os estudantes das universidades públicas predominam os estudantes que freqüentaram escolas particulares no ensino básico, sendo o inverso também verdadeiro.

Observou-se também que os jovens brasileiros que chegavam ao ensino superior eram predominantemente de classe média e de classe alta e em sua maioria brancos, deixando de fora desta possibilidade, portanto, um grande contingente de jovens pobres, pretos, pardos e indígenas.

Em face de esta exclusão educacional, entidades não governamentais e movimentos sociais se mobilizaram para oferecer oportunidades de formação complementar para os jovens pobres, pretos, pardos e indígenas aumentarem suas chances de ingresso. Universidades, prefeituras, empresas e igrejas também se engajaram nestas iniciativas, levando a resultados relevantes em termos de aprovação destes estudantes em exames de seleção.

Também órgãos governamentais passaram a desenvolver políticas para ampliar o acesso ao ensino superior de grupos historicamente excluídos, tais como a reserva de vagas em  universidades públicas, a criação do Programa Universidade para Todos (PROUNI), destinado a fornecer bolsas de estudo em instituições privadas de ensino superior e a  ampliação do investimento em universidades federais visando o aumento da oferta de cursos e vagas.

Em 2012 é possível afirmar que estas medidas produziram efeitos positivos no que diz respeito à ampliação do acesso ao ensino superior de jovens de grupos excluídos. Entretanto, ainda permanece uma distância entre o número de jovens que concluem o ensino médio em escola pública e os que conseguem ingressar em instituição pública de ensino superior. Também ainda é desproporcional o número de estudantes negros e indígenas que chegam ao ensino superior, em comparação com sua proporção na população.

A lei aprovada pelo Senado vem justamente ampliar de forma substantiva estas oportunidades, levando a um compromisso das instituições federais de ensino superior e técnico com esta expansão. A lei também traz um importante compromisso com a igualdade racial, através da formalização do compromisso de ampliação do ingresso de estudantes negros e indígenas em proporções definidas segundo sua representação na população de cada estado da federação.

Num país que, até recentemente, tinha dificuldades em aceitar a desigualdade racial presente na sociedade, a aprovação desta lei reveste-se de grande importância, pois permite que se avance na efetiva democratização de oportunidades de ingresso no ensino superior.

Cabe-nos, agora, perguntar? Todos os problemas se resolvem com esta medida? Obviamente não. Na verdade a aprovação desta lei traz desafios importantes, como a ampliação e consolidação de permanência de estudantes de menor renda no ensino superior, através de um efetivo e eficaz programa de assistência estudantil. Também traz o desafio de continuar ampliando as oportunidades para que milhões de jovens pobres, negros e indígenas possam ter acesso e completar com sucesso o ensino médio, a fim de que possam participar da seleção de ingresso ao ensino superior.

Medidas de democratização com as que estão contidas nesta nova lei são marcos importantes no longo caminho da realização do direito à educação no Brasil. Esperamos que, após a sanção desta lei pela presidência, possamos inaugurar um novo momento nas políticas educacionais no país, com ampliação do acesso, oportunidades mais democráticas de permanência no ensino superior e pela busca de maior igualdade em todos os níveis. O caminho é longo, mas, com esta lei, será dado um grande passo.

Rosana Heringer
Relatora do Direito Humano à Educação

*   *   *

INCLUSÃO NO ENSINO SUPERIOR: RAÇA OU RENDA?

João Feres Júnior*

Grupo Estratégico de Análise da Educação Superior no Brasil – FLACSO Brasil

A decisão por unanimidade do Supremo Tribunal Federal, no dia 26 de abril de 2012, que declarou a constitucionalidade do sistema de cotas étnico-raciais para admissão de alunos ao ensino superior, teve, entre várias consequências positivas, a virtude de abrir a possibilidade para que o debate acerca da inclusão por meio do acesso à educação superior se aprofunde. Mudamos, portanto, de um contexto no qual o debate era dominantemente normativo, preocupado principalmente com a questão da legalidade e constitucionalidade da ação afirmativa étnico-racial, para um novo contexto, no qual passa a importar a discussão concreta acerca dos mecanismos e critérios adotados pelas políticas de inclusão.

Além de sua pertinência moral, a decisão do Supremo é consonante com várias análises a partir de dados estatísticos sólidos, feitas a partir do final dos anos 1970 até o presente, que mostram a relevância da variável classe e da variável raça na reprodução da desigualdade no Brasil. Esse fato nos leva a intuir que o uso de ambas as variáveis em políticas de inclusão é recomendável. Tal intuição é em geral correta, mas não podemos nos esquecer de que da análise sociológica de dados populacionais ao desenho de políticas públicas a distância é grande e não pode ser percorrida sem mediações: identificação de públicos, adoção de categorias, criação de regras, estabelecimento de objetivos, avaliação de resultados etc.

Ao abordar a questão dos critérios de seleção, primeiro cabe fazer uma ressalva de caráter histórico. O debate midiático sobre ação afirmativa foca quase exclusivamente sobre a ação afirmativa étnico-racial. Contudo, a modalidade mais frequente de ação afirmativa adotada pelas universidades públicas brasileiras hoje tem como beneficiários alunos oriundos da escola pública: 61 de um total de 98 instituições, enquanto que apenas 40 têm políticas para negros (ou pretos e pardos).

Mas isso não é só: o processo de criação dessas políticas de inclusão no ensino superior brasileiro – hoje 72% das universidades públicas brasileira têm algum tipo de ação afirmativa – não pode ser narrado sem falarmos do protagonismo do Movimento Negro e de seus simpatizantes ao articular a demanda por inclusão frente às universidades por todo o Brasil. Ao serem pressionadas por esses setores da sociedade civil organizada, as universidades reagiram, cada uma a seu modo, pouquíssimas vezes criando cotas somente para negros (4 casos), muitas vezes criando cotas para
negros e alunos de escola pública (31), e majoritariamente criando cotas para alunos de escola pública. Não houve, por outro lado, nenhum movimento independente para a inclusão de alunos pobres no ensino superior. Em suma, se não fosse pela demanda por inclusão para negros, o debate sobre o papel da universidade no Brasil democrático certamente estaria bem mais atrasado.

O ponto mais importante, contudo, é entender que as mediações entre o conhecimento sociológico e a política pública têm de ser regidas por um espírito pragmatista que segue o seguinte método: a partir de uma concordância básica acerca da situação e dos objetivos, estabelecemos ações mediadoras para a implantação de uma política e então passamos a observar seus resultados. A observação sistemática (e não impressionista) dos resultados é fundamental para que possamos regular as ações mediadoras a fim de atingir nossos objetivos, ou mesmo mudar os objetivos ou a leitura da situação. Sem esse espírito é difícil proceder de maneira progressista na abordagem de qualquer assunto que diga respeito a uma intervenção concreta na realidade.

Assim, ainda que saibamos que ambas as variáveis, classe e raça, devam ser objeto de políticas de inclusão, não existe um plano ideal para aplicá-las. Será que deveriam ser separadas (cotas para negros e cotas para escola pública) ou combinadas (cotas que somente aceitem candidatos com as duas qualificações)? Fato é que pouquíssimas universidades adotam a primeira opção, enquanto 36 das 40 universidades públicas com ação afirmativa para negros têm algum critério de classe combinado, seja ele escola pública ou renda.

Há também outra questão importante: a variável classe deve ser operacionalizada pelo critério de renda ou escola pública? No agregado, as universidades escolheram preferencialmente “escola pública”, 30 das 40, pois ele é mais eficaz do que “declaração de renda” para se auferir a classe social do ingressante – pessoas com renda informal facilmente burlariam o procedimento. Contudo, 6 universidades, entre elas as universidades estaduais do Rio de Janeiro, exemplos pioneiros de adoção de ação afirmativa no país, adotam o critério de renda. No caso das universidades fluminenses, os programas que começaram em 2003 tinham cotas para escola pública separadas de cotas para “negros e pardos” (sic), mas em 2005 a lei foi alterada passando a sobrepor um limite de renda à cota racial.

Informações advindas de pessoas que participaram do debate que levou a tal mudança apontam para o fato de que a exposição do assunto à mídia, fortemente enviesada contra tais políticas, fez com que os tomadores de decisão tentassem se proteger do argumento de que a ação afirmativa beneficiaria somente a classe média negra. A despeito da causa que levou a tal mudança, o método sugerido acima nos leva a olhar para as consequências. Dados da UENF (Universidade Estadual do Norte Fluminense Darcy Ribeiro) mostram que nos anos em que vigorou o sistema antigo, 2003 e 2004, entraram respectivamente 40 e 60 alunos não-brancos – aproximadamente 11% do total de ingressantes. A sobreposição de critérios que passou a operar no ano seguinte derrubou esse número para 19. A média de alunos não-brancos que ingressaram sob o novo regime de 2005 a 2009 é ainda menor – 13 –, o que representa parcos 3% do total de ingressantes.

Conclusão: uma política que produzia resultados foi tornada praticamente irrelevante devido à adoção de critérios que no papel parecem justos, ou adequados, ou politicamente estratégicos. Contudo, o resultado deveria ser a parte fundamental. O exemplo comprova nosso ponto de vista de que não há receitas mágicas. Se isso é verdade, então a experimentação faz-se necessária. Mas fica faltando ainda um elemento crucial nessa equação. Para avaliarmos os resultados da experimentação é preciso que as universidades com programas de inclusão tornem públicos seus dados, e isso não tem acontecido, com raríssimas exceções. Sem avaliações sólidas das políticas, corremos o risco de ficarmos eternamente no plano da conjectura e da anedota e assim não conseguir atingir o objetivo maior dessas iniciativas, que é o de democratizar o acesso à educação superior no Brasil.

Rio de Janeiro, junho de 2012

Este texto é uma contribuição do autor ao projeto Grupo Estratégico de Análise da Educação Superior
(GEA-ES), realizado pela FLACSO-Brasil com apoio da Fundação Ford.

Punishing Youth (counterpunch.org)

AUGUST 09, 2012

Saturated Violence in the Era of Casino Capitalism

by HENRY GIROUX

There is by now an overwhelming catalogue of evidence revealing the depth and breadth of the state sponsored assault being waged against young people across the globe, and especially in the United States. What is no longer a hidden order of politics is that American  society is at war with its children, and that the use of such violence against young people is a disturbing index of a society in the midst of a deep moral and political crisis.  Beyond exposing the moral depravity of a nation that fails to protect its youth, the violence used against American youth speaks to nothing less than a perverse death-wish, especially in light of the fact that As Alain Badiou argues, we live in an era in which there is zero tolerance for poor minority youth and youthful protesters and “infinite tolerance for the crimes of bankers and government embezzlers which affect the lives of millions.”  While the systemic nature of the assault on young people and its testimony to the rise of the neoliberal punishing state has been largely ignored by the mainstream media, youth in Canada and the United States are resisting the violence of what might be called neoliberalism or casino capitalism.  For instance, the Occupy Wall Street Movement and the Quebec Protest Movement are demonstrating against such assaults while simultaneously attempting to educate a larger public about the degree to which American and Canadian public spheres, institutions, and values have been hijacked by a culture of spectacular and unrelenting violence—largely directed against youthful protesters and those marginalized by class and race, who increasingly have become the targets of ruthless forms of state-sanctioned punishment.

Put into historical context, we can see that collective insurance policies and social protections in the United States, in particular, have over time given way to the forces of economic privatization, commodification, deregulation, and hyper individualism now driving the ongoing assault on democratic public spheres, public goods, and any viable notion of equality and social justice. At least since the 1980s, the American public has witnessed the transformation of the welfare state by punitive workfare programs, the privatization of public goods and spaces, and a hollow appeal to individual responsibility and self-interest as a substitute for civic responsibility and democratic engagement. Embracing the notion that market-driven values and relations should shape every domain of human life, a business-centered model of governance has eviscerated any viable notion of the public values and interests, while insidiously criminalizing social problems and cutting back on basic social services, especially for young people, the poor, minorities, immigrants, and the elderly. As young people and others organize to protest economic injustice and massive inequality, along with drastic cuts to education, workers benefits and pensions, and public services, the state has responded with the use of  injurious violence, while the mainstream media has issued insults rather than informed dialogue, critical engagement, and suggestions for meaningful reform. Indeed, it appears the United States has entered a new historical era when policy decisions not only translate into an intentional, systemic disinvestment in public institutions and the breakdown of those public spheres that traditionally provided the minimal conditions for social justice and democratic expression, but are also merging with state-sanctioned violence and the use of mass force against the state’s own citizenry. I am not referring to the violence now sweeping the United States in the form of the lone, crazed gunman shooting innocent victims in colleges, malls, and movie theaters. As horrifying as this violence is, it does not fully equate with the systemic violence now waged by the state on both the domestic and foreign fronts.

On the domestic front, state violence in response to the Occupy movement in its first six months has been decisive and swift: “There have been at least 6705 arrests in over 112 different cities as of March 6, 2012.”  Similarly, in Montreal, Canada thousands of peaceful protests have been arrested while protesting tuition increases, increasing debt burdens, and other assaults on young people and the social state. What does it mean as young people make diverse claims on the promise of a radical democracy and articulate their vision of a fair and just world that they are increasingly met with forms of physical, ideological, and structural violence? Abandoned by the existing political system, young people are placing their bodies on the line, occupying shrinking public spaces in a symbolic gesture that also deploys concrete measures demanding their presence be recognized when their voices are no longer being heard. They have, for the most part, protested peacefully while trying to produce a new language, political culture, public institutions, and a “community that manifests the values of equality and mutual respect that they see missing in a world that is structured by neoliberal principles.”  Young people are organizing in opposition to the structural violence of the state while also attempting to reclaim the discourse of the common good, social justice, and economic equality. Rejecting the notion that democracy and markets are the same or that capitalism is the only ideological and economic system that can speak in the name of democracy, youth movements are calling for an end to poverty, the suppression of dissent, the permanent warfare state, and the corporate control of the commanding institutions of politics and culture.

Many of us have been inspired by the hope for a better future that these young people represent for the nation as a whole. Yet, of utmost concern is the backlash the protesters have faced for exercising their democratic rights. Surely, what must be addressed by anyone with a stake in safeguarding what little remains of U.S. democracy is the immediate threat that an emerging police state poses not just to the young protesters occupying a number of North American cities but to the promise of a real democracy. This threat to the possibility of a democratic social order only increases with the ascendancy of a war-like mentality and neoliberal modes of discipline and education which make it that much more difficult to imagine, let alone enact, communal obligation, social responsibility, and civic engagement.  Unless the actions of young protesters, however diverse they may be, are understood as a robust form of civic courage commensurate with a vital democracy, it will be difficult for the American public to resist an increase in state violence and the framing of protests, dissent, and civic responsibility as un-American or, even worse, a species of criminal behavior.

Stuart Hall suggests that the current historical moment, or what he calls the “long march of the Neoliberal Revolution,” has to be understood in terms of the varied forms of violence that it deploys and reinforces. Such anti-democratic pressures and their provocation of the protests of young people in the United States and abroad have deepened an escalating crisis symptomatic of what Alex Honneth has termed the “failed sociality” characteristic of neoliberal states. In turn, state and corporate media-fueled perceptions of such a crisis have been used to stimulate fear and justify the creeping expansion of a militarized and armed state as the enforcer of neoliberal policies amid growing public dissent. Police violence against young people must therefore be situated within a broader set of categories that enables a critical understanding of the underlying social, economic, and political forces at work in such assaults. That is, in order to adequately address state-sponsored violence against young people, one should consider the larger context of the devolution of the social state and the corresponding rise of the warfare state. The notion of historical conjuncture—or a parallel set of forces coalescing at one moment in time—is important here because it provides both an opening into the factors shaping a particular historical moment and it allows for a merging of theory and strategy in our understanding of the conditions with which we are now faced. In this case, it helps us to address theoretically how youth protests are largely related to a historically specific neoliberal project that promotes vast inequalities in income and wealth, creates the student loan debt bomb, eliminates much needed social programs, eviscerates the social wage, and privileges profits and commodities over people.

Within the United States and Canada, the often violent response to non-violent forms of youth protest must also be analyzed within the framework of a mammoth military-industrial state and its commitment to extending violence and war through the entire society. As the late philosopher Tony Judt put it, “The United States is becoming not just a militarized state but a military society:  a country where armed power is the measure of national greatness, and war, or planning for war, is the exemplary (and only) common project.”  The blending of the military-industrial complex with state interests and unbridled corporate power points to the need for strategies that address what is specific about the current neoliberal project and  how different modes of power, social relations, public pedagogies, and economic configurations come together to shape its politics. Such considerations provide theoretical openings for making the practices of the warfare state and the neoliberal revolution visible in order “to give the resistance to its onward march, content, and focus, a cutting edge.” It also points to the conceptual value of making clear that history remains an open horizon that cannot be dismissed through appeals to the end of history or end of ideology.  It is precisely through the indeterminate nature of history that resistance becomes possible.

