“Si el aguante en el fútbol es ganar o morir estamos jodidos” (La Capiital)

Miércoles, 29 de octubre de 201401:00

El sociólogo Pablo Alabarces analiza al fútbol, el aguante,  y su relación con las  identidades populares y la violencia en su último libro  “Héroes, machos y patriotas”.

“Las narrativas patrióticas son siempre masculinas. Las Leonas ganan todo, pero Los Pumas son protagonistas de la publicidad”, analiza Alabarces.

Por Laura Vilche / Ovación

Pablo Alabarces no vive de jugar al fútbol. Tampoco es técnico: es doctor en sociología por la Universidad de Brighton (Inglaterra), docente de cultura popular y masiva en la Universidad de Buenos Aires e hincha de Vélez. Esa combinación de rigor intelectual y pasión futbolera le bastó para escribir “Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios”, su último libro. Un texto donde demuestra que se puede hablar con conocimiento de causa sobre fútbol aunque no se viva con la pelota en los pies. Alabarces, colaborador de varios medios gráficos y fundador de la sociología del deporte en América latina, es un crítico implacable.

A los hinchas los analiza desde la categoría del “aguante” para concluir que son “xenófobos y machistas” y que el fanatismo futbolístico hace “peores a las personas”. No se queda atrás con los dirigentes y políticos: argumenta y documenta cuando los responsabiliza de haber hecho del fútbol una institución en crisis, violenta y corrupta.

Le dedica varias páginas al Mundial del 78 (ver aparte), para él toda una deuda de los académicos de las ciencias sociales. También es duro con la televisión, las propagandas, y con muchos periodistas deportivos: toma prestado de un colega el término “fierita” y así se refiere a los trabajadores de prensa que se hacen “amigos de su agenda de jugadores y directores técnicos” para hacer una nota. Habla de la literatura futbolera y rescata especialmente a Fontanarrosa, al punto de que asegura que el escritor Eduardo Sacheri le copia su genialidad.

También problematiza el concepto de identidad. Lo desnaturaliza y pone a Maradona, a Messi y a Tevez bajo la lupa: explica por qué sólo uno de los tres encarna la narrativa patriótica, de la que según dice, “nunca” las mujeres serán parte por más medallas que ganen.

La violencia futbolística es otra de sus preocupaciones: la analiza y plantea alternativas y al entrar en tema  habla de Ñuls y Central. Alabarces es lúcido, provocador, desafiante y riguroso en cada página y cuando dialoga. También es pesimista. Lo demuestra así: “Si tener aguante es ganar o morir por el fútbol estamos jodidos”.

—¿Qué es para usted “la cultura del aguante”?
—Es una dimensión moral de la acción que analizo desde el fútbol, desde el hincha, donde se da con más fuerza pero también se ve en el plano político o del rock. En cada caso los actores se jactan de tener aguante, defienden el territorio, los colores y usan la metáfora y retórica de la genitalidad: dicen que tienen huevos. Pelearse está bien y hasta es obligatorio, es de machos. Un ejemplo claro se dio en el clásico entre Ñuls y Central. Un equipo pierde, se siente humillado, que perdió el honor deportivo, entonces la única forma de recuperarlo es demostrando que se tiene aguante. A veces eso llega a casos extremos como los crímenes a dos hinchas de Central tras el clásico. Enseguida y sin pruebas suficientes los medios dicen que se trata de barras, pero la idea del aguante no se limita a ellos: es un fenómeno estructural de toda la cultura futbolística. La diferencia es que el barra vende aguante a cambio de algo, siempre dinero clandestino, y si se pregunta de dónde viene el dinero aparecen las redes de complicidades que involucra a dirigentes deportivos, políticos, empresarios, policías, jugadores y medios.