While there is always hope because a democratic political project refuses any guarantees, most Americans today are driven by shared fears, stoked to a great extent by media-induced hysteria. Corporations stand ready to supply a culture of fear with security and surveillance technologies that, far from providing greater public safety, do little more than ensure the ongoing militarization of the entire society, including the popular media and the cultural apparatuses that shape everyday life. Images abound in the mainstream media of such abuses. There is the now famous image of an 84-year-old woman looking straight into a camera after attending a protest rally, her face drenched in a liquid spray used by the police. There is the image of the 19-year-old pregnant woman being carried to safety after being pepper-sprayed by the police. There are the now all-too-familiar images of young people being dragged by their hair across a street to a waiting police van. In some cases, protesters have been seriously hurt. Scott Olsen, an Iraq war veteran, was critically injured in a protest in Oakland in October 2011. On March 17, 2012, young protesters attempting to re-establish an Occupy camp at Zuccotti Park in New York were confronted by excessive police violence. The Guardian reported that over 73 people were arrested in one day and that “A woman suffered a seizure while handcuffed on a sidewalk, another protester was thrown into a glass door by police officers before being handcuffed, and a young woman said she was choked and dragged by her hair….Witnesses claimed police punched one protester several times in the head while he was subdued by at least four officers.”  Another protester claimed the police broke his thumb and injured his jaw. Such stories have become commonplace in recent years, and so many are startling reminders of the violence used against civil rights demonstrators by the forces of Jim Crow in the fifties and sixties.

These stories are also indicative that a pervasive use of violence and the celebration of war-like values are no longer restricted to a particular military ideology, but have become normalized through the entire society.  As Michael Geyer points out, militarization in this sense is defined as “the contradictory and tense social process in which civil society organizes itself for the production of violence.” The war on terror has become a war on democracy, as police departments and baton-wielding cops across the 
nation are now being supplied with the latest military equipment and technologies imported straight from the battlefields of Iraq and Afghanistan. Procuring drones, machine-gun-equipped armored trucks, SWAT vehicles, “digital communications equipment and Kevlar helmets, like those used by soldiers used in foreign wars,” is justified through reference to the domestic war against “terrorists” (code for young protesters) and provides new opportunities for major defense contractors and corporations to become ever “more a part of our domestic lives.” As Glenn Greenwald confirms, the United States since 9/11 “has aggressively paramilitarized the nation’s domestic police forces by lavishing them with countless military-style weapons and other war-like technologies, training them in war-zone military tactics, and generally imposing a war mentality on them. Arming domestic police forces with paramilitary weaponry will ensure their systematic use even in the absence of a terrorist attack on U.S. soil; they will simply find other, increasingly permissive uses for those weapons.”

With the growth of a new militarized state, it should come as little surprise that “by age 23, almost a third of Americans are arrested for a crime.”  In a society that has few qualms with viewing its young people as predators, a threat to corporate governance, and a disposable population, the violent acts inflicted on youth by a punishing state will no doubt multiply with impunity. Domestic paramilitary forces will certainly undermine free speech and dissent with the threat of force, while also potentially violating core civil liberties and human rights. In other words, the prevailing move in American society toward permanent war status sets the stage for the acceptance of a set of unifying symbols rooted in a survival-of-the-fittest ethic that promotes conformity over dissent, the strong over the weak, and fear over civic responsibility. With the emergence of a militarized society, “the range of acceptable opinion inevitably shrinks,” as violence becomes the first and most important element of power and a mediating force in shaping all social relationships.

The grave reality is that violence saturates almost every aspect of North American culture. Domestically, violence weaves through the cultural and social landscape like a highly charged electric current burning everything in its path. Popular culture has become a breeding ground for a form of brutal masculine authority and the celebration of violence it incorporates has become the new norm in America. Representations of violence dominate the media and too often parade before viewers less as an object of critique than as a for-profit spectacle and heightened source of pleasure. As much as any form of governance seeks compliance among the governed, the permanent war state uses modes of public pedagogy—practices of pedagogical persuasion—to address, enlist, and construct subjects willing to abide by its values, ideology, and narratives of fear and violence. Legitimation in the United States is largely provided through a market-driven culture addicted to consumerism, militarism, and spectacles of organized violence. Circulated through various registers of popular culture, cruelty and violence imbue the worlds of high fashion and Hollywood movies, reality TV, extreme sports, video games, and around-the-clock news media. The American public is bombarded by an unprecedented “huge volume of exposure to… images of human suffering.” As Zygmunt Bauman argues, “the sheer numbers and monotony of images may have a ‘wearing off’ impact [and] to stave off the ‘viewing fatigue,’ they must be increasingly gory, shocking, and otherwise ‘inventive’ to arouse any sentiments at all or indeed draw attention. The level of ‘familiar’ violence, below which the cruelty of cruel acts escapes attention, is constantly rising.”

When an increasing volume of violence is pumped into the culture as fodder for sports, entertainment, news media, and other pleasure-seeking outlets, yesterday’s spine-chilling and nerve-wrenching violence loses its shock value. One consequence is that today’s audiences exhibit more than mere desensitization or indifference to violence. They are not merely passive consumers, but instead demand prurient images of violence in a way that fuels their increasing production. Spectacularized violence is now unmoored from moral considerations or social costs. It now resides, if not thrives, in a diverse commercially infused set of cultural apparatuses that offers up violence as a commodity with the most attractive and enjoyable pleasure quotient. Representations of torture, murder, sadism, and human suffering have become the stuff of pure entertainment, offering a debased outlet for experiencing intense pleasure and the thrill of a depoliticized and socially irresponsible voyeurism.  The consuming subject is now educated to take intense pleasure in watching—if not also participating as agents of death—in spectacles of cruelty and barbarism. After all, assuming the role of a first shooter in the age of video game barbarism has become an unquestioned badge of both pleasure and dexterity, leading potentially to an eventual employment by the Defense Department to operate Drone aircraft in the video saturated bunkers of death in some suburban west coast town.  Seemingly unconstrained by a moral compass based on a respect for human and non-human life, U.S. culture is increasingly shaped by a disturbing collective desire for intense excitement and a never-ending flood of heightened sensations.

Although challenging to ascertain precisely how and why the collective culture continues to plummet to new depths of depravity, it is far less difficult to identify the range of horrific outcomes and social costs that come with this immersion in a culture of staged violence. When previously unfamiliar forms of violence, such as extreme images of torture and death, become banally familiar, the violence that occurs daily becomes barely recognizable relegated to the realm of the unnoticed and unnoticeable. Hyper-violence and spectacular representations of cruelty disrupt and block our ability to respond politically and ethically to the violence as it is actually happening on the ground.  How else to explain the public indifference to the violence waged by the state against non-violent youthful protesters who are rebelling against a society in which they have been excluded from any claim on hope, prosperity, equality, and justice? Cruelty has saturated everyday life when young people, once the objects of compassion and social protections, are treated as either consumers and commodities, on the one hand, or suspects and criminals on the other.

Disregard for young people and a growing taste for violence can also be seen in policies that sanction the modeling of public schools after prisons. We see the criminalization of disadvantaged youth, instead of the social conditions which they are forced to endure. Behaviors that were once handled by teachers, guidance counselors, and school administrators are now dealt with by the police and the criminal justice system. The consequences have been disastrous for young people. Not only do schools take on the technologies and culture of prisons and engage in punishment creep, but young children are being arrested and put on trial for behaviors that can only be called trivial. There was the case of the 5-year-old girl in Florida who was put in handcuffs and taken to the local jail because she had a temper tantrum; or the 13-year-old girl in a Maryland school who was arrested for refusing to say the pledge of allegiance. Alexa Gonzales in New York was another student arrested by police—for doodling on her desk. There is more at work in these cases than stupidity and a flight from responsibility on the part of educators, parents, law enforcement officers, and politicians who maintain these policies. Clearly, embedded in these actions is also the sentiment that young people constitute a threat to adults, and that the only way to deal with them is to subject them to mind-crushing punishment. Students being miseducated, criminalized, and subjected to forms of penal pedagogy in prison-type schools provide a grim reminder of the degree to which the ethos of containment and punishment now creeps into spheres of everyday life that were once largely immune from this type of official violence.

Governing-through-crime policies also remind us that we live in an era that breaks young people, corrupts the notion of justice, and saturates the minute details of everyday life with the threat if not yet the reality of violence. A return to violent spectacles and other medieval types of punishment inflict pain on both the psyches and the bodies of young people. Equally disturbing is how law-and-order policies and practices in the United States appear to take their cue from a past era of slavery. Studies have shown that “Arrests and police interactions… disproportionately affect low-income schools with large African-American and Latino populations,” paving the way for these youth to move almost effortlessly through what has been called the school-to-prison pipeline.  Sadly, the next step one envisions for such a society is a reality TV franchise in which millions tune in to watch young kids being handcuffed, arrested, tried in the courts, and sent to juvenile detention centers.  This is not merely barbarism parading as reform—it is also a blatant indicator of the degree to which sadism and the infatuation with violence have become normalized in a society that seems to take delight in dehumanizing itself.

The prevalence of institutionalized violence in American society and other parts of the world suggests the need for a new conversation and politics that address what a just and fair world looks like. Young people and others marginalized by class, race, and ethnicity appear to have been abandoned as American society’s claim on democracy gives way to the forces of militarism, market fundamentalism, and state terrorism. Until educators, intellectuals, academics, young people, and other concerned citizens address how a physics and metaphysics of war and violence have taken hold on American society and the savage social costs they have exacted, the forms of social, political, and economic violence that young people are currently protesting against as well as the violence waged in response to their protests will become impossible to recognize and act on. The American public needs to make visible and critically engage the underlying ideological, political, educational, and economic forces that embrace violence as both a commodity, spectacle, and mode of governing.  Such an approach would address the necessity of understanding the emerging pathology of violence not just through a discourse of fear or isolated spectacles, but through policies that effectively implement the wider social, economic, and political reforms necessary to curb the culture of violence and the institutions that are sustained by it.  There is a cult of violence in America and it is reinforced by a type of collective ignorance spread endlessly by special interests such as the National Rifle Association, politicians wedded to the largess of the military-industrial complex, and national entertainment-corporate complex that both employs violence and uses it to refigure the meaning of news, entertainment, and the stories America tells itself about its national identity and sense of destiny.  Violence is not something to be simply criminalized by extending the reach of the criminal justice system to the regime of criminals that now run the most powerful financial services and industries. It must be also understood as part of a politics of distraction, a poisonous public pedagogy that depoliticizes as much as it entertains and corrupts.  That is, it must be addressed as a political issue that within the current historical moment is both deployed by the neoliberal state against young people, and employed as part of the reconfiguration or transformation of the social state into the punishing state. At the heart of this transformation is the emergence of new form of corporate sovereignty, a more intense form of state violence, a ruthless survival of the fittest ethic used to legitimate the concentrated power of the rich, and a concerted effort to punish young people who are out of step with neoliberal ideology, values, and modes of governance.  Of course, these anti-democratic tendencies represent more than a threat to young people, they also put in peril all of those individuals, groups, public spheres, and institutions now considered disposable because that are at odds with a world run by bankers, the financial elite, and the rich.  Only a well-organized movement of young people, educators, workers,  parents, religious groups, and other concerned citizens will be capable of changing the power relations and vast economic inequalities that have generated what has become a country in which it is almost impossible to recognize the ideals of a real democracy.

Henry A. Giroux holds the Global TV Network chair in English and Cultural Studies at McMaster University in Canada. His most recent books include: “Take Back Higher Education” (co-authored with Susan Searls Giroux, 2006), “The University in Chains: Confronting the Military-Industrial-Academic Complex” (2007) and “Against the Terror of Neoliberalism: Politics Beyond the Age of Greed” (2008). His latest book is Twilight of the Social: Resurgent Publics in the Age of Disposability,” (Paradigm.)

Post Normal Science: Deadlines (Climate Etc.)

Posted on August 3, 2012

by Steven Mosher

Science has changed. More precisely, in post normal conditions the behavior of people doing science has changed.

Ravetz describes a post normal situation by the following criteria:

  1. Facts are uncertain
  2. Values are in conflict
  3. Stakes are high
  4. Immediate action is required

The difference between Kuhnian normal science, or the behavior of those doing science under normal conditions, and post normal science is best illustrated by example. We can use the recent discovery of the Higgs Boson as an example. Facts were uncertain–they always are to a degree; no values were in conflict; the stakes were not high; and, immediate action was not required. What we see in that situation is those doing science acting as we expect them to, according to our vague ideal of science. Because facts are uncertain, they listen to various conflicting theories. They try to put those theories to a test. They face a shared uncertainity and in good faith accept the questions and doubts of others interested in the same field. Their participation in politics is limited to asking for money. Because values are not in conflict no theorist takes the time to investigate his opponent’s views on evolution or smoking or taxation. Because the field of personal values is never in play, personal attacks are minimized. Personal pride may be at stake, but values rarely are. The stakes for humanity in the discovery of the Higgs are low: at least no one argues that our future depends upon the outcome. No scientist straps himself to the collider and demands that it be shut down. And finally, immediate action is not required; under no theory is the settling of the uncertainty so important as to rush the result. In normal science, according to Kuhn,  we can view the behavior of those doing science as puzzle solving. The details of a paradigm are filled out slowly and deliberately.

The situation in climate science are close to the polar opposite of this. That does not mean and should not be construed as a criticism of climate science or its claims. The simple point is this: in a PNS situation, the behavior of those doing science changes. To be sure much of their behavior remains the same. They formulate theories; they collect data, and they test their theories against the data. They don’t stop doing what we notional  describe as science. But, as foreshadowed above in the description of how high energy particle physicists behave, one can see how that behavior changes in a PNS situation. There is uncertainty, but the good faith that exists in normal science, the faith that other people are asking questions because they actually want the answer is gone. Asking questions, raising doubts, asking to see proof becomes suspect in and of itself. And those doing science are faced with a question that science cannot answer: Does this person really want the answer or are they amerchant of doubt? Such a question never gets asked in normal science. Normal science doesn’t ask this question because science cannot answer it.

Because values are in conflict the behavior of those doing science changes. In normal science no one would care if Higgs was a Christian or an atheist. No one would care if he voted liberal or conservative; but because two different value systems are in conflict in climate science, the behavior of those doing science changes. They investigate each other. They question motives. They form tribes.  And because the stakes are high the behavior of those doing science changes as well. They protest; they take money from lobby groups on both sides and worse of all they perform horrendous raps on youTube. In short, they become human; while those around them canonize them or demonize them and their findings become iconized or branded as hoaxes.

This brings us to the last aspect of a PNS situation: immediate action is required. This perhaps is the most contentious aspect of PNS, in fact I would argue it is thedefining characteristic. In all PNS situations it is almost always the case the one side sees the need for action, given the truth of their theory, while the doubtersmust of necessity see no need for immediate action. They must see no need for immediate action because their values are at risk and because the stakes are high. Another way to put this is as follows. When you are in a PNS situation, all sides must deny it. Those demanding immediate action, deny it by claiming more certainty*than is present; those refusing immediate action, do so by increasing demands for certainty. This leads to a centralization and valorization of the topic of uncertainty, and epistemology becomes a topic of discussion for those doing science. That is decidedly not normal science.

The demand for immediate action, however, is broader than simply a demand that society changes. In a PNS situation the behavior of those doing science changes. One of the clearest signs that you are in PNS is the change in behavior around deadlines. Normal science has no deadline. In normal science, the puzzle is solved when it is solved. In normal science there may be a deadline to shut down the collider for maintenance. Nobody rushes the report to keep the collider running longer than it should. And if a good result is found, the schedules can be changed to accommodate the scienceBroadly speaking, science drives the schedule; the schedule doesn’t drive the science.

The climategate mails are instructive here. As one reads through the mails it’s clear that the behavior of those doing science is not what one would call disinterested patient puzzle solving. Human beings acting in a situation where values are in conflict and stakes are high will engage in behavior that they might not otherwise. Those changes are most evident in situations surrounding deadlines. The point here is not to rehash The Crutape Lettersbut rather to relook at one incident ( there are others, notably around congressional hearings ) where deadlines came into play. The deadline in question was the deadline for submitting papers for consideration. As covered in The Crutape Letters and in The Hockeystick Illusion, the actions taken by those doing science around the“Jesus Paper” is instructive. In fact, were I to rewrite the Crutape letters I would do it from the perspective of PNS, focusing on how the behavior of those doing science deviated from the ideals of openness, transparency and letting truth come on its own good time.

Climategate is about FOIA. There were two critical paths for FOIA: one sought data, the other sought the emails of scientists. Not quite normal. Not normal in that data is usually shared; not normal in that we normally respect the privacy of those doing science. But this is PNS, and all bets are off. Values and practices from other fields, such as business and government,  are imported into the culture of science: Data hoarding is defended using IP and confidentiality agreements. Demanding private mail is defended using values imported from performing business for the public. In short, one sign that a science is post normal, is the attempt to import values and procedures from related disciplines. Put another way, PNS poses the question of governance. Who runs science and how should they run it.

The “Jesus paper” in a nutshell can be explained as follows. McIntyre and McKittrick had a paper published in the beginning of 2005. That paper needed to be rebutted in order to make Briffa’s job of writing chapter 6 easier. However, there was a deadline in play. Papers had to be accepted by a date certain. At one point Steven Schneider suggested the creation of a new category, a novelty–  provisionally accepted — so that the “jesus paper” could make the deadline. McIntyre covers the issue here. One need not re-adjudicate whether or not the IPCC rules were broken. And further these rules have nothing whatsoever ever to do with the truth of the claims in that paper. This is not about the truth of the science. What is important is the importation of the concept of a deadline into the search for truth. What is important is that the behavior of those doing science changes. Truth suddenly cares about a date. Immediate action is required. In this case immediate action is taken to see to it that the paper makes it into the chapter. Normal science takes no notice of deadlines. In PNS, deadlines matter.

Last week we saw another example of deadlines and high stakes changing the behavior of those doing science. The backstory here explains .   It appears to me that the behavior of those involved changed from what I have known it to be. It changed because they perceived that immediate action was required. A deadline had to be met. Again, as with the Jesus paper, the facts surrounding the releasedo not go to the truth of the claims. In normal science, a rushed claimed might very well get the same treatment as an unrushed claim: It will be evaluated on its merits. In PNS, either the rush to meet an IPCC deadline– as in the case of the Jesus paper, or the rush to be ready for congress –as in the Watts case, is enoughfor some doubt the science.  What has been testified to in Congress by Christy, a co author, may very well be true. But in this high stakes arena, where facts are uncertain and values are in conflict, the behavior of those doing science can and does change. Not all their behavior changes. They still observe and test and report. But the manner in which they do that changes. Results are rushed and data is held in secret. Deadlines change everything. Normal science doesn’t operate this way; if it does, quality can suffer. And yet, the demand for more certainty than is needed, the bad faith game of delaying action by asking questions, precludes a naïve return to science without deadlines.

The solution that Ravetz suggests is extended peer review and a recognition of the importance of quality. In truth, the way out of a PNS situation is not that simple. The first step out of a PNS situation is the recognition that one is in the situation to begin with. Today, few people embroiled in this debate would admit that the situation has changed how they would normally behave. An admission that this isn’t working is a cultural crisis for science. No one has the standing to describe how one should conduct science in a PNS situation. No one has the standing to chart the path out of a PNS situation. The best we can do is describe what we see. Today, I observe that deadlines change the behavior of those doing science. We see that in climategate; we see that in the events of the past week. That’s doesn’t entail anything about the truth of science performed under pressure. But it should make us pause and consider if truth will be found any faster by rushing the results and hiding the data.

*I circulated a copy of this to Michael Tobis to get his reaction. MT took issue with this characterization. MT, I believe, originated the argument that our uncertainty is a reason for action. It is true that while the certainty about the science  has been a the dominant piece of the rhetoric, there has been a second thread of rhetoric that bases action in the uncertainty about sensitivity. I would call this certainty shifting. While the uncertainty about facts of sensitivity are accepted in this path of argument the certainty is shifted to certainty about values and certainty about impacts. In short, the argument becomes that while we are uncertain about sensitivity the certainty we have about large impacts and trans-generational obligations necessitates action.

Scientists struggle with limits – and risks – of advocacy (eenews.net)

Monday, July 9, 2012

Paul Voosen, E&E reporter

Jon Krosnick has seen the frustration etched into the faces of climate scientists.

For 15 years, Krosnick has charted the rising public belief in global warming. Yet, as the field’s implications became clearer, action has remained elusive. Science seemed to hit the limits of its influence. It is a result that has prompted some researchers to cross their world’s no man’s land — from advice to activism.

As Krosnick has watched climate scientists call for government action, he began pondering a recent small dip in the public’s belief. And he wondered: Could researchers’ move into the political world be undermining their scientific message?

Jon Krosnick
Stanford’s Jon Krosnick has been studying the public’s belief in climate change for 15 years, but only recently did he decide to probe their reaction to scientists’ advocacy. Photo courtesy of Jon Krosnick.

“What if a message involves two different topics, one trustworthy and one not trustworthy?” said Krosnick, a communication and psychology professor at Stanford University. “Can the general public detect crossing that line?”

His results, not yet published, would seem to say they can.

Using a national survey, Krosnick has found that, among low-income and low-education respondents, climate scientists suffered damage to their trustworthiness and credibility when they veered from describing science into calling viewers to ask the government to halt global warming. And not only did trust in the messenger fall — even the viewers’ belief in the reality of human-caused warming dropped steeply.

It is a warning that, even as the frustration of inaction mounts and the politicization of climate science deepens, researchers must be careful in getting off the political sidelines.

“The advice that comes out of this work is that all of us, when we claim to have expertise and offer opinions on matters [in the world], need to be guarded about how far we’re willing to go,” Krosnick said. Speculation, he added, “could compromise everything.”

Krosnick’s survey is just the latest social science revelation that has reordered how natural scientists understand their role in the world. Many of these lessons have stemmed from the public’s and politicians’ reactions to climate change, which has provided a case study of how science communication works and doesn’t work. Complexity, these researchers have found, does not stop at their discipline’s verge.

For decades, most members of the natural sciences held a simple belief that the public stood lost, holding out empty mental buckets for researchers to fill with knowledge, if they could only get through to them. But, it turns out, not only are those buckets already full with a mix of ideology and cultural belief, but it is incredibly fraught, and perhaps ineffective, for scientists to suggest where those contents should be tossed.

It’s been a difficult lesson for researchers.

“Many of us have been saddened that the world has done so little about it,” said Richard Somerville, a meteorologist at the Scripps Institution of Oceanography and former author of the United Nations’ authoritative report on climate change.

“A lot of physical climate scientists, myself included, have in the past not been knowledgeable about what the social sciences have been saying,” he added. “People who know a lot about the science of communication … [are] on board now. But we just don’t see that reflected in the policy process.”

While not as outspoken as NASA’s James Hansen, who has taken a high-profile moral stand alongside groups like 350.org and Greenpeace, Somerville has been a leader in bringing scientists together to call for greenhouse gas reductions. He helped organize the 2007 Bali declaration, a pointed letter from more than 200 scientists urging negotiators to limit global CO2 levels well below 450 parts per million.

Such declarations, in the end, have done little, Somerville said.

“If you look at the effect this has had on the policy process, it is very, very small,” he said.

This failed influence has spurred scientists like Somerville to partner closely with social scientists, seeking to understand why their message has failed. It is an effort that received a seal of approval this spring, when the National Academy of Sciences, the nation’s premier research body, hosted a two-day meeting on the science of science communication. Many of those sessions pivoted on public views of climate change.

It’s a discussion that’s been long overdue. When it comes to how the public learns about expert opinions, assumptions mostly rule in the sciences, said Dan Kahan, a professor of law and psychology at Yale Law School.

“Scientists are filled with conjectures that are plausible about how people make sense about information,” Kahan said, “only some fraction of which [are] correct.”

Shifting dynamic

Krosnick’s work began with a simple, hypothetical scene: NASA’s Hansen, whose scientific work on climate change is widely respected, walks into the Oval Office.

As he has since the 1980s, Hansen rattles off the inconvertible, ever-increasing evidence of human-caused climate change. It’s a stunning litany, authoritative in scope, and one the fictional president — be it a Bush or an Obama — must judge against Hansen’s scientific credentials, backed by publications and institutions of the highest order. If Hansen stops there, one might think, the case is made.

But he doesn’t stop. Hansen continues, arguing, as a citizen, for an immediate carbon tax.

“Whoa, there!” Krosnick’s president might think. “He’s crossed into my domain, and he’s out of touch with how policy works.” And if Hansen is willing to offer opinions where he lacks expertise, the president starts to wonder: “Can I trust any of his work?”

Richard Somerville
Part of Scripps’ legendary climate team — Charles David Keeling was an early mentor — Richard Somerville helped organize the 2007 Bali declaration by climate scientists, calling for government action on CO2 emissions. Photo by Sylvia Bal Somerville.

Researchers have studied the process of persuasion for 50 years, Krosnick said. Over that time, a few vital truths have emerged, including that trust in a source matters. But looking back over past work, Krosnick found no answer to this question. The treatment was simplistic. Messengers were either trustworthy or not. No one had considered the case of two messages, one trusted and one shaky, from the same person.

The advocacy of climate scientists provided an excellent path into this shifting dynamic.

Krosnick’s team hunted down video of climate scientists first discussing the science of climate change and then, in the same interview, calling for viewers to pressure the government to act on global warming. (Out of fears of bruised feelings, Krosnick won’t disclose the specific scientists cited.) They cut the video in two edits: one showing only the science, and one showing the science and then the call to arms.

Krosnick then showed a nationally representative sample of 793 Americans one of three videos: the science-only cut, the science and political cut, and a control video about baking meatloaf (The latter being closer to politics than Krosnick might admit). The viewers were then asked a series of questions both about their opinion of the scientist’s credibility and their overall beliefs on global warming.

For a cohort of 548 respondents who either had a household income under $50,000 or no more than a high school diploma, the results were stunning and statistically significant. Across the board, the move into politics undermined the science.

The viewers’ trust in the scientist dropped 16 percentage points, from 48 to 32 percent. Their belief in the scientist’s accuracy fell from 47 to 36 percent. Their overall trust in all scientists went from 60 to 52 percent. Their belief that government should “do a lot” to stop warming fell from 62 to 49 percent. And their belief that humans have caused climate change fell 14 percentage points, from 81 to 67 percent.

Krosnick is quick to note the study’s caveats. First, educated or wealthy viewers had no significant reaction to the political call and seemed able to parse the difference between science and a personal political view. The underlying reasons for the drop are far from clear, as well — it could simply be a function of climate change’s politicization. And far more testing needs to be done to see whether this applies in other contexts.

With further evidence, though, the implications could be widespread, Krosnick said.

“Is it the case that the principle might apply broadly?” he asked. “Absolutely.”

‘Fraught with misadventure’

Krosnick’s study is likely rigorous and useful — he is known for his careful methods — but it still carries with it a simple, possibly misleading frame, several scientists said.

Most of all, it remains hooked to a premise that words float straight from the scientist’s lips to the public’s ears. The idea that people learn from scientists at all or that they are simply misunderstanding scientific conclusions is not how reality works, Yale’s Kahan said.

“The thing that goes into the ear is fraught with misadventure,” he said.

Kahan has been at the forefront of charting how the empty-bucket theory of science communication — called the deficit model — fails. People interpret new information within the context of their own cultural beliefs, peers and politics. They use their reasoning to pick the evidence that supports their views, rather than the other way around. Indeed, recent work by Kahan found that higher-educated respondents were more likely to be polarized than their less-educated peers.

Krosnick’s study will surely spur new investigations, Kahan said, though he resisted definite remarks until he could see the final work. If the study’s conditions aren’t realistic, even a simple model can have “plenty of implications for all kinds of ways of which people become exposed to science,” he said.

The survey sits well with other research in the field and carries an implication about what role scientists should play in scientific debates, added Matthew Nisbet, a communication professor at American University.

“As soon as you start talking about a policy option, you’re presenting information that is potentially threatening to people’s values or identity,” he said. The public, he added, doesn’t “view scientists and scientific information in a vacuum.”

The deficit model has remained an enduring frame for scientists, many of whom are just becoming aware of social science work on the problem. Kahan compares it to the stages of grief. The first stage was that the truth just needs to be broadcast to change minds. The second, and one still influential in the scientific world, is that if the message is just simplified, the right images used, than the deficit will be filled.

“That too, I think, is a stage of misperception about how this works,” Kahan said.

Take the hand-wringing about science education that accompanied a recent poll finding that 46 percent of the United States believed in a creationist origin for humans. It’s a result that speaks to belief, not an understanding of evolution. Many surveyed who believed in evolution would still fail to explain natural selection, mutation or genetic variance, Kahan said, just as they don’t have to understand relativity to use their GPS.

Much of science doesn’t run up against the public’s belief systems and is accepted with little fuss. It’s not as if Louis Pasteur had to sell pasteurization by using slick images of children getting sick; for nearly all of society, it was simply a useful tool. People want to defer to the experts, as long as they don’t have to concede their beliefs on the way.

“People know what’s known without having a comprehension of why that’s the truth,” Kahan said.

There remains a danger in the emerging consensus that all scientific knowledge is filtered by the motivated reasoning of political and cultural ideology, Nisbet added. Not all people can be sorted by two, or even four, variables.

“In the new ideological deficit model, we tend to assume that failures in communication are caused by conservative media and conservative psychology,” he said. “The danger in this model is that we define the public in exclusively binary terms, as liberals versus conservatives, deniers versus believers.”

‘Crossing that line’

So why do climate scientists, more than most fields, cross the line into advocacy?

Most of all, it’s because their scientific work tells them the problem is so pressing, and time dependent, given the centuries-long life span of CO2 emissions, Somerville said.

“You get to the point where the emissions are large enough that you’ve run out of options,” he said. “You can no longer limit [it]. … We may be at that point already.”

There may also be less friction for scientists to suggest communal solutions to warming because, as Nisbet’s work has found, scientists tend to skew more liberal than the general population with more than 50 percent of one U.S. science society self-identifying as “liberal.” Given this outlook, they are more likely to accept efforts like cap and trade, a bill that, in implying a “cap” on activity, rubbed conservatives wrong.

Dan Kahan
A prolific law professor and psychologist at Yale, Dan Kahan has been charting how the public comes to, and understands, science. Photo courtesy of Dan Kahan.

“Not a lot of scientists would question if this is an effective policy,” Nisbet said.

It is not that scientists are unaware that they are moving into policy prescription, either. Most would intuitively know the line between their work and its political implications.

“I think many are aware when they’re crossing that line,” said Roger Pielke Jr., an environmental studies professor at the University of Colorado, Boulder, “but they’re not aware of the consequences [of] doing so.”

This willingness to cross into advocacy could also stem from the fact that it is the next logical skirmish. The battle for public opinion on the reality of human-driven climate change is already over, Pielke said, “and it’s been won … by the people calling for action.”

While there are slight fluctuations in public belief, in general a large majority of Americans side with what scientists say about the existence and causes of climate change. It’s not unanimous, he said, but it’s larger than the numbers who supported actions like the Montreal Protocol, the bank bailout or the Iraq War.

What has shifted has been its politicization: As more Republicans have begun to disbelieve global warming, Democrats have rallied to reinforce the science. And none of it is about the actual science, of course. It’s a fact Scripps’ Somerville now understands. It’s a code, speaking for fear of the policies that could happen if the science is accepted.

Doubters of warming don’t just hear the science. A policy is attached to it in their minds.

“Here’s a fact,” Pielke said. “And you have to change your entire lifestyle.”

For all the focus on how scientists talk to the public — whether Hansen has helped or hurt his cause — Yale’s Kahan ultimately thinks the discussion will mean very little. Ask most of the public who Hansen is, and they’ll mention something about the Muppets. It can be hard to accept, for scientists and journalists, but their efforts at communication are often of little consequence, he said.

“They’re not the primary source of information,” Kahan said.

‘A credible voice’

Like many of his peers, Somerville has suffered for his acts of advocacy.

“We all get hate email,” he said. “I’ve given congressional testimony and been denounced as an arrogant elitist hiding behind a discredited organization. Every time I’m on national news, I get a spike in ugly email. … I’ve received death threats.”

There are also pressures within the scientific community. As an elder statesman, Somerville does not have to worry about his career. But he tells young scientists to keep their heads down, working on technical papers. There is peer pressure to stay out of politics, a tension felt even by Somerville’s friend, the late Stephen Schneider, also at Stanford, who was long one of the country’s premier speakers on climate science.

He was publicly lauded, but many in the climate science community grumbled, Somerville said, that Schneider should “stop being a motormouth and start publishing technical papers.”

But there is a reason tradition has sustained the distinction between advising policymakers and picking solutions, one Krosnick’s work seems to ratify, said Michael Mann, a climatologist at Pennsylvania State University and a longtime target of climate contrarians.

“It is thoroughly appropriate, as a scientist, to discuss how our scientific understanding informs matters of policy, but … we should stop short of trying to prescribe policy,” Mann said. “This distinction is, in my view, absolutely critical.”

Somerville still supports the right of scientists to speak out as concerned citizens, as he has done, and as his friend, NASA’s Hansen, has done more stridently, protesting projects like the Keystone XL pipeline. As long as great care is taken to separate the facts from the political opinion, scientists should speak their minds.

“I don’t think being a scientist deprives you of the right to have a viewpoint,” he said.

Somerville often returns to a quote from the late Sherwood Rowland, a Nobel laureate from the University of California, Irvine, who discovered the threat chlorofluorocarbons posed to ozone: “What’s the use of having developed a science well enough to make predictions if, in the end, all we’re willing to do is stand around and wait for them to come true?”

Somerville asked Rowland several times whether the same held for global warming.

“Yes, absolutely,” he replied.

It’s an argument that Krosnick has heard from his own friends in climate science. But often this fine distinction gets lost in translation, as advocacy groups present the scientist’s personal message as the message of “science.” It’s luring to offer advice — Krosnick feels it himself when reporters call — but restraint may need to rule.

“In order to preserve a credible voice in public dialogue,” Krosnick said, “it might be that scientists such as myself need to restrain ourselves as speaking as public citizens.”