—En el libro es descarnado con quienes no son rigurosos, por sus flaquezas teóricas, falta de análisis, investigación, crítica o uso agresivo del lenguaje.
—Apelar a la rigurosidad es la idea, en todos los ámbitos. No se puede generalizar en balde, tengo que ser crítico porque me educaron y me pagan para eso, pero además hay que afirmarse en un lugar para lograrlo. Si digo que Sacheri es flojo es porque repite a Fontanarrosa sin su creatividad y su crítica. Entonces me quedo con Fontanarrosa. Pero además Sacheri abusa de masculinidad, de nostalgia y lugares comunes, al igual que (Juan José) Campanella. Y la nostalgia es empobrecedora al momento de analizar: no explica nada. También hay trabajos poco rigurosos desde los científico. Se suele repetir como un mantra que hay que hacer con los barras como los ingleses con los hooligans. Pero cuando uno estudia de cerca qué se hizo comprueba que se cometieron muchos errores. Que al igual que en Argentina las fuerzas policiales actúan por portación de cara. Y no hay acción sin causa ni sentido. Cuando el periodismo y los políticos creen que solucionan los temas de la violencia en el fútbol hablando de los intrínsecamente violentos —los inadaptados que hay que desterrar, expulsar o exterminar— se cometen equivocaciones aberrantes desde la psicología, la sociología y antropología, también. Además, hay estudios serios que demostraron que las dirigencias suelen ser más violentas que los hinchas.

—También tiene una mirada implacable con cierto periodismo deportivo.
—Sí, pero no es una crítica en bloque, digo con nombre y apellido quienes hacen denuncias sobre la violencia y actividades de las barras bravas en el periodismo, como Gustavo Grabia pero nunca, ni él ni el medio para el que trabaja, reconocen que también son cómplices con su lenguaje del aguante. El caso del locutor de Fútbol para Todos, la voz estatal, es igual. Si hablás en un partido de que “hay que ganar o morir” estamos jodidos porque se produce aquello que se condena.

—Usted marca ocho puntos en el cuadro de la violencia y aporta diez posibles soluciones entre ellas la intervención de AFA y de todos los clubes que se sepa que tienen complicidad con los barras.
—Ese fue un documento colectivo, para nada porteñocéntrico, elaborado en 2012 con colegas de distintas universidades. Desde Rosario participó Juan Manuel Sodo, pero también hubo investigadores de Córdoba y Jujuy. Un trabajo monumental al que nadie le dio pelota y que ahora se pone en escena cuando muchos dirigentes pelean en AFA la herencia del difunto. Ahora hay dos bandos: los supuestamente renovadores y los grondonistas ortodoxos. Si entre los renovadores está (Daniel) Angelici, el presidente de Boca, que se pasó tres años diciendo que en su club no había barras bravas, mal futuro tenemos. Planteamos medidas democráticas, fundamentadas, para obtener resultados a largo plazo e involucran a los hinchas. Pero no a los que por ganar a cualquier costo elijen a dirigentes o medidas corporativas, sexistas y sectarias, como pasó en Independiente y Hugo Moyano. Los mismos hinchas que denunciaron a los barras y a la corrupción de los dirigentes ahora, por amor a la camiseta y con tal de que a Racing le vaya mal o no irse más al descenso votan por el poder sindical. Pasó en Rosario: los hinchas recuperaron Ñuls después de años de despotismo de Eduardo López y ahora muchos de esos hinchas pueden llegar a matar tras el resultado de un partido. Si esto es así sólo queda refugiarnos en el pesimismo.

—¿Por qué las mujeres deportistas no encarnan la narrativa patriótica?
—La diferencia sólo la hace el género. Beatriz Sarlo me discutió esto. Dijo que no hay país en el mundo donde las mujeres ocupen ese lugar destacado. Las narrativas patrióticas siempre son masculinas. Y en Argentina esta muy claro con Las Leonas; no fueron parte de las metáforas patrióticas, sí en cambio Los Pumas, condenados a la “derrota digna” y protagonistas de propagandas de marcas deportivas y de cervezas patrocinantes.

—¿Por qué dice usted que Messi nunca será Maradona?
—Son incomparables y por suerte. Porque Maradona, más nacional y popular a la manera del peronismo, y plebeyo, tuvo que hacerse cargo de cientos de significados en determinados contextos. El pobre Messi puede llegar a hacerle dieciséis goles a Inglaterra en una final del próximo Mundial de Moscú, pero eso no sucederá cuatro años después de la Guerra de Malvinas. Por eso digo por suerte, porque son contextos irrepetibles. Tevez podría ser más maradoniano pero tampoco con él puede repetirse la historia.

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