Broader efforts of communication, beyond scientists, could still mobilize the public, Nisbet said. Leave aside the third of the population who are in denial or alarmed about climate change, he said, and figure out how to make it relevant to the ambivalent middle.

“We have yet to really do that on climate change,” he said.

Somerville is continuing his efforts to improve communication from scientists. Another Bali declaration is unlikely, though. What he’d really like to do is get trusted messengers from different moral realms beyond science — leaders like the Dalai Lama — to speak repeatedly on climate change.

It’s all Somerville can do. It would be too painful to accept the other option, that climate change is like racism, war or poverty — problems the world has never abolished.

“[It] may well be that it is a problem that is too difficult for humanity to solve,” he said.

The Conversion of a Climate-Change Skeptic (N.Y.Times)

OP-ED CONTRIBUTOR

By RICHARD A. MULLER

Published: July 28, 2012

Berkeley, Calif.

CALL me a converted skeptic. Three years ago I identified problems in previous climate studies that, in my mind, threw doubt on the very existence of global warming. Last year, following an intensive research effort involving a dozen scientists, I concluded that global warming was real and that the prior estimates of the rate of warming were correct. I’m now going a step further: Humans are almost entirely the cause.

My total turnaround, in such a short time, is the result of careful and objective analysis by the Berkeley Earth Surface Temperature project, which I founded with my daughter Elizabeth. Our results show that the average temperature of the earth’s land has risen by two and a half degrees Fahrenheit over the past 250 years, including an increase of one and a half degrees over the most recent 50 years. Moreover, it appears likely that essentially all of this increase results from the human emission of greenhouse gases.

These findings are stronger than those of the Intergovernmental Panel on Climate Change, the United Nations group that defines the scientific and diplomatic consensus on global warming. In its 2007 report, the I.P.C.C. concluded only that most of the warming of the prior 50 years could be attributed to humans. It was possible, according to the I.P.C.C. consensus statement, that the warming before 1956 could be because of changes in solar activity, and that even a substantial part of the more recent warming could be natural.

Our Berkeley Earth approach used sophisticated statistical methods developed largely by our lead scientist, Robert Rohde, which allowed us to determine earth land temperature much further back in time. We carefully studied issues raised by skeptics: biases from urban heating (we duplicated our results using rural data alone), from data selection (prior groups selected fewer than 20 percent of the available temperature stations; we used virtually 100 percent), from poor station quality (we separately analyzed good stations and poor ones) and from human intervention and data adjustment (our work is completely automated and hands-off). In our papers we demonstrate that none of these potentially troublesome effects unduly biased our conclusions.

The historic temperature pattern we observed has abrupt dips that match the emissions of known explosive volcanic eruptions; the particulates from such events reflect sunlight, make for beautiful sunsets and cool the earth’s surface for a few years. There are small, rapid variations attributable to El Niño and other ocean currents such as the Gulf Stream; because of such oscillations, the “flattening” of the recent temperature rise that some people claim is not, in our view, statistically significant. What has caused the gradual but systematic rise of two and a half degrees? We tried fitting the shape to simple math functions (exponentials, polynomials), to solar activity and even to rising functions like world population. By far the best match was to the record of atmospheric carbon dioxide, measured from atmospheric samples and air trapped in polar ice.

Just as important, our record is long enough that we could search for the fingerprint of solar variability, based on the historical record of sunspots. That fingerprint is absent. Although the I.P.C.C. allowed for the possibility that variations in sunlight could have ended the “Little Ice Age,” a period of cooling from the 14th century to about 1850, our data argues strongly that the temperature rise of the past 250 years cannot be attributed to solar changes. This conclusion is, in retrospect, not too surprising; we’ve learned from satellite measurements that solar activity changes the brightness of the sun very little.

How definite is the attribution to humans? The carbon dioxide curve gives a better match than anything else we’ve tried. Its magnitude is consistent with the calculated greenhouse effect — extra warming from trapped heat radiation. These facts don’t prove causality and they shouldn’t end skepticism, but they raise the bar: to be considered seriously, an alternative explanation must match the data at least as well as carbon dioxide does. Adding methane, a second greenhouse gas, to our analysis doesn’t change the results. Moreover, our analysis does not depend on large, complex global climate models, the huge computer programs that are notorious for their hidden assumptions and adjustable parameters. Our result is based simply on the close agreement between the shape of the observed temperature rise and the known greenhouse gas increase.

It’s a scientist’s duty to be properly skeptical. I still find that much, if not most, of what is attributed to climate change is speculative, exaggerated or just plain wrong. I’ve analyzed some of the most alarmist claims, and my skepticism about them hasn’t changed.

Hurricane Katrina cannot be attributed to global warming. The number of hurricanes hitting the United States has been going down, not up; likewise for intense tornadoes. Polar bears aren’t dying from receding ice, and the Himalayan glaciers aren’t going to melt by 2035. And it’s possible that we are currently no warmer than we were a thousand years ago, during the “Medieval Warm Period” or “Medieval Optimum,” an interval of warm conditions known from historical records and indirect evidence like tree rings. And the recent warm spell in the United States happens to be more than offset by cooling elsewhere in the world, so its link to “global” warming is weaker than tenuous.

The careful analysis by our team is laid out in five scientific papers now online atBerkeleyEarth.org. That site also shows our chart of temperature from 1753 to the present, with its clear fingerprint of volcanoes and carbon dioxide, but containing no component that matches solar activity. Four of our papers have undergone extensive scrutiny by the scientific community, and the newest, a paper with the analysis of the human component, is now posted, along with the data and computer programs used. Such transparency is the heart of the scientific method; if you find our conclusions implausible, tell us of any errors of data or analysis.

What about the future? As carbon dioxide emissions increase, the temperature should continue to rise. I expect the rate of warming to proceed at a steady pace, about one and a half degrees over land in the next 50 years, less if the oceans are included. But if China continues its rapid economic growth (it has averaged 10 percent per year over the last 20 years) and its vast use of coal (it typically adds one new gigawatt per month), then that same warming could take place in less than 20 years.

Science is that narrow realm of knowledge that, in principle, is universally accepted. I embarked on this analysis to answer questions that, to my mind, had not been answered. I hope that the Berkeley Earth analysis will help settle the scientific debate regarding global warming and its human causes. Then comes the difficult part: agreeing across the political and diplomatic spectrum about what can and should be done.

Richard A. Muller, a professor of physics at the University of California, Berkeley, and a former MacArthur Foundation fellow, is the author, most recently, of “Energy for Future Presidents: The Science Behind the Headlines.”

*   *   *

Climate change study forces sceptical scientists to change minds (The Guardian)

Earth’s land shown to have warmed by 1.5C over past 250 years, with humans being almost entirely responsible

Leo Hickman
guardian.co.uk, Sunday 29 July 2012 14.03 BST

Prof Richard MullerProf Richard Muller considers himself a converted sceptic following the study’s surprise results. Photograph: Dan Tuffs for the Guardian

The Earth’s land has warmed by 1.5C over the past 250 years and “humans are almost entirely the cause”, according to a scientific study set up to address climate change sceptics’ concerns about whether human-induced global warming is occurring.

Prof Richard Muller, a physicist and climate change sceptic who founded the Berkeley Earth Surface Temperature (Best) project, said he was surprised by the findings. “We were not expecting this, but as scientists, it is our duty to let the evidence change our minds.” He added that he now considers himself a “converted sceptic” and his views had undergone a “total turnaround” in a short space of time.

“Our results show that the average temperature of the Earth’s land has risen by 2.5F over the past 250 years, including an increase of 1.5 degrees over the most recent 50 years. Moreover, it appears likely that essentially all of this increase results from the human emission of greenhouse gases,” Muller wrote in an opinion piece for the New York Times.

Can scientists in California end the war on climate change?
Study finds no grounds for climate sceptics’ concerns
Video: Berkeley Earth tracks climate change
Are climate sceptics more likely to be conspiracy theorists?

The team of scientists based at the University of California, Berkeley, gathered and merged a collection of 14.4m land temperature observations from 44,455 sites across the world dating back to 1753. Previous data sets created by Nasa, the US National Oceanic and Atmospheric Administration, and the Met Office and the University of East Anglia’s climate research unit only went back to the mid-1800s and used a fifth as many weather station records.

The funding for the project included $150,000 from the Charles G Koch Charitable Foundation, set up by the billionaire US coal magnate and key backer of the climate-sceptic Heartland Institute thinktank. The research also received $100,000 from the Fund for Innovative Climate and Energy Research, which was created by Bill Gates.

Unlike previous efforts, the temperature data from various sources was not homogenised by hand – a key criticism by climate sceptics. Instead, the statistical analysis was “completely automated to reduce human bias”. The Best team concluded that, despite their deeper analysis, their own findings closely matched the previous temperature reconstructions, “but with reduced uncertainty”.

Last October, the Best team published results that showed the average global land temperature has risen by about 1C since the mid-1950s. But the team did not look for possible fingerprints to explain this warming. The latest data analysis reached much further back in time but, crucially, also searched for the most likely cause of the rise by plotting the upward temperature curve against suspected “forcings”. It analysed the warming impact of solar activity – a popular theory among climate sceptics – but found that, over the past 250 years, the contribution of the sun has been “consistent with zero”. Volcanic eruptions were found to have caused short dips in the temperature rise in the period 1750–1850, but “only weak analogues” in the 20th century.

“Much to my surprise, by far the best match came to the record of atmospheric carbon dioxide, measured from atmospheric samples and air trapped in polar ice,” said Muller. “While this doesn’t prove that global warming is caused by human greenhouse gases, it is currently the best explanation we have found, and sets the bar for alternative explanations.”

Muller said his team’s findings went further and were stronger than the latest report published by the Intergovernmental Panel on ClimateChange.

In an unconventional move aimed at appeasing climate sceptics by allowing “full transparency”, the results have been publicly released before being peer reviewed by the Journal of Geophysical Research. All the data and analysis is now available to be freely scrutinised at the Bestwebsite. This follows the pattern of previous Best results, none of which have yet been published in peer-reviewed journals.

When the Best project was announced last year, the prominent climate sceptic blogger Anthony Watts was consulted on the methodology. He stated at the time: “I’m prepared to accept whatever result they produce, even if it proves my premise wrong.” However, tensions have since arisen between Watts and Muller.

Early indications suggest that climate sceptics are unlikely to fully accept Best’s latest results. Prof Judith Curry, a climatologist at the Georgia Institute of Technology who runs a blog popular with climate sceptics and who is a consulting member of the Best team, told the Guardian that the method used to attribute the warming to human emissions was “way over-simplistic and not at all convincing in my opinion”. She added: “I don’t think this question can be answered by the simple curve fitting used in this paper, and I don’t see that their paper adds anything to our understanding of the causes of the recent warming.”

Prof Michael Mann, the Penn State palaeoclimatologist who has faced hostility from climate sceptics for his famous “hockey stick” graph showing a rapid rise in temperatures during the 20th century, said he welcomed the Best results as they “demonstrated once again what scientists have known with some degree of certainty for nearly two decades”. He added: “I applaud Muller and his colleagues for acting as any good scientists would, following where their analyses led them, without regard for the possible political repercussions. They are certain to be attacked by the professional climate change denial crowd for their findings.”

Muller said his team’s analysis suggested there would be 1.5 degrees of warming over land in the next 50 years, but if China continues its rapid economic growth and its vast use of coal then that same warming could take place in less than 20 years.

“Science is that narrow realm of knowledge that, in principle, is universally accepted,” wrote Muller. “I embarked on this analysis to answer questions that, to my mind, had not been answered. I hope that the Berkeley Earth analysis will help settle the scientific debate regarding global warming and its human causes. Then comes the difficult part: agreeing across the political and diplomatic spectrum about what can and should be done.”

Climate Change and the Next U.S. Revolution (ZNet)

Thursday, July 26, 2012

The U.S. heat wave is slowly shaking the foundations of American politics. It may take years for the deep rumble to evolve into an above ground, institution-shattering earthquake, but U.S. society has changed for good.

The heat wave has helped convince tens of millions of Americans that climate change is real, overpowering the fake science and right-wing media – funded by corporate cash – to convince Americans otherwise.

Republicans and Democrats alike also erect roadblocks to understanding climate change. By the politicians’ complete lack of action towards addressing the issue, the “climate change is fake” movement was strengthened, since Americans presumed that any sane government would be actively trying to address an issue that had the potential to destroy civilization.

But working people have finally made up their mind. A recent poll showed that 70 percent of Americans now believe that climate change is real, up from 52 percent in 2010. And a growing number of people are recognizing that the warming of the planet is caused by human activity.

Business Week explains: “A record heat wave, drought and catastrophic wildfires are accomplishing what climate scientists could not: convincing a wide swath of Americans that global temperatures are rising.”

This means that working class families throughout the Midwest and southern states simply don’t believe what their media and politicians are telling them.

It also implies that these millions of Americans are being further politicized in a deeper sense.

Believing that climate change exists implies that you are somewhat aware about the massive consequences to humanity if the global economy doesn’t drastically change, and fast.

This awareness has revolutionary implications. As millions of Americans watch the environment destroyed – for their grandchildren or themselves – while politicians do absolutely nothing in response, or make tiny token gestures – a growing number of Americans will demand political alternatives, and fight to see them created. The American political system as it exists today cannot cope with this inevitable happening.

The New York Times explains why: “…the American political system is not ready to agree to a [climate] treaty that would force the United States, over time, to accept profound changes in its energy [coal, oil], transport [trucking and airline industry] and manufacturing [corporate] sectors.”

In short, the U.S. government will not force corporations to make less profit by behaving more eco-friendly. This is the essence of the problem.

In order for humanity to survive climate change, the economy must be radically transformed; massive investments must be made in renewable energy, public transportation, and recycling, while dirty energy sources must be quickly swept into the dustbin of history.

But the economy is currently owned by giant, privately run corporations, that will continue destroying the earth if it earns them huge profits, and they make massive “contributions” to political parties to ensure this remains so. It’s becoming increasingly obvious that government inaction on climate change is directly linked to the “special interests” of corporations that dominate these governments.

This fact of U.S. politics is present in every other capitalist country as well, which means that international agreements on reducing greenhouse gasses will remain impossible, as each country’s corporations vie for market domination, reducing pollution simply puts them at a competitive disadvantage.

This dynamic has already caused massive delays in the UN’s already inadequate efforts at addressing climate change. The Kyoto climate agreement was the by-product of years of cooperation and planning between many nations that included legally binding agreements to reduce greenhouse gasses. The Bush and Obama administrations helped destroy these efforts.

For example, Instead of building upon the foundation of the Kyoto Protocol, the Obama administration demanded a whole new structure, something that would take years to achieve. The Kyoto framework (itself insufficient) was abandoned because it included legally binding agreements, and was based on multilateral, agreed-upon reductions of greenhouse gasses.

In an article by the Guardian entitled “US Planning to Weaken Copenhagen Climate Deal,” the Obama administration’s UN position is exposed, as he dismisses the Kyoto Protocol by proposing that “…each country set its own rules and to decide unilaterally how to meet its target.”
Obama’s proposal came straight from the mouth of U.S. corporations, who wanted to ensure that there was zero accountability, zero oversight, zero climate progress, and therefore no dent to their profits. Instead of using its massive international leverage for climate justice, the U.S. has used it to promote divisiveness and inaction, to the potential detriment of billions of people globally.

The stakes are too high to hold out any hope that governments will act boldly. The Business Week article below explains the profound changes happening to the climate:

“The average temperature for the U.S. during June was 71.2 degrees Fahrenheit (21.7 Celsius), which is 2 degrees higher than the average for the 20th century, according to the National Oceanic and Atmospheric Administration. The June temperatures made the preceding 12 months the warmest since record-keeping began in 1895, the government agency said.”

Activists who are radicalized by this global problem face a crisis of what to do about it. It is difficult to put forth a positive climate change demand, since the problem is global.  Demanding that governments “act boldly” to address climate change hasn’t worked, and lesser demands seem inadequate.

The environmental rights movement continues to go through a variety of phases: individual and small group eco-“terrorism,” causing property damage to environmentally damaging companies; corporate campaigns that target especially bad polluters with high-profile direct action; and massive education programs that have been highly successful, but fall short when it comes to winning change.

Ultimately, climate activists must come face to face with political and corporate power. Corporate-owned governments are the ones with the power to adequately address the climate change issue, and they will not be swayed by good science, common sense, basic decency, or even a torched planet.

Those in power only respond to power, and the only power capable of displacing corporate power is when people unite and act collectively, as was done in Egypt, Tunisia, and is still developing throughout Europe.

Climate groups cannot view their issue as separate from other groups that are organizing against corporate power. The social movements that have emerged to battle austerity measures are natural allies, as are anti-war and labor activists. The climate solution will inevitably require revolutionary measures, which first requires that alliances and demands are put forward that unite Labor, working people in general, community, and student groups towards collective action.

One possible immediate demand is for environmental activists to unite with Labor groups over a federal jobs program, paid for by taxing the rich, that makes massive investments in jobs that are climate related, such as solar panel production, transportation, building recycling centers, home retro-fitting, etc.

Another demand could be to insist that the government convene the most knowledgeable scientists in the area of clean energy. These scientists should be given all the resources they need in order to collectively create alternative sources of clean energy that would allow for a realistic alternative to the current polluting and toxic sources of energy.

However, any type of immediate demand will meet giant corporate resistance from both political parties. Fighting for a uniting demand will thus strengthen the movement, and for this reason it is important to link climate solutions to the creation of jobs, which are the number one concern of most Americans. This unity will in turn lead allies toward a deeper understanding of the problem, and therefore deeper solutions will emerge that challenge the whole economic structure that is deaf to the needs of humans and the climate and sacrifices everything to the private profit of a few.

Shamus Cooke is a social service worker, trade unionist, and writer for Workers Action (www.workerscompass.org). He can be reached at shamuscooke@gmail.com

http://www.businessweek.com/news/2012-07-18/record-heat-wave-pushes-u-dot-s-dot-belief-in-climate-change-to-70-percent

http://www.nytimes.com/2009/12/13/weekinreview/13broder.html

http://www.guardian.co.uk/environment/2009/sep/15/europe-us-copenhagen

Ciência e cultura, o que elas têm em comum? (Jornal da Ciência)

JC e-mail 4549, de 27 de Julho de 2012.

A pergunta foi tema da mesa-redonda “Divulgação da Ciência e da Cultura”, realizada na 64ª Reunião Anual da Sociedade Brasileira para o Progresso da Ciência (SBPC), que termina hoje (27), em São Luís.

Para Ildeu de Castro Moreira, diretor de Popularização e Difusão da Ciência e Tecnologia do Ministério da Ciência, Tecnologia e Inovação (MCTI) e conselheiro da SBPC, o debate sobre a relação da ciência com a arte é muito importante porque são duas facetas fundamentais da cultura humana. “Ciência, arte e cultura têm em comum a criatividade inerente ao ser humano”, definiu. Ele explica que arte e ciência são atividades humanas e sociais baseadas na criatividade e curiosidade.

Físico e divulgador científico, Ildeu falou sobre o “imaginário científico presente na mente de artistas”, e explicou que a ciência também tem preocupação estética e guarda semelhanças com a arte. Para ele, há beleza nas teorias científicas. “Equações matemáticas e fórmulas físicas são lindas. Podem parecer chatas em sala de aula, mas contando com a ajuda do olhar de um artista é possível mostrar essa beleza. É preciso aprender a olhar a beleza da ciência, assim como temos que aprender a olhar muita coisa na arte contemporânea”, exemplifica.

Para Ildeu, as conexões entre ciência e arte são importantes para fazer a divulgação científica chegar mais facilmente ao público. Em sua exposição, ele mostrou manifestações artísticas que falam de ciência, dando exemplos de poesias, músicas, enredos de escolas de samba, ditos populares e cordel.

Público infantil – Em sua apresentação na mesa-redonda, Luisa Medeiros Massarani, jornalista e chefe do Museu da Vida da Fiocruz, no Rio de Janeiro, falou sobre iniciativas de divulgação científicas voltadas para o público infantil. “A experiência tem demonstrado uma grande receptividade das crianças, maior do que a de adultos e adolescentes. Principalmente devido à curiosidade da criança, que são consideradas como ‘cientistas naturais'”, explica.

Luisa falou sobre o crescimento de museus de ciências no País, que atualmente são cerca de 200, embora ainda estejam concentrados em algumas regiões. “Os museus têm apelo incrível para as crianças e são importantes também para o divulgador que vê na hora a reação da criança”, revela. Apesar de os museus terem grande parte do público formado por crianças, Luisa afirma que é preciso pensar em espaços específicos para elas, desde a redução do tamanho dos móveis até atividades interativas adequadas.

Ela defende que a criança deve ser encarada como ator social importante no processo de divulgação científica. “Falar de divulgação científica para criança não é falar de ciência unilateralmente, é preciso que a criança seja ator importante e protagonista do processo”, explica ao dizer que a experiência de uma feira de ciência, ou a visita a um museu fica na memória da criança e pode influenciar sua formação, além de provocar e despertar o interesse pela ciência.

A chefe do Museu da Vida citou exposições, livros e publicações voltadas para o público infantil. E destacou a importância de fazer avaliações junto às crianças depois dessas experiências, para saber qual caminho seguir.

Ildeu aproveitou para sugerir que artistas participem mais ativamente das reuniões da SBPC, não somente como um evento paralelo, como a SBPC Cultural, mas como integrantes de mesas e debates com os cientistas. A ideia é aproveitar o público da Reunião, que alcança 15, 20 mil pessoas para falar dessa relação.

(Jornal da Ciência)

Um novo bóson à vista (FAPESP)

Físicos do Cern descobriram nova partícula que parece ser o bóson de Higgs

MARCOS PIVETTA | Edição Online 19:46 4 de julho de 2012

Colisões de prótons nos quais se observa quatro elétrons de alta energia (linhas verdes e torres vermelhas). O evento mostra características esperadas do decaimento de um bóson de Higgs mas também é coerente com processos de fundo do modelo padrão

de Lindau (Alemanha)*

O maior laboratório do mundo pode ter encontrado a partícula que dá massa a todas as outras partículas, o tão procurado bóson de Higgs. Era a peça que faltava para completar um quebra-cabeça científico chamado modelo padrão, o arcabouço teórico formulado nas últimas décadas para explicar as partículas e forças presentes na matéria visível do Universo. Depois de analisarem trilhões de colisões de prótons produzidas em 2011 e em parte deste ano no Grande Acelerador de Hádrons (LHC), físicos dos dois maiores experimentos tocados de forma independente no Centro Europeu de Energia Nuclear (Cern) anunciaram nesta quarta-feira (4), nos arredores de Genebra (Suíça), a descoberta de uma nova partícula que tem quase todas as características do bóson de Higgs, embora ainda não possam assegurar com certeza de que se trata especificamente desse ou de algum outro tipo de bóson.

“Observamos em nossos dados sinais claros de uma nova partícula na região de massa em torno de 126 GeV (Giga-elétron-volts)”, disse a física Fabiola Gianotti, porta-voz do experimento Atlas. “Mas precisamos um pouco mais de tempo para prepararmos os resultados para publicação.” As informações provenientes de outro experimento feito no Cern, o CMS, são praticamente idênticas. “Os resultados são preliminares, mas os sinais que vemos em torno da região com massa de 125 GeV são dramáticos. É realmente uma nova partícula. Sabemos que deve ser um bóson e é o bóson mais pesado que achamos”, afirmou o porta-voz do experimento CMS, o físico Joe Incandela. Se tiver mesmo uma massa de 125 ou 126 GeV, a nova partícula será tão pesada quanto um átomo do elemento químico iodo.

Em ambos os casos experimentos, o grau de confiabilidade das análises estatísticas atingiu o nível que os cientistas chamam de 5 sigma. Nesses casos, a chance de erro é de uma em três milhões. Ou seja, com esse nível de certeza, é possível falar que houve uma descoberta, só não se conhece em detalhes a natureza da partícula encontrada. “É incrível que essa descoberta tenha acontecido durante a minha vida”, comenta Peter Higgs, o físico teórico britânico que, há 50 anos, ao lado de outros cientistas, previu a existência desse tipo de bóson. Ainda neste mês, um artigo com os dados do LHC deverá ser submetido a uma revista científica. Até o final do ano, quando acelerador será fechado para manutenção por ao menos um ano e meio, mais dados devem ser produzidos pelos dois experimentos.

“Estou rindo o dia todo”
Em Lindau, uma pequena cidade do sul da Alemanha à beira do lago Constance na divisa com a Áustria e a Suíça, onde ocorre nesta semana o 62º Encontro de Prêmios Nobel, os pesquisadores comemoraram a notícia vinda dos experimentos no Cern. Como o tema do encontro deste ano era física, não faltaram laureados com a maior honraria da ciência para comentar o feito. “Não sabemos se é o bóson (de Higgs), mas é um bóson”, disse o físico teórico David J. Gross, da Universidade de Califórnia, ganhador do Nobel de 2004 pela descoberta da liberdade assintótica. “Estou rindo o dia todo.” O físico experimental Carlo Rubia, ex-diretor geral do Cern e ganhador do Nobel de 1984 por trabalhos que levaram à identificação de dois tipos de bósons (o W e Z), foi na mesma linha de raciocínio. “Estamos diante de um marco”, afirmou.

Talvez com um entusiasmo um pouco menor, mas ainda assim reconhecendo a enorme importância do achado no Cern, dois outros Nobel deram sua opinião sobre a notícia do dia. “É algo que esperávamos há anos”, afirmou o físico teórico holandês Martinus Veltman, que recebeu o prêmio em 1999. “O modelo padrão ganhou um degrau maior de validade.” Para o cosmologista americano George Smoot, ganhador do Nobel de 2006 pela descoberta da radiação cósmica de fundo (uma relíquia do Big Bang, a explosão primordial que criou o Universo), ainda deve demorar uns dois ou três anos para os cientistas realmente saberem que tipo de nova partícula foi realmente descoberta. Se a nova partícula não for o bóson de Higgs, Smoot disse que seria “maravilhoso se fosse algo relacionado com a matéria escura”, um misterioso componente que, ao lado da matéria visível e da ainda mais desconhecida energia escura, seria um dos pilares do Universo.

Não é possível medir de forma direta partículas com as propriedades do bóson de Higgs, mas sua existência, ainda que fugaz, deixaria rastros, que, estes sim, poderiam ser detectados num acelerador de partículas tão potente como o LHC. Instáveis e fugazes, os bósons de Higgs sobrevivem uma ínfima fração de segundo – até decaírem e virarem partículas menos pesadas, que, por sua vez, decaem também e dão origem a partículas ainda mais leves. O modelo padrão prevê que, em função de sua massa, os bósons de Higgs devem decair em diferentes canais, ou seja, em distintas combinações de partículas mais leves, como dois fótons ou quatro léptons. Nos experimentos feitos no Cern, dos quais participaram cerca de 6 mil físicos, foram encontradas evidências quase inequívocas das formas de decaimento que seriam a assinatura típica dos bóson de Higgs.

*O jornalista Marcos Pivetta viajou a Lindau a convite do Daad (Serviço Alemão de Intercâmbio Acadêmico)

Rio+20 sem ciência (Mundo Sustentável, G1)

sáb, 16/06/12

por André Trigueiro

Depois de cinco dias reunidos na Pontifícia Universidade Católica do Rio (PUC-RJ), 500 cientistas de 75 países – seis deles Prêmios Nobel – produziram um relatório contundente em que resumem a situação do planeta. Entre outras informações, eles dizem que “há evidências científicas convincentes de que o atual modelo de desenvolvimento está minando a capacidade de o planeta responder às agressões do homem”. Manifestam preocupação com o fato de que “os níveis de produção e de consumo poderão causar mudanças irreversíveis e catastróficas para a humanidade”. Mas asseveram que “temos conhecimento e criatividade para construir um novo caminho. Entretanto, é preciso correr contra o tempo”.

O Prêmio Nobel de Química,Yuan Tse Lee, de Taiwan, foi escolhido pelos colegas para uma missão quase impossível: resumir em apenas dois minutos para os chefes de estado no Riocentro o que de mais importante aparece no relatório. Apenas 120 segundos serão suficientes para inspirar nas principais lideranças do mundo o devido senso de urgência? Bom, foi este o tempo definido pelo protocolo da ONU. Perguntei ao dr.Yuan qual seria a mensagem mais importante do relatório.

“Não temos muito mais tempo para transformar a sociedade, torná-la sustentável. Se continuarmos nesse ritmo, vai ficar cada vez pior. Entraremos numa grande enrascada”, disse ele, para em seguida arrematar com um lampejo de confiança no futuro:”Não temos o direito de ficar pessimistas. Estou feliz a de ver tantos jovens no Rio”.

Quem também estava no encontro foi o climatologista Carlos Nobre, que nesta semana teve a honra de escrever o editorial da prestigiada revista científica Science com o sugestivo título de “UNsustainable? (com as iniciais da ONU em maiúsculas no início da palavra “insustentável” em inglês) onde afirmou que o mundo “saiu da zona de segurança”. Perguntei a ele se a classe política está ouvindo os alertas dos cientistas.

“Nós estamos tendo dificuldade de comunicar a todos os tomadores de decisão o senso de urgência. Tempo talvez seja o recurso mais escasso na questão do desenvolvimento sustentável”. Ao ser indagado sobre o que estava em jogo, caso as recomendações dos cientistas não fossem consideradas pelos tomadores de decisão, o atual secretário de Políticas e Programas de Pesquisa e Desenvolvimento do Ministério da Ciência, Tecnologia e Inovação respondeu com indisfarçável preocupação. “O risco de excedermos alguns limites planetários existe. Os recursos não são infinitos e a capacidade da Terra absorver os choques também não. No caso do clima, por exemplo, provavelmente também já estamos operando fora da margem de segurança”.

Para Carlos Nobre, “a urgência da situação planetária requer decisões também urgentes e ações imediatas. Essa distância entre o que os cientistas percebem como urgente e a as respostas dadas pelo sistema político configura o descompasso”.

Deixei a PUC intrigado não apenas pela contundência de mais um alerta da comunidade científica, mas também pela ausência de jornalistas interessados em cobrir o maior evento paralelo da Rio+20 na área da ciência. Será que nós, profissionais de imprensa, também estamos em descompasso com as informações relevantes descortinadas pela comunidade científica? Será este um assunto restrito às mídias especializadas ou todos os jornalistas e comunicadores deveriam abrir mais espaços, especialmente em tempos de crise, para o que os cientistas estão dizendo? Vale a reflexão. E, sobretudo, a ação.

Desenvolvimento Sustentável: Estado Sólido, Líquido ou Gasoso? (Plurale)

Envolverde Rio + 20
14/6/2012 – 10h48

por Patricia Almeida Ashley*

c27 300x260 Desenvolvimento Sustentável: Estado Sólido, Líquido ou Gasoso?Faço aqui uma reflexão sobre as discussões em andamento sobre Objetivos de Desenvolvimento Sustentável (Sustainable Development Goals) para uma possível ação a ser acordada entre os países representados na Rio+20.

Percebo uma ansiedade por um “estado sólido”, paupável, mensurável, segurável, assegurável, verificável, comprovável, comparável, planejável, previsível, reproduzível, sempre que se fala em Objetivos de Desenvolvimento Sustentável como resultados e impactos a serem desdobrados em Indicadores e Metas para serem usados por todos os países e regiões no mundo. Haja números e estatísticas e equações!!!. Para mim, reflete uma racionalidade mecanicista, positivista, típica da abordagem científica hipotético-dedutiva e cartesiana, que pressupõe equações lineares, métodos estatísticos e métricas parametrizáveis para comparações, rankings, previsões. Típica de formação de engenharias e outras ciências que requerem, para a sua contribuição na formação do conhecimento humano, estruturas mensuráveis.

Quando passamos a conceber os Objetivos do Desenvolvimento Sustentável como algo mais pertinente a processos e capacidades para que as sociedades renovem seus sistemas jurídicos, normativos, suas lógicas anacrônicas para a educação, reprodução, produção e consumo, estamos passando para um “estado líquido” de concepção de desenvolvimento sustentável, algo como a água que não se perde ao cruzar com as pedras, mas as contorna, sofre com contaminações, mas se evapora, se desmancha para um novo ciclo de vida. Ou seja, os Objetivos do Desenvolvimento Sustentável não passam mais a ser comparáveis em métricas entre países, pois somos águas e terrenos distintos, mas somos passíveis de trocas, intercâmbios, aprendizagens, intenções e ações para que nossas águas sempre se renovem e gerem vida.

E se caminharmos para os Objetivos do Desenvolvimento Sustentável como algo mais pertinente a princípios, valores, sensações, sentimentos, afetos, daí caminharemos para a qualidade espiritual da humanidade em harmonia com a Terra e com o Cosmos, passando a enxergar o quão grande é a família a que pertencemos e o que viemos fazer aqui e agora e com todos que percebemos estar e viver e morrer. Digo que é desenvolvimento sustentável como “estado gasoso” que trabalha pela inteligência espiritual, pela evolução de consciências, pelo desapego à limitação da expressão sólida apenas perceptível pelos cinco sentidos. Como medir em indicadores e metas o que atingimos e atuamos quando podemos nos abraçar profundamente e sem medo? Já experimentou algo assim? Percebe o que muda em sua hierarquia de valores? Entende por que podemos ser plenamente realizados sem ter que ter que ter que ter, mas sendo o ser para ser o ser entre seres?

O artigo Why we need sustainable development goals?, que replico mais abaixo e originalmente publicado em Why we need Sustainable Development Goals – SciDev.Net, foi o que me provocou as reflexões que escrevi acima. Coloco, como contraposição, o excelente artigo elaborado por Benedito Silva Neto e David Basso, publicado na Revista Ambiente e Sociedade, em 2010, sob título A ciência e o desenvolvimento sustentável: para além do positivismo e da pós-modernidade, que nos ajuda a sair do estado sólido, transitar pelo necessário estado líquido para atingir e recuperarmos o estado gasoso do desenvolvimento sustentável.

Patricia Almeida Ashley é colunista de Plurale, professora e coordenadora da Rede EConsCiência e Ecocidades da Univesidade Federal Fluminense.

* Publicado originalmente no site Plurale.

A poucos dias de seu início, Xingu+23 recebe apoio de artistas, cantores e ambientalistas (Adital)

Belo Monte
11/6/2012 – 06h46

por Natasha Pitts, da Adital

A cada dia o Xingu+23, que acontecerá de 13 a 17, em Vitória do Xingu, Estado do Pará (Norte do país), para debater a resistência à hidrelétrica Belo Monte, recebe mais adesões. Além de artistas que já haviam confirmado presença no evento, há poucos dias o cantor Gilberto Gil, a ambientalista e ex-ministra Marina Silva, o cantor Arnaldo Antunes, e o teólogo, filósofo e escritor Leonardo Boff também divulgaram apoio à iniciativa.

Para chamar ainda mais atenção para a luta contra o megaempreendimento do Plano de Aceleração do Crescimento (PAC), Gilberto Gil cedeu sua canção Um sonho para ser transformada em clipe. Em poucos dias a música, que apesar de ser de 1977 ainda é atual, se tornou o hino do evento, por falar claramente sobre a luta contra o desenvolvimentismo, principal discurso em torno de Belo Monte.

c83 A poucos dias de seu início, Xingu+23 recebe apoio de artistas, cantores e ambientalistas

Por meio de ações como estas, sobretudo nas mídias sociais, o evento ganhou mais repercussão e deverá receber além de artistas, cantores e ambientalistas de Belém, São Paulo e São Luís, ativistas dos Estados Unidos e da Turquia.

Apesar da intensa participação de outros atores sociais, o Xingu+23 é voltado especialmente para pescadores, ribeirinhos, indígenas, agricultores e demais afetados por Belo Monte com o intuito de discutir as ações de resistência, conversar sobre o futuro do(as) atingidos(as) e suas famílias e fortalecer as ações da população local.

O Xingu+23 faz uma referência ao 1º Encontro dos Povos Indígenas do Xingu, ocorrido em 1989 em Altamira e organizado pelos kaiapó com a intenção de protestar contra as decisões tomadas na Amazônia sem a participação dos índios e repudiar a construção do Complexo Hidrelétrico do Xingu. No encontro, os indígenas e ativistas conseguiram a primeira vitória na luta contra Belo Monte, pois impediram o primeiro projeto de barramento do rio.

Durante o Xingu+23, os participantes também querem marcar um importante momento de luta e resistência no Brasil. Às vésperas da Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável (Rio+20) e da Cúpula dos Povos, que acontecerão no Rio de Janeiro, o Movimento Xingu Vivo para Sempre (MXVPS) e seus parceiros decidiram chamar atenção da comunidade nacional e internacional para os impactos sociais e ambientais de Belo Monte e para as ilegalidades que cercam o seu processo de implantação.

Os interessados em participar podem encontrar informações no site oficial do evento. A estrutura oferecida é um acampamento com espaço para barracas e redes. No local não há sinal de telefonia, nem internet.

Programação

O Xingu+23 terá início na quarta-feira, dia 13, em Vila Santo Antônio, a 50 quilômetros de Altamira. A comunidade não foi escolhida por acaso. A Vila foi desapropriada quase em sua totalidade pela concessionária Norte Energia devido à proximidade do maior canteiro de obras de Belo Monte. Após a recepção e o credenciamento, acontecerá um debate sobre violações do Licenciamento e Instalação de Belo Monte. O dia será encerrado com a celebração da tradicional missa de Santo Antônio.

No dia 14, ainda na Vila, os atingidos pela obra vão se reunir em grupos para um debate. A programação do dia acabará com uma audiência pública em Altamira. A sexta-feira (15) será reservada para uma marcha e um ato público. Neste dia, a partir das 8h os(as) participantes vão iniciar a concentração em frente à empresa de energia Rede Celpa (Avenida 7 de setembro, 2190).

Já no sábado, dia 16, acontece a assembleia final do evento seguida por torneio de futebol e a festa do padroeiro da Vila. No domingo, acontece o encerramento.

* Publicado originalmente no site Adital.

Liderança “verde” do Brasil cética com a Rio+20 (Envolverde/IPS)

Envolverde Rio + 20
11/6/2012 – 07h41

por Fabíola Ortiz, da IPS

e11 300x225 Liderança “verde” do Brasil cética com a Rio+20

Marina Silva. Foto: Divulgação.

Rio de Janeiro, Brasil, 11/6/2012 – A agenda para a Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável, a Rio+20, que acontece este mês no Brasil, ainda carece de prioridades e seus resultados podem ficar sepultados diante das urgências da crise econômica global, afirmou a ex-ministra brasileira de Meio Ambiente (2003-2009), Marina Silva. O documento final da Rio+20 continua sendo “fraco e geral” e não contém contribuições que superem o que foi feito nos últimos 20 anos, desde a Cúpula da Terra de 1992, opinou Marina em entrevista a jornalistas de meios internacionais.

“A discussão sobre economia verde, desenvolvimento social e governança perdeu força, por isso qualquer acordo geral, que não tenha uma atitude crítica e não incorpore instrumentos para enfrentar a deterioração do planeta, atentará contra a memória da cúpula de 1992”, criticou a ex-ministra, que também foi candidata a presidente pelo Partido Verde. Após obter 20 milhões de votos nas eleições presidenciais de 2010, Marina criou o não governamental Instituto Democracia e Sustentabilidade, o qual representará na Cúpula dos Povos na Rio+20 por Justiça Social e Ambiental, que acontecerá entre 15 e 23 deste mês, paralela à reunião oficial organizada pela Organização das Nações Unidas (ONU).

Para Marina, a linha de trabalho para a Rio+20, que em nível de chefes de Estado e de governo acontecerá entre os dias 20 e 22, continua com um grave problema de origem, que é aparecerem separadas ecologia e economia, quando deveriam estar integradas. “A União Europeia atende prioritariamente a crise econômica que a afeta, o presidente dos Estados Unidos, Barack Obama, fracassou em sua tentativa de avançar em uma agenda de clima e biodiversidade, e a China não se mobiliza e não assume compromissos”, declarou.

Apesar de cientistas de todo o mundo alertarem para os graves problemas que a humanidade enfrentará se não for detida a deterioração ambiental, os governos não incorporam em suas agendas propostas de solução ou mudança de rumo, alertou Marina. “O mundo enfrenta uma crise dramática, que se constitui de múltiplas crises: econômica, política, ambiental e de valores”, ressaltou.

A última fase de negociação prévia à Rio+20 será completada no dia 13 no Rio de Janeiro. Perante esta instância, a atual ministra de Meio Ambiente, Izabella Teixeira, contrapôs o pessimismo de Marina Silva ao afirmar que as notícias “são bastante promissoras” para o documento base do encontro. Admitiu que se está diante de um desafio importante, que é obter um consenso que exige compromissos e convergências dos governos. “Temos que facilitar e permitir que todos façam sua parte e que se sintam comprometidos com as diretrizes e os resultados da Rio+20”, afirmou à IPS.

A ministra entende que as negociações iniciadas em Nova York tiveram “avanços importantes”, por isso acredita que o legado da Rio+20 será mais amplo do que o da cúpula de duas décadas atrás, a Eco 92, e refletirá plenamente o conceito de sustentabilidade. Contudo, também reconheceu que devem ser discutidos “novos modelos econômicos ou não conseguiremos fazer a mudança para um desenvolvimento sustentável”.

Por sua vez, Marina Silva afirmou que o Brasil, como anfitrião da Rio+20, reúne as condições para fazer esse rompimento do modelo do Século 20 e atuar como ponte negociadora na busca de compromissos. “É muito importante que o Brasil assuma um papel de liderança para mediar saídas com propostas efetivas para este encontro, sob pena de acabar com a memória da Eco 92”, alertou. Em tom de crítica sobre a gestão da presidente Dilma Rousseff, Marina destacou que espera que sejam corrigidos os rumos de seu governo, para encabeçar uma “nova agenda de economia e desenvolvimento sustentável”.

O Brasil ainda não pode se considerar uma potência socioambiental, apesar de possuir 11% das reservas de água doce do mundo, 20% das espécies vivas, 60% de seu território coberto por florestas, 280 povos autóctones que falam cerca de 120 línguas diferentes além do português, enfatizou Marina. “Isto não nos transforma em uma potência ambiental por natureza, é preciso consegui-lo com atitudes políticas eficazes. Nossa agricultura tem condições para ter uma base sustentável, e não podemos repetir os mesmos equívocos cometidos pelos países industrializados”, indicou.

A aprovação do polêmico Código Florestal mostrou um retrocesso na política ambiental brasileira e coloca em discussão a liderança do governo quanto a levar adiante uma economia sustentável, advertiu Marina. “Vivemos um momento de dúvidas. Parece que podemos retroceder para uma economia semelhante à do século passado. No entanto, é possível ainda reduzir a pobreza, ter crescimento econômico e diminuir as emissões com menos devastação”, apontou.

Às vésperas da Rio+20, o Brasil passa por um desmonte de sua legislação ambiental, especialmente do Código Florestal, que segue adiante apesar de 80% dos entrevistados em diferentes pesquisas afirmarem não concordar com as mudanças realizadas. “O Brasil não precisa desmatar para se manter como um grande produtor de grãos, pois podemos duplicar a produção agrícola sem derrubar uma só árvore”, esclareceu Marina. “Temos tecnologia e conhecimento sem que seja necessário expandir a fronteira agrícola. Podemos produzir alimentos preservando a base natural de nosso desenvolvimento”, concluiu.

O termômetro para medir a Rio+20 (IPS)

Envolverde Rio + 20
12/6/2012 – 09h33

por Thalif Deen, da IPS

Slide15 O termômetro para medir a Rio+20

As inundações, como a que afetou Dominica em 2011, são um dos efeitos devastadores da mudança climática. Foto: Desmond Brown/IPS

Nações Unidas, 12/6/2012 – Quando terminar a Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável, a Rio+20, que acontecerá entre os dias 20 e 22 deste mês, no Rio de Janeiro, qual será o critério para medir seus êxitos e fracassos? O secretário-geral da Organização das Nações Unidas (ONU), Ban Ki-moon, tem seus próprios parâmetros.

Segundo Ban, a Rio+20 deverá concluir com pelo menos um renovado compromisso político com a economia verde, uma série de metas de desenvolvimento sustentável, um contexto constitucional para implantar o novo plano de ação e associações com a sociedade civil. “Precisamos inventar um novo modelo, um modelo que ofereça crescimento e inclusão social, um modelo que respeite os recursos finitos do planeta”, afirmou Ban a jornalistas na primeira semana deste mês.

Entretanto, para Patricia Lerner, conselheira política do Greenpeace International, definir metas para 2030 não é suficiente. “A atenção deve estar concentrada nesta década, pois as ações que forem tomadas neste momento são fundamentais para prevenir a catastrófica mudança climática, salvar nossos oceanos e proteger os recursos florestais remanescentes, todos fundamentais para o desenvolvimento e o bem-estar humano”, declarou Lerner à IPS.

Por seu lado, o intergovernamental Centro do Sul, com sede em Genebra, tem expectativas maiores. Seu diretor-executivo, Martin Khor, afirmou à IPS que é imperativo reafirmar os compromissos adotados na Cúpula da Terra, realizada há 20 anos também no Rio de Janeiro. “Pelo menos isso demonstrará que os líderes, especialmente dos países industrializados, não estão retrocedendo no que acordaram”, acrescentou.

O princípio mais importante que deve ser reafirmado na Rio+20 é o de responsabilidades comuns diferenciadas, destacou Khor. Isto significa que os países do Norte devem aceitar que têm um dever maior na redução da contaminação das emissões de gases-estufa, causadores do aquecimento global. E, portanto, devem prover financiamento e tecnologia para os países do Sul, para que todos possam avançar no caminho da economia verde, acrescentou Khor, ex-diretor do escritório na Malásia da Rede do Terceiro Mundo.

Ban Ki-moon acrescentou que há 26 áreas prioritárias, que os próprios Estados-membros da ONU identificaram durante as negociações com vistas à Rio+20. Entre estas se destacam segurança alimentar, pobreza, educação, saúde, energia renovável, oceanos, água e saneamento, agricultura, igualdade de gênero e empoderamento das mulheres. “Pode demorar para se chegar a um acordo nas 26 áreas”, admitiu, mas acrescentou que ao menos se deveria pactuar no que ele considera “temas obrigatórios”.

Ban Ki-moon também exortou os Estados-membros das Nações Unidas a acordarem novas metas de desenvolvimento sustentável baseadas nos Objetivos de Desenvolvimento do Milênio, os quais a comunidade mundial se comprometeu a alcançar até 2015. “Temos apenas dois anos e meio”, ressaltou.

Khor disse à IPS que os líderes do mundo deveriam reconhecer que a crise no meio ambiente e na economia é muito mais grave hoje do que há 20 anos, e que devem ser adotados novos compromissos sistemáticos. Também cobrou um acordo que fortaleça significativamente as instituições encarregadas do desenvolvimento sustentável, de forma séria e adequada.

A Comissão das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável era toda uma promessa em seu início, mas demonstrou ser muito frágil: reúne-se apenas duas ou três vezes ao ano. “Tem de ser reformada radicalmente ou transformada em um novo conselho ou fórum que possa encarar os desafios impostos pela crise global em suas três dimensões: ambiental, econômica e social”, sugeriu Khor.

A comissão, prosseguiu Khor, deveria manter reuniões regulares, e sua secretaria deveria ser forte, com mais pessoal e dinamismo. A Rio+20 deveria fortalecer esse órgão para que realize um acompanhamento das decisões adotadas pelos líderes políticos, enquanto o Programa das Nações Unidas para o Meio Ambiente (Pnuma) deveria, por seu lado, fortalecer suas operações, enfatizou. “É preciso haver claros compromissos para apoiar os países em desenvolvimento com o objetivo de que estes assumam maiores responsabilidades nos problemas ambientais, sociais e econômicos”, observou.

A cúpula não pode ficar atrasada em matéria de implantação, apontou Khor. “Deve haver um novo compromisso e recursos financeiros adicionais para o desenvolvimento sustentável e a transferência de tecnologia em termos favoráveis e preferenciais, como foi acordado há duas décadas no Rio e muitas vezes depois”, ressaltou. “Me preocupa o fato de nos últimos meses muitos países industrializados terem emitido sinais de que não desejam manter esses compromissos. Isto seria desastroso”, alertou.

Envolverde/IPS

Free application for smartphones with real time information on the Rio+20 conference (IISD)

Free application for smartphones with real time information on the Rio+20 conference, by IISD:

http://itunes.apple.com/us/app/enb-mobile/id529597393?ls=1&mt=8

On the web:

http://enb.iisd.mobi/uncsd-rioplus20/

 

A Negação das Mudanças Climáticas e seu Despropósito versus a Objetividade e Atitude Ponderada da Comunidade Científica

by Alexandre Araújo Costa on Wednesday, June 6, 2012 at 12:56pm (postado no Facebook)

Tenho recebido respostas interessantes a meus posts anteriores em que discuto a negação das mudanças climáticas. Alguns, que concordam ou simpatizam com a visão dos negadores, compartilharam links que, democraticamente, permanecem na minha página, expondo ainda mais os erros crassos e primários da negação. Como mostro, nenhum dos pseudo-argumentos apresentados se sustenta de pé, tendo eu mesmo os refutado ou indicado links que desmistificam tudo. Em alguns casos, indicar outros materiais de sites confiáveis como http://www.realclimate.org ou http://www.skepticalscience.com torna-se mais fácil e prático, pois uma característica da incansável hidra negadora é a da reciclagem de material (pelo menos nisso, ela é ecologicamente correta…). Algo desmentido uma vez pode aparecer noutro momento e/ou noutro país como uma “nova descoberta” para mostrar que “o aquecimento global é uma farsa” e toda a ladainha negadora repetida à exaustão, no esforço de repetir tanto uma mentira até que ela pareça verdade. Infelizmente, como mostrei em http://www.facebook.com/notes/alexandre-ara%C3%BAjo-costa/a-nega%C3%A7%C3%A3o-das-mudan%C3%A7as-clim%C3%A1ticas-o-bode-e-os-gamb%C3%A1s-o-que-%C3%A9-uma-opini%C3%A3o-pondera/393911987317366, algumas dessas mentiras parecem mesmo ter forte tendência a serem perpetuadas, como as acusações grotescas contra Michael Mann e outros cientistas.

Obviamente há também os comentários de amigos que compartilham dos meus pontos de vista (ou pelo menos de boa parte deles) sobre o que está em jogo no que diz respeito à negação das mudanças climáticas. E muitos desses comentários têm servido de mote para dar prosseguimento à discussão. Assim como foi com o bode, inspirado por um desses amigos, assim é com a discussão sobre as noções de “posição ponderada” ou “posição radical” trazida por outro, que levanta a questão de que se “a posição ponderada sobre o aquecimento global é a do IPCC”, (…) “ela estaria entre as hipóteses radicais minimizadoras/negacionistas e supostas hipóteses radicais alarmistas/apocalípticas”.

O “texto do bode” dá dicas no sentido de que uma coisa não leva necessariamente à outra, dando exemplos em que, na realidade, pontos de vista intermediários seriam impossíveis ou, no mínimo, bizarrices frankensteinianas de pensamento. Há nessa suposição uma simplificação, como se pudéssemos marcar os pontos de vista como pontos geométricos em um segmento de reta e que a posição que representa uma melhor aproximação da realidade seria uma espécie de média (aritmética ou “ponderada”) dos extremos. Evidentemente, num debate que prime pela honestidade intelectual e em que os atores sejam movidos por um interesse comum, talvez o esqueminha da figura abaixo tenha alguma validade. Caso contrário, é preciso abandoná-lo como representação pictórica adequada.

É fato que não vi nenhum cientista falando de “efeito estufa desenfreado” (que aconteceu provavelmente em Vênus) como algo que possa ocorrer na Terra em um futuro tangível, ou outra teoria “radical” nesse sentido, mas quando digo que o IPCC tenta exprimir o consenso da comunidade científica, isso quer dizer que ele tenta encontrar estimativas quantitativas de um determinado fenômeno, efeito ou processo (bem como da incerteza em torno dessa estimativa), com base no que há disponível na literatura científica e/ou em bases de dados reconhecidamente validadas.

Para processos, fenômenos e componentes do sistema climático com efeito bem conhecido, geralmente a “barra de erro” (incerteza) é pequena, indicando que os valores estimados por diferentes metodologias e por diferentes grupos de pesquisa relatados em diferentes artigos na literatura são todos muito próximos. Processos sobre os quais não se tem um conhecimento quantitativo tão preciso geralmente exibem uma barra de erro maior, exprimindo exatamente esse menor grau de entendimento na forma de um maior espalhamento entre as estimativas individuais disponíveis na literatura.

Uma das estimativas mais importantes nesse sentido é a da grandeza que conhecemos como “Forçante Radiativa”, isto é, a contribuição de um determinado componente do sistema climático (seja um gás de efeito estufa ou um tipo de aerossol, ou a variabilidade solar, etc.) para alterar o balanço de energia desse sistema ao longo de um dado período. A Forçante Radiativa é a energia ganha ou perdida (respectivamente positiva ou negativa) pelo sistema climático em função das mudanças nesse componente por unidade de área por unidade de tempo (sendo medida em Watts por metro quadrado ou W/m2). Por exemplo, como vários gases de efeito estufa têm tido sua concentração aumentada desde o período pré-industrial, eles exercem uma forçante radiativa positiva desde lá até o presente pois mais energia é retida no sistema climático agora do que antes, ao invés de deixar o planeta na forma de radiação infravermelho. Por outro lado, uma atmosfera com mais aerossóis (partículas líquidas ou sólidas em suspensão) reflete mais luz, portanto, como a concentração destes também aumentou com a industrialização, os aerossóis contribuem com uma forçante radiativa negativa, pois menos energia entra no sistema na forma de luz solar. Um componente cujo comportamento não tenha mudado de maneira significativa nos últimos séculos exerce, portanto, uma forçante radiativa próxima de zero.

Dentre as componentes bem estudadas e com estimativas bem consolidadas, estão o CO2 e demais gases de efeito estufa de vida longa (metano, óxido nitroso e halocarbonetos). Em 2005, a estimativa era de que o aumento antrópico do CO2 na atmosfera (cuja concentração então era de 379 partes por milhão e hoje em dia ultrapassou 390) contribuía com uma forçante de +1,66 W/m2 (com pequena incerteza para mais ou para menos) um valor bastante significativo para o aquecimento do sistema climático terrestre. Os demais gases de efeito estufa entram com algo muito próximo de 1 W/m2 a mais.

Mesmo com incertezas relativamente maiores, o caso do Sol é um excelente exemplo de como o IPCC chega a uma estimativa “de consenso”. Em http://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/wg1/en/ch2s2-7-1-2.html, é mostrado um levantamento das estimativas disponíveis na literatura científica de quanto a atividade solar teria variado desde o período conhecido como “mínimo de Maunder”, no século XVII, até os dias de hoje, algo que tanto os negadores gostam de falar. Devo dizer que as estimativas não são de artigos de pesquisadores em clima, mas de estudos por especialistas… em Sol. As estimativas são de que as mudanças na atividade solar desde então têm contribuído com quase zero (isso mesmo!) a, na estimativa maior, +0,68 W/m2, como mostrado neste link. Percebam que, baseando-se nos especialistas que estudam o Sol, o IPCC não poderia fazer outra coisa a não ser atribuir às variações de atividade solar uma forçante radiativa de aquecimento bastante modesta, de poucos décimos de W/m2. Não haveria motivo para concluir que o Sol não variou em nada se apenas dois estudos em dez vão nesse sentido, mas também não teria sentido adotar uma estimativa próxima do outro extremo. Mas é preciso deixar claro! Mesmo se escolhêssemos a dedo esse maior valor, ainda assim chegaríamos à conclusão inevitável de que a contribuição da variabilidade solar para o clima desde o século XVII é várias vezes menor do que a dos gases de efeito estufa! Considerando estimativas a partir do século XVIII (e não XVII), fica mais claro que o papel do Sol é ainda menos significativo (forçante radiativa estimada de apenas +0,12 W/m2).

Algo parecido é feito com os aerossóis de sulfato como em http://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/wg1/en/ch2s2-4-4-1.html, mostrando que, como sua concentração na atmosfera também aumentou em função da industrialização, esses aerossóis exercem um efeito de resfriamento, contrabalançando parte do efeito de aquecimento dos gases de efeito estufa, com estimativas de forçante radiativa variando entre -0,12 e -0,96 W/m2.

Há valores discrepantes entre estimativas? Há! Mas, ei… não é um leilão onde um negador pode chegar e chutar qualquer valor numérico, nem muito menos, sem nenhum embasamento, chegar e dizer “o aquecimento é natural”, “o sol é que está causando o aquecimento da Terra”, etc. Mede-se, calcula-se, submete-se à apreciação da revisão por pares. Aí sim, ganha-se voz no debate científico. Os que abandonam a seriedade do método realmente não têm compromisso em se aproximar da verdade científica.

Portanto, a opinião ponderada não está “no meio” entre opiniões cientificamente fundamentadas e desvarios motivados por agenda econômica, político-ideológica ou vaidade! Não pode estar! Está “no meio” daquilo que tem valor científico! As indicações do IPCC são médias entre medidas e estimativas de verdade, documentadas e publicadas às quais se agrega uma barra de incerteza. Representa o bom senso de não considerar como verdade absoluta nenhum valor individualmente medido ou estimado por diferentes pesquisadores usando diferentes métodos (satélite, observação de superfície, modelagem, etc.). Tampouco se agarra em um valor extremo, nem de um lado, nem de outro. Essas estimativas são o ponto de partida para obter tanto a melhor avaliação (a grosso modo, a média) quanto a incerteza, que depende do espalhamento das várias estimativas, chegando a algo como http://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/wg1/en/fig/figure2-20-l.png, reproduzida a seguir.

Essa figura não deixa margens para dúvidas e é por isso que o IPCC se pronunciou. Ao se somar os efeitos, o resultado é de uma forçante radiativa positiva, que não pode resultar em outra coisa senão aquecimento. De onde vem a maior parte desse sinal? Do CO2 e dos gases de efeito estufa. O silêncio seria uma postura de irresponsabilidade e covardia extremas, numa situação em que, mesmo tomando a menor estimativa de aquecimento por esses gases e a maior estimativa de resfriamento pelos aerossóis (o principal fator que atua no sentido contrário), ainda assim se obtém um número que indica que o planeta está, sim, aquecendo, e de maneira intrinsecamente ligada às atividades humanas. Esse posicionamento (que para muito além do IPCC enquanto instituição é a de mais de 97% daqueles que são pesquisadores atuantes na área, vide http://www.skepticalscience.com/global-warming-scientific-consensus-intermediate.htm), portanto, é ponderada, séria, realista. Nada tem de radical. Se a ciência alerta para riscos e implica em mudanças em nossa sociedade que podem parecer incômodas, e as pessoas preferem ignorar esse alerta, aí é outra história! Espero que fique claro, assim, porque não se pode conceder um milímetro sequer aos negadores, em seu desserviço à opinião pública, em sua ação deliberada de desinformação, em sua campanha abertamente anti-ciência.

Mas se vocês querem saber, parece haver alguém que tem radicalizado no sentido oposto ao dos negadores, sim! Esse alguém tem mostrado que algumas projeções do IPCC são, ao invés de ponderadas, subestimadas, conservadoras… Já ouviram falar de uma tal de “Natureza”? Pois bem… Mas esse será o assunto de outro artigo…

O liberalismo de jabuticaba (Carta Capital)

Artigo
29/5/2012 – 11h21

por Luis Nassif*

c617 O liberalismo de jabuticaba

Luis Nassif. Foto: Divulgação

Há anos, por seu alcance, o sistema Globo tornou-se a principal influência na opinião pública, inclusive em questões econômicas. TV GloboGlobonewsCBN, jornal O Globo, portal G1, constituem-se na mais formidável caixa de irradiação de opiniões no país.

Por isso mesmo, é um bom laboratório para se analisar como se formam consensos, especialmente em temas ligados ao mercado e à economia.

Em geral, o discurso assenta-se em bordões de fácil assimilação  que, pela repetição, vulgarizam-se, podendo ser repetidos desde executivos com pouca formação econômica até papos de boteco. Paradoxalmente, essa banalização de conceitos responde pela extrema superficialidade da análise e, ao mesmo tempo, por sua enorme eficácia.

Até agosto do ano passado, esse discurso mercadista era facilitado pelo sofisma da prioridade única. Todas as análises tinham como mote a inflação. Justificava-se qualquer nível de taxa de juros porque era anti-inflação. Criticava-se qualquer redução da Selic, por mínima que fosse, por acirrar a inflação.

Não havia a menor necessidade de pensar. Baixou a taxa, imediatamente rebimbava o coro anti-inflação. Aumentou em percentuais ínfimos gastos sociais, acordava o coro contra a gastança.

Quando, em fins de agosto passado, o Banco Central reduziu a Selic e a inflação continuou caindo, o discurso desmoronou. Seria preciso refazer o discurso, recriar bordões.  E aí o sistema deu tilt.

Por exemplo, a boa análise econômica sabe que não é possível desenvolvimento sustentável sem dois eixos bem azeitados: consumo e investimento.

Primeiro, trata-se de montar o mercado – o interno, através da ampliação da base de consumo, e o externo, através de instrumentos de apoio à exportação.

Dado o mercado, garantir o investimento, através de ferramentas fiscais, financeiras e cambiais.

Cria-se o mercado interno. Estimula-se o investimento na produção. Amplia-se a capacidade produtiva do país, geram-se empregos mais qualificados e, por conseguinte, mais consumidores, completando o ciclo virtuoso do crescimento.

Sem o investimento, esse crescimento será apropriado pelo produto importado até o limite do estrangulamento externo. Não se completaria o ciclo. Mas não se investe sem dispor de um mercado de consumo em expansão.

No entanto, anos de defesa de juros altos criaram um pensamento anti-crescimento irracional – que é repetido de cabo a cabo por todo aparato midiático das Organizações Globo.

Ontem, as medidas de redução do custo do financiamento foram taxadas de temerárias por induzir o consumidor ao “endividamento irresponsável”.

Ora, o discurso econômico das Organizações é fundamentalmente neoliberal.

É princípio elementar do liberalismo o pleno direito de opção ao consumidor, ao investidor, à empresa. Ao Estado compete apenas criar condições adequadas, sem pretender tutelar os agentes econômicos.

Na hora de criar o bordão, esquece-se o livre arbítrio do consumidor, as ferramentas de análise de crédito dos bancos, o monitoramento da inadimplência pelo Banco Central, o fato do financiamento de automóvel ser garantido pelo próprio veículo, aspectos técnicos e conceituais.

Em Wall Street – onde esse pessoal se espelha -, seria motivo de chacota.

* Luis Nassif é jornalista econômico e editor do site www.advivo.com.br/luisnassif – lnassif2011@bol.com.br.

** Publicado originalmente no site da revista Carta Capital.

Segurança da Rio+20, entre a crítica e o temor (IPS)

Envolverde Rio + 20
31/5/2012 – 09h32

por Fabíola Ortiz, da IPS

IPS2b Segurança da Rio+20, entre a crítica e o temorRio de Janeiro, Brasil, 31/5/2012 – Fortes críticas da sociedade civil, cujos líderes não querem que “se militarize a Cúpula dos Povos”, foram provocadas pelo anúncio da operação de segurança que o governo brasileiro colocará em ação por ocasião da Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável (Rio+20), de 20 a 22 de junho no Rio de Janeiro, e dos encontros paralelos. O governo se mostrou preocupado, ao mesmo tempo em que acredita poder garantir a segurança do encontro contra ataques cibernéticos ou terroristas.

O Plano Geral de Segurança da Rio+20 foi divulgado no dia 28 pelos chefes militares e pelo ministro da Defesa, Celso Amorim, os quais explicaram que haverá um centro para coordenar as operações em toda a área onde se desenvolverem as reuniões da cúpula oficial e também dos encontros paralelos.

Cerca de 15 mil agentes distribuídos em diversos pontos do Rio de Janeiro, onde está prevista a realização de, aproximadamente, 500 encontros e painéis, enquanto as principais avenidas, viadutos e túneis estarão controlados por veículos blindados. Além disso, está previsto o investimento de US$ 10 milhões para rastrear e evitar possíveis ameaças de hackers ao sistema de conexões pela internet.

“Foi preparado um plano muito detalhado com o objetivo de garantir que a Conferência transcorra com tranquilidade. Do total de agentes, as forças armadas fornecerão oito mil soldados”, informou Amorim em entrevista coletiva com jornalistas brasileiros e estrangeiros. A operação Rio+20 acontecerá entre 5 e 29 de junho, quando haverá atividades, seminários, encontros e manifestações ambientalistas, além das reuniões de alto nível, entre as quais o encontro de chefes de Estado e de governo.

O esquema especial de proteção nos locais de hospedagem, traslado e realização das reuniões contará com cerca de cinco mil efetivos de segurança diariamente nas ruas e acompanhando as delegações estrangeiras. As escoltas de autoridades e delegações dos países e dos funcionários da Organização das Nações Unidas (ONU) constarão de 52 equipes especializadas, com apoio de 29 helicópteros e mais de 400 motociclistas. Haverá cuidado especial com os espaços aéreo e marítimo, missão que estará a cargo da Força Aérea e dos fuzileiros navais.

Também estarão na mira dos corpos de segurança as manifestações e conferências paralelas ao encontro oficial, especialmente a mais importante delas, a Cúpula dos Povos sobre a Rio+20 pela Justiça Social e Ambiental, de 15 a 23 de junho. Precisamente, uma das mobilizações com maior número de pessoas deverá ser a marcha prevista pelos líderes da Cúpula dos Povos, na Avenida Rio Branco, no dia 20 de junho, data de abertura da Rio+20.

O general Adriano Pereira Júnior, um dos comandantes da operação, afirmou que os movimentos sociais não serão reprimidos sob nenhuma circunstância, acrescentando que espera-se que se manifestem em um clima de ordem e cordialidade. “Os organizadores da Cúpula dos Povos já nos procuraram solicitando apoio na segurança de seus eventos”, contou o militar.

Porém, Carlos Henrique Painel, do Fórum Brasileiro de ONGs e Movimentos Sociais para o Meio Ambiente e o Desenvolvimento Sustentável, alertou para a possibilidade de os militares não respeitarem a liberdade das mobilizações. “Não queremos soldados armados do exército fazendo a segurança, não queremos uma Cúpula dos Povos militarizada, pois nosso receio é quanto ao nível de tolerância com relação às manifestações que são espontâneas e não diretamente ligadas à Cúpula”, disse à IPS.

“A Guarda Municipal é capaz de garantir nossa segurança”, opinou Painel, um dos organizadores da Cúpula dos Povos, para a qual se espera a presença de 25 mil a 30 mil pessoas, segundo seus promotores. “De fato pedimos ajuda para nossos acampamentos no Aterro do Flamengo e nos locais de hospedagem previstos em duas escolas públicas e no sambódromo, que abrigarão cerca de 12 mil participantes, explicou Painel.

Embora o Brasil não figure entre os países-alvo de possíveis atentados, um encontro internacional da dimensão da Rio+20 obriga a criar um centro de inteligência e prevenção. O general José Carlos De Nardi, do centro de defesa cibernética, informou que é a primeira vez que se articula no Brasil um site integrado contra ataques cibernéticos. “A Polícia Federal já tem muita experiência neste aspecto devido a tantas invasões a páginas da internet de órgãos e agências reguladoras. Temos condições de chegar ao local exato e ao computador de onde possam partir os ataques”, admitiu o general.

As autoridades também disseram que, no caso de ataques cibernéticos interromperem o fornecimento de energia, os principais locais já estão preparados com geradores para iluminação, bem como as empresas de telecomunicações com redes sem fio. O Brasil não receberá nenhum apoio em seu trabalho de segurança, “somos capazes e temos meio para fazê-lo”, enfatizou o general Pereira Júnior. Porém, admitiu que terão apoio de inteligência dos corpos de segurança dos governantes que chegarem ao Rio de Janeiro.

Envolverde/IPS

Rio+20, somente semear para o futuro (IPS)

Envolverde Rio + 20
29/5/2012 – 09h52

por Stephen Leahy, da IPS

12 Rio+20, somente semear para o futuroUxbridge, Canadá, 29/5/2012 – A Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável (Rio+20) servirá apenas de terreno onde se tentará cultivar as ideias e os valores que a humanidade necessita para o Século 21. Contudo, ninguém espera, ou mesmo deseja, um grande tratado internacional sobre desenvolvimento sustentável, lamentou Manish Bapna, presidente interino da organização ambientalista internacional World Resources Institute, com sede em Washington.

“O importante acontecerá de forma paralela às negociações formais”, disse Bapna à IPS. Porém, “pode haver alguns esperançosos compromissos específicos” dos países na Rio+20, acrescentou. Talvez, seu resultado mais importante seja acabar com o errôneo conceito de que proteger o meio ambiente vai contra o crescimento econômico, quando, na realidade, ocorre o contrário, destacou Bapna. Sem um meio ambiente saudável e funcionando a humanidade perde os benefícios de “produtos gratuitos”: ar, água, terras de cultivo e clima estável.

Para Bapna, “um dos principais obstáculos para o futuro é que funcionários de muitos países acreditam que avançar em um caminho mais sustentável implica um custo demasiadamente alto”. Ele espera que a Rio+20 gere um “novo discurso”, com maior compreensão de que uma economia baixa em carbono e eficiente em termos de recursos pode também aliviar a pobreza e gerar empregos.

Espera-se que ao menos 50 mil pessoas participem de centenas de atividades na Rio+20, entre elas mais de 130 líderes mundiais, incluindo o presidente da Rússia, Vladimir Putin, e os primeiros-ministros Manmohan Singh, da Índia, e Wen Jiaboa, da China. O presidente dos Estados Unidos, Barack Obama, não confirmou sua presença no encontro, que acontece 20 anos depois da Cúpula da Terra.

Aquela reunião, também no Rio de Janeiro, deu à luz três importantes tratados sobre meio ambiente, mudança climática, biodiversidade, degradação de terras e desertificação. Porém, em quase todas essas categorias a situação piorou desde 1992. Apenas poucos países, como a Alemanha, entendem a necessidade ambiental e econômica de optar por um caminho mais sustentável, afirmou Bapna. “Esse país realiza o esforço individual mais importante do mundo para combater a mudança climática e reduzir o carbono em sua economia”, ressaltou.

A Alemanha está comprometida em duplicar sua produtividade energética e de recursos até 2020, o que gerará novos empregos e fortalecerá sua competitividade em um mundo com cada vez menos e mais caros recursos. Aproximadamente 22% da energia da Alemanha procede de fontes renováveis, e sua meta é alcançar 35% até 2020, e 80% até 2050. Para isto, realiza grandes esforços na melhoria da eficiência energética

O consumo de água potável, petróleo e cobre caminha para ser triplicado até 2050, segundo informe da Organização das Nações Unidas (ONU) de 2001. O problema é que não restam recursos suficientes no planeta para sustentar este ritmo. A Rio+20 precisa atrair as pessoas com uma nova “história” sobre o imperativo de viver de forma sustentável, com exemplos de como podem ser criados novos mercados e empregos verdes, apontou Bapna.

Enquanto isso, as negociações oficiais da Rio+20 vão tão mal que foram acrescentadas mais sessões. As delegações negociam o chamado “rascunho zero”, onde se procura estabelecer um mapa do caminho para o crescimento sustentável e no qual esteja previsto o estabelecimento de uma série de metas. Porém, como todos os acordos da ONU, cada palavra necessita de uma aprovação unânime de todas as nações, o que é extremamente difícil.

“Reconhecemos que não podemos continuar queimando e consumindo nossa forma de prosperidade. Entretanto, não adotamos a solução óbvia. A única solução possível, hoje como há 20 anos, é o desenvolvimento sustentável”, disse em uma declaração o secretário-geral da ONU, Ban Ki-moon. Também admitiu que as negociações seguem “dolorosamente lentas”, e interveio pessoalmente para acrescentar outra semana de conversações, exortando os países a olharem além de seus interesses nacionais. Segundo Ban Ki-moon, o Rio de Janeiro “oferece uma oportunidade geracional para acionar o botão de reinício, para fixar um novo curso rumo ao futuro que equilibre as dimensões econômica, social e ambiental da prosperidade e do bem-estar humanos”.

Faltando menos de 30 dias para o encontro de alto nível, ainda não “há uma definição acordada do que é economia verde”, alertou Craig Hanson, diretor do Programa de População e Ecossistemas do Instituto de Recursos Mundiais. Há um crescente consenso sobre a necessidade de um crescimento e um desenvolvimento verdes, mas a população em geral não sabe exatamente o que isto significa.

A Alemanha oferece um exemplo com seus esforços de energia limpa, que criaram 370 mil empregos, indicou Hanson à IPS. Outro exemplo é o êxito de Níger em reverter a desertificação na zona do Sahel, acrescentou. As negociações sobre como obter economias mais verdes são uma batalha, pois muitos países colocam seus interesses nacionais acima dos interesses do planeta e das futuras gerações, observou.

Reduzir gradualmente os milhões de dólares que os governos investem em subsídios anuais para combustíveis fósseis seria um caminho ideal, mas não está claro se as nações estão dispostas a isso, opinou Bapna. “Repetirão suas antigas promessas ou assumirão firmes compromissos no Rio? Simplesmente não sabemos”, afirmou. O mundo mudou desde 1992. As coisas são muito menos previsíveis. Não há uma visão ecológica única para todos os países. “O que sabemos é que esta é uma década crítica. O mundo necessita de compromissos no curto prazo para atuar”, concluiu.

Envolverde/IPS

II Fórum Mundial de Mídia Livre fará parte da Cúpula dos Povos, durante a Rio +20 (Revista Fórum)

Envolverde Rio + 20
31/5/2012 – 11h08

por Por Mikaele Teodoro, da Revista Fórum.

Capa62 II Fórum Mundial de Mídia Livre fará parte da Cúpula dos Povos, durante a Rio +20Evento acontece no Rio de Janeiro, nos dias 16 e 17 de junho.

Nos dias 16 e 17 de junho acontece, no Rio de Janeiro, o II Fórum Mundial de Mídia Livre. O evento vai reunir “midialivristas” tais como: representantes de sites, ativistas, rádios e TVs comunitárias, pontos de cultura, coletivos atuantes nas redes sociais e também agências, revistas e emissoras alternativas comprometidas com a luta pelo conhecimento livre. O encontro fará parte da Cúpula dos Povos da Rio+20, evento paralelo à Conferência da ONU sobre desenvolvimento sustentável.

Bia Barbosa, do Coletivo Intervozes, explica que o momento é ideal para discutir a mídia livre. “O II Fórum Mundial de Mídia Livre acontecerá num momento em que a mídia livre e todas as suas formas de organização e expressão ganham espaço no contexto das mobilizações globais por um mundo mais justo, como ocorreu na Primavera Árabe e também nas ocupações realizadas, no último ano, em diversas partes do globo”, destaca.

No II FML, midialivristas de diversos países discutirão temas como alternativas de produção de informação, maneiras de estruturar politicamente a mídia livre internacional, discutir alternativas de financiamento e de compartilhamento de conteúdo, propagar novas possibilidades de atuação disponibilizadas pelas novas tecnologias, entre outros. “Vai ter gente de varias partes do mundo, um grupo grande de pessoas do norte da África, representantes do Uruguai, França, Alemanha e muitos outros”, afirma Bia. “A intenção dos organizadores é atrair diferentes públicos para as discussões. Não queremos tornar o debate muito técnico, comum apenas para os profissionais da comunicação.”

O encontro contará com atividades autogestionadas, além de painéis, debates livres, oficinas e plenárias, e será na Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ), ao lado do Aterro do Flamengo.

Confira abaixo a programação:

Dia 16

9h: Abertura – Auditório Pedro Calmon (campus da UFRJ – Urca)
O II Fórum Mundial de Mídia Livre e a Rio+20: A luta da comunicação e da cultura como bens comuns

11h: Painéis simultâneos

Eixo 1 – Direito à Comunicação – Auditório Pedro Calmon (UFRJ – Urca)
Temas em debate: acesso à informação; liberdade de expressão; agressões a jornalistas; criminalização da mídia livre; conglomerados mundiais de comunicação e o discurso hegemônico sobre desenvolvimento

Eixo 2 – Apropriação Tecnológica – Auditório Eletrobras (Casa do Estudante – Flamengo)
Temas em debate: novos modelos organizacionais e econômicos; protocolos livres; liberdade de internet; espectro livre e tecnologia digital (rádio e TV digital); formação para apropriação tecnológica

13h – Almoço

14h – Painel eixo 3: Políticas Públicas – Auditório Pedro Calmon (UFRJ – Urca)
Temas em debate: comunicação e democracia; marcos regulatórios; padrões internacionais e boas práticas de regulação; sistema público de comunicação; rádios comunitárias; rádios livres; sustentabilidade das mídias livres

16h – Atividades autogestionadas – salas de aula ECO (UFRJ – Urca)
Rodas de conversa, desconferências, oficinas, Fórum Extendido

Dia 17

9h – Painéis simultâneos

Eixo 4 – Movimentos Sociais – Auditório Pedro Calmon (UFRJ – Urca)
Temas em debate: Produção de conteúdo e informação pela sociedade civil (incluindo o debate sobre a disputa de valores em torno do desenvolvimento sustentável); as lutas nas redes e nas ruas e o ativismo global; como aumentar o impacto da mídia livre nas lutas sociais; sinergia entre plataformas regionais de informação; troca de experiências e iniciativas; os midialivristas e o processo do Fórum Social Mundial

Mulher, mídia e bens comuns – Auditório Eletrobras (Casa do Estudante – Flamengo)
Temas em debate: invisibilidade e exclusão da história das mulheres; liberdade de expressão e negação da memória; lutas das mulheres nas redes sociais; das Marchas das Vadias às denúncias de discriminação das mulheres na Primavera Árabe; produção de conteúdo pelo direito à igualdade e diversidade de gênero e raça na rede; regulação de mídia e a questão da representação da imagem da mulher; o potencial de impacto desse debate nas redes sociais.

10h30 – Plenária Geral – Auditório Pedro Calmon (UFRJ – Urca)
Organização de estratégias e encaminhamento de propostas para a Plenária de Convergência da Cúpula dos Povos sobre Bens Comuns

13h – Almoço

14h – Atividades autogestionadas – salas de aula ECO (UFRJ – Urca)
Rodas de conversa, desconferências, oficinas, Fórum Extendido

Inscrição de atividades para o II Fórum Mundial de Mídia Livre: http://cupuladospovos.org.br/fmml/

Outras informações:
http://medias-libres.rio20.net
http://forumdemidialivre.org
http://freemediaforum.org

* Publicado originalmente no site da Revista Fórum.

Empresariado promove agenda paralela à Rio+20 (Mercado Ético)

Envolverde Rio + 20
31/5/2012 – 10h44

por Sucena Shkrada Resk, do Mercado Ético

Capa4 Empresariado promove agenda paralela à Rio+20A Conferência das Nações Unidas sobre Desenvolvimento Sustentável (Rio+20) não mobiliza somente os governos e a sociedade civil organizada, mas também o setor empresarial, que estará presente em eventos paralelos, no mês de junho, no Rio de Janeiro e em outras localidades do Brasil. Os temas centrais do evento – economia verde no contexto do desenvolvimento sustentável e da erradicação da pobreza, além da governança internacional da sustentabilidade – são o pano de fundo para a realização dos debates e propostas entre as organizações da iniciativa privada.

“Os eventos paralelos à conferência e à pré-conferência Rio+20 são uma forma de envolver a sociedade organizada, empresas e outras partes interessadas no processo de discussão dos rumos do acordo político que está sendo construído para fortalecer a inclusão dos princípios do desenvolvimento sustentável nas diversas instâncias de processos decisórios. Cada encontro lateral busca atingir algum público e algum ponto de vista”, explica Jorge Soto, diretor de Desenvolvimento Sustentável da Braskem, uma das corporações que terá atividades voltadas ao público presente na Rio+20.

Segundo ele, dessa forma, a soma de todos os encontros laterais cobrirá a diversidade, própria ao desenvolvimento sustentável. “Entendo que dessa ampla participação e discussão surgirão propostas que colocarão a energia e o apoio que os negociadores precisam para que o acordo político resultante seja contundente e à altura do desafio que a humanidade está enfrentando”, avalia.

Programação

A exemplo do evento oficial e da Cúpula dos Povos, a agenda ligada às corporações está bem diversificada. No período de 11 a 13 de junho, em São Paulo, será realizada a já tradicional Conferência Ethos 2012, cujo tema será A empresa e a nova economia: o que muda com a Rio + 20 (www.ethos.org.br/ci2012). Na ocasião também será lançada a versão em português da obra O Estado do Mundo 2012: Rumo à Prosperidade Sustentável, do World Watch Institute.

“Durante o evento, discutiremos e produziremos um documento em parceria com representantes de cerca de 40 organizações, com propostas em relação aos 10 temas (veja abaixo) que serão debatidos por representantes da sociedade civil nos Diálogos sobre Desenvolvimento Sustentável, que será organizados pelo governo brasileiro, de 16 a 19 de junho, na programação da Rio+20″, explica Paulo Itacarambi, vice-presidente executivo do Instituto Ethos.

Os temas são: Desenvolvimento Sustentável para o combate à pobreza; Como resposta às crises econômicas e financeiras; Desemprego, trabalho decente e migrações; A economia do Desenvolvimento Sustentável, incluindo padrões sustentáveis de produção e consumo; Florestas; Segurança alimentar e nutricional; Energia Sustentável para todos; Água; Cidades Sustentáveis e Inovação; Oceanos.

O material será entregue aos participantes dos Diálogos e ao comitê organizador da Rio+20, com o objetivo, segundo ele, de se propor alternativas a cenários futuros. “Durante a Conferência Ethos também avançaremos em um debate além da Rio+20, que refletirá sobre a construção de uma economia includente verde e responsável”. Para isso, será tratada a questão dos novos modelos de negócios, com a participação de John Elkington, criador do conceito do triple bottom line, entre outras personalidades.

No Forte de Copacabana, no Rio de Janeiro, ocorrerão mais eventos entre os dias 11 e 22 de junho. Ainda sem programa definido (a ser lançado no próximo dia 25), as atividades ali serão organizadas pela Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP) e pela Federação das Indústrias do Estado do Rio (Firjan), em parceria com a Fundação Roberto Marinho e a Prefeitura do Rio de Janeiro.

O Conselho Empresarial Brasileiro de Desenvolvimento Sustentável (CEBDS) manterá um espaço institucional no Parque dos Atletas, no Rio de Janeiro, de 13 a 23 de junho, e também manterá eventos paralelos, no Rio Centro e no Forte de Copacana, quando será apresentado o lançamento do documentoVisão Brasil 2050, uma iniciativa “tropicalizada” do documento produzido pelo World Business Council for Sustainable Development – WBCSD (Conselho Mundial de Gestão para o Desenvolvimento Sustentável).

“Esse documento é considerado um dos mais importantes já lançados sobre o futuro da sustentabilidade e tem inspirado o planejamento estratégico de inúmeras empresas em todo o mundo. Visão Brasil 2050 é uma agenda para o desenvolvimento sustentável e a transição para a economia verde nos próximos 40 anos”, explica Marina Grossi, presidente executiva do CEBDS.

Outro projeto a ser divulgado é “Rio Cidade Sustentável“. A iniciativa, lançada, neste ano, tem sete eixos: turismo comunitário, desenvolvimento de empreendedores locais, sustentabilidade nas escolas e lares, infraestrutura urbana verde, agricultura urbana orgânica, gestão comunitária de resíduos e melhoria habitacional sustentável.

“Trata de infraestrutura urbana e transformação social com foco em sustentabilidade, que articula poder público, empresas e moradores para melhorar a qualidade de vida das comunidades. Desde janeiro deste ano, duas comunidades pacificadas da Zona Sul carioca, Babilônia e Chapéu Mangueira, acolhem as sete frentes de atuação do programa.”, diz ela.

Por fim, o Rio+20 Corporate Sustainability Forum: Innovation & Collaboration for the Future We Want (Rio+20 Fórum de Sustentabilidade Corporativa: inovação e colaboração para o futuro que queremos) será promovido pelo Pacto Global da ONU, entre 15 e 18 de junho, também no Rio de Janeiro (http://csf.compact4rio.org/events/rio-20-corporate-sustainability-forum/event-summary-251b87a2deaa4e56a3e00ca1d66e5bfd.aspx).

* Publicado originalmente no site Mercado Ético